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14/11/2010

Noticias en Familia- 14 de diciembre de 2010

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La palabra del Padre general

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Con San Miguel Garicoits ante el pesebre

En la contemplación del Misterio del Nacimiento, nuestro Padre San Miguel Garicoits fija su mirada en el Niño Jesús pequeño, pobre, frágil, débil. ¡Pobre niñito! ¡Tierno Jesusito, acabas de nacer por mí! (DS106-7) Lo contempla en los límites de su posición: el pesebre, envuelto en ásperos pañales (D.S. 251). Lo mira por dentro y por fuera.
Exteriormente es un Niño en movimiento: “Sale de su alcoba contento como un héroe a recorrer su camino”((Sal.18,6). Salta del seno del Padre, al de María, del cielo al pesebre, traza el camino, se lanza, corre, va siempre adelante, tiembla, llora, grita: Aquí estoy…
La mirada contemplativa de San Miguel penetra hasta el corazón del Niño-Dios para descubrir los sentimientos, las actitudes y los motivos por los que se encuentra en esa posición. Soporta el frío, la humillación, las molestias, las repugnancias (DS.108); se lo ve anonadado, entregado (DS,43),obediente y contento.
Su Aquí estoy expresa una radicalidad sin condiciones, dispuesto a hacer y sufrir todo, con una generosidad inmensa pero regulada: dedicada a cumplir con su deber en la posición del pesebre; inmensa porque puede desplegarse en otras partes como en el pesebre (DS. 42) .
Esa mirada profunda permite a San Miguel Garicoits comprender ese acontecimiento tan claro y tan decisivo del Verbo hecho carne para instruirnos y unirnos a su Padre (DS 110). Agradar al Padre, complacerlo a él es el motivo de todo lo que hace (DS 283-4). El otro motivo, soy yo, por amor por nosotros. Para llevar a los hombres al recuerdo y al amor de su Creador, Nuestro Señor Jesucristo les muestra la divinidad hecha visible y palpable en su humanidad. Está así en el pesebre y bajo las especies eucarísticas. (DS 109)
San Miguel Garicoits contempla también a María y a José. Exteriormente los ve pobres, sencillos, limpios y bien presentados. Interiormente responden al amor de Dios con modestia, humildad y agradecimiento (DS.107). San Miguel descubre la comunión que existe entre el Ecce venio de Jesús y el Ecce Andilla de María, su Madre. Es la misma humildad, la misma caridad, la misma obediencia sin límites. Es el mismo sentimiento, la misma felicidad generada por la misma entrega, la misma vocación para la misma comunidad” (DS. 42)
El demonio se escandaliza ante el Niño Jesús anonadado y obediente del pesebre. “!Yo, un ángel tan poderoso, etc., obedecer al hijo de un carpintero, adorarlo en un pesebre! ¡No quiero servir! (Jer. 2,20). Escucho la orden:!Que lo adoren todos sus ángeles! (Hb., 1,6, Sal.98,5) ¡Adorar esa humanidad, reconocer a ese superior! ¡No quiero servir, no pienso obedecer! (DS.212)
Los pastores no se escandalizan al ver a un niñito en la última miseria…¡Cómo sorprenderse o escandalizarse ante las humillaciones y sufrimientos de su Maestro! Al contrario, corren para adorarlo porque se sienten estimulados por la lección del Verbo hecho carne, porque nuestro Señor bajó del cielo para enseñarnos a agradar a Dios, a cumplir su voluntad, a estimar las humillaciones y los sufrimientos como el mundo quiere los honores, a buscar la cruz con más interés que los hombres del mundo la gloria de aquí abajo (DS.109-110). Y esto es posible porque como María y José, los pastores reciben en su corazón a Jesucristo, y su vida divina, porque en su corazón, meditan, examinan, rumian y saborean la Palabra Santa (DS. 111).
Nadie habla, todos se admiran, contemplan, quedan fascinados y adoran el misterio del Amor de Dios hecho hombre. Hay una sola Palabra, la del Padre que es su Hijo amado, ese Niñito vulnerable, en quien nos ha dicho todo, como dice S. Juan de la Cruz. ¡Este es mi Hijo muy querido, que me llena de satisfacciones!!Escúchenlo!(Mc. 8,7) Esta Palabra se escucha en silencio. Este silencio del pesebre lo rompe el ángel misionero para anunciar a los pastores la buena noticia, la alegría para todo el pueblo: acaba de nacer un niño, que está envuelto en pañales y acostado en un pesebre que es el Salvador, el Mesías, el Señor (Lc. 2, 10-12). Este y los otros ángeles transforman la adoración silenciosa en medio de la noche, en canto de alabanza: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc. 2, 14). El silencio contemplativo lo rompe también la algarabía de los pastores al llegar al pesebre. Llegan “ contando lo que han oído decir sobre este niño (Lc. 2, 17)). Se escucha también un murmullo que se va alejando. Son los pastores que vuelven muy contentos alabando y glorificando a Dios y narrando todo lo que han visto, oído, gustado, tocado y olido (Lc.2, 20).
San Miguel Garicoits ve llegar también a los Magos al pesebre como buscadores a tientas del rostro de Dios. “Hemos visto la estrella…” No saben nada, pero van. No hay que abandonar esas indicaciones vagas de la Providencia. Hay que seguirlas con pasión y perseverancia, seguirlas hasta que la estrella se detenga: “Hemos encontrado a Jesucristo” (Jn.1,41); y él es la roca: quien permanece en él, se mantiene en pie (DS.184)
Con nuestro Padre San Miguel Garicoits, llegados al final de la contemplación, reflexionamos y
sacamos provecho para nuestras vidas y la vida de la Congregación a cinco meses del Capítulo general
en Belén:
1. ¡Qué escuela! ¡Qué Maestro! ¡Qué fortaleza y qué mansedumbre en las enseñanzas del pesebre…! ¡Qué atractivos infinitos para ganar a los mayores pecadores! (DS.109).
2. ¿Hay algo más adecuado para inflamarnos en amor por él y para hacernos generosos? “Todo lo puedo en aquél que me conforta” (Fil.4,13) (DS.108)
3. Estemos orgullosos de ser los discípulos de este Niño, amemos de verdad, creamos, saboreemos las cosas de Dios, corramos, volemos siguiendo los pasos de Nuestro Señor Jesucristo (DS. 111)
4. La Providencia no procede con grandiosos progresos y soberbias proclamaciones; no es charlatana. Comienza con una pequeña cuna y un niño pequeño. Un pequeño camino estrecho y hasta sin salida, pequeñas nadas que parecen no llevar a nada. Después todo camina y sigue caminando lenta, silenciosamente, durante treinta años en Nazaret. Y Luego, el grano de mostaza se hace un gran árbol que extiende sus ramas por toda la tierra (DS.183-184)
Y se termina con un coloquio, pensando lo que debo hablar a las tres Personas divinas, o al Verbo eterno
 encarnado, o a la Madre y Señora nuestra (o a San José, o a un pastor, o a un mago), pidiendo según que en sí sintiere, para más seguir e imitar al Señor nuestro, así nuevamente encarnado, diciendo un Pater noster [Ejercicios Espirituales 109].

Gaspar Fernandez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe...
en su Cuaderno íntimo, Navidad de 1852

Desprendámonos de las cosas de la tierra, para no caer en la falta cometida por los habitantes de Belén. ¡Ah! Si José y la santísima Virgen hubiesen tenido una aspecto mejor, si se hubiera podido esperar de ellos oro, no le habrían negado tan duramente, hospitalidad. Pero el amor de las cosas de la tierra, cierra los corazones (…). No había lugar para ellos (Lc 2,7)…
Fue así que Jesús nació en un pobre establo (…) teniendo por compañía sólo pobres pastores. Desde el nacimiento, el divino Niño es: 1º nuestro Salvador. Derrama lágrimas, tiembla y cada una de esas lágrimas, cada uno de sus pequeños suspiros eran más que suficientes para rescatar mil mundos. 2º Pero sobre todo nuestro Maestro. Ahí está, hecho desde el primer instante de su vida, nuestro gran modelo (…). Desde el comienzo, ese maestro adorable practica las virtudes que resumen toda perfección. La humildad, la pobreza y la mortificación resultado unas de las otras.
Jesús, nuestra vida, mi todo, despréndeme de las cosas de esta tierra. Tu pesebre, tu anonadamiento, tu pobreza, eso es lo que yo admiro en ti, lo que quisiera amar de todo corazón. Que me prostre, entonces, a tus pies para adorarte. Voy a empequeñecerme para unir mis miembros a los tuyos, oh divino niño, para que me santifiques y me transformes en ti.


Testimonio

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Gracias por este año. Gracias por los hermanos.

Vivir es buscarte, Señor,
Ir haciendo la experiencia de que estás,
Ir conformando nuestra vida según tu Palabra.

Vivir es luchar,
Merecer y gozar de ser tus hijos en el Hijo,
Y cantar las maravillas que vas realizando.

Dejar que tu Espíritu Santo
Cante y baile,
Y trace en nosotros tu camino,
Para que la plenitud que nos das
Sea fuente de felicidad también para nuestros hermanos.

Al volver la vista atrás
Para hablarte, Señor, de este año que pasó,
Te miro desde el corazón de mi comunidad
Haciéndome eco de su sentir.

Te reconocieron al partir el Pan (Lc.24,31).
Día tras día hemos compartido unidos
El Pan de tu Palabra
Y el Pan de la Eucaristía.
Tú has venido a nosotros
Acompañándonos,
Animándonos,
Queriéndonos.
Tu mesa nos reunió,
Y abundante fue el Pan de cada día,
Salud para el cuerpo,
Paz y alegría para el alma.
El encuentro en la oración contigo, Señor,
Se ha vuelto en el primer lugar de encuentro con los hermanos.

Ámense los unos a los otros (Jn.13,34)
La comunidad ha sido nuestro segundo gran regalo.
Nos llamaste a Barracas.
Allí nos esperabas, desde siempre.
Allí nos invitaste a dar todo de nosotros,
Y, en comunión contigo,
Aceptar el desafío de ir construyendo,
Anticipadamente y en sombra, Tu Reino.

En Como buen viñador,
Podaste sentimientos y deseos,
Y fortaleciste tu llamado a la común unión.
Nos hiciste tu Iglesia,
Tu morada cotidiana.

Vayan, instruyen, bauticen, enseñen… (Mt.28,19).
Nos mandaste a proclamar tu Reino.
Anduvimos,
Con toda la entrega que esto significó:
Como comunidad,
Para las tareas asignadas,
Superando dificultades y cansancios,
Desánimos y alegrías.

Así, como la primera comunidad cristiana,
Después de tu Ascensión,
Empezó a caminar solita,
Nosotros aprendimos a realizar
Eso nuevo que nos pediste:
Misión, formación, educación.
En esto nos iluminó tu Espíritu,
Nos condujo,
Y nos dejamos conducir.

En nuestra comunidad educativa
Aprendimos palabras grandes:
Grilla,
Presencia,
Laicos y su autonomía,
servicio
Respeto…
Palabras que nos dieron nueva vida
Nuevos impulsos,
Que nos permitieron transparentarte a Ti.

Gracias, Señor,
Por este año que me regalaste.
Gracias,
Porque me invitaste a caminar a tu lado.
Y, porque me sentí amado,
Me tuviste en tu Corazón Sagrado.

Giancarlo Monzani,SCJ
comunidad educativa, Barracas


Diario de viaje

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Amanecer de salvación

Hacía una semana que recorría con Juan, un sacerdote amigo originario del lugar, ese país magnífico y cautivador. Nos habíamos levantado de madrugada para celebrar la misa en el convento vecino. 4 hs y 25: unas pocas lámparas iluminan la entrada de la capilla. Al abrir la puerta, un chorro de luz inunda al visitante. No menos de 250 velos aleteando en el silencio y la oración, 250 religiosas Amantes de la Cruz. En punta de pie llegamos a la sacristía. Algunos minutos más tarde, cuando nos ubicamos en el altar, la música se eleva, límpida y envolvente; el día no amaneció, todavía pero el sol se estremece en los corazones; no hay duda, el Bien-Amado se despierta.
Después del desayuno recorrimos la casa: Juniorado (70 chicas en formación), cocinas, laboratorios de herboristería, dispensario… en todas partes la misma animación en el trabajo, en todas partes la misma dignidad en la sonrisa. La enseñanza católica no tiene derecho de ciudadanía, pero los que no están en edad escolar no interesan al gobierno. La Hermanas abrieron, entonces, un jardín de infantes. A la vuelta de una clase, la Madre general le hace una sonrisa a una chiquilla de piel rosada. Se llama Teresa, me confía. Fue abandonada y la dejaron en la puerta de nuestra casa: nuestro primer bebé encontrado. Desde entonces, la pequeña Teresa tiene 250 hermanas como madre…
La ruta nos va sacudiendo y el paisaje es cada vez más fascinante; después de la ciudad y su agitación, arrozales a pérdida de vista, montañas como terrones de azúcar salidos de alguna antigua estampa, ciclistas con sombrero en punta que paran al costado, riendo al aproximarse de la 4x4. Nuestro viaje acaba en el patio de una iglesia. Los sacerdotes de los alrededores nos esperan. Media de edad: 35 años. Al micrófono, una docena de invitados cantan en benedícite. Cada uno picotea en su plato, Mis palitos se traban. Es entonces que el que tengo enfrente me presenta a José Thouan.
No lo había notado, hasta entonces, aunque se levantara a cada rato para el servicio. Juan me había dicho, es verdad, algo de un joven de 22 años atraído por la vida consagrada, pero me parecía irreal; después de 2 años en parroquia para poner a prueba el llamado del Señor, no haberse unido a los numerosos candidatos al Seminario, sentirse animado por un ideal sin haberse nunca aproximado de una comunidad, y pedir a su párroco que lo orientara hacia la vida religiosa… Muy enojado, éste se dirigió a Juan, de vacaciones en la región, que le anunció mi venida. Y ahora estábamos reunidos, a la hora del Angelus.
De tarde, José, Juan y yo nos tomamos un momento juntos. El primero reitera su deseo y su disponibilidad con una firmeza serena. A la pregunta que me quema los labios: ¿Por qué buscar una pequeña congregación, desconocida, que no existe aquí?, responde: Mi única razón objetiva es que usted está aquí… Juan traduce, y para. Como no hay, de hecho, nada que agregar, le dejo a Joseph todo lo que tengo en cuanto a “documentación betharramita”: dos estampas sacadas de mi breviario, una de San Miguel con la oración del “Aquí estoy”, y la otra de Nuestra Señora de Betharram, protectora de la juventud. Prometo que voy a transmitir al Superior general su pedido escrito de comenzar con nosotros el proceso vocacional.
Retomo el camino, preocupado y feliz por ese encuentro inesperado. Qué linda lección de fe, imagen de los cristianos de ese país: libres a pesar de los obstáculos externos, libres y atrevidos porque humildes y confiados, no en sí mismos sino en Dios sólo. Vi un testimonio viviente de eso, un poco más tarde, en la parroquia del Perpetuo Socorro. Fuimos a saludar al párroco que es también vicario general y fuimos recibidos por un hombre deteriorado por las prisiones comunistas, pero de un impresionante vigor intelectual y moral. Después de conversar sobre pastoral, sobre la gente del barrio, etc., el P. Pedro se permitió la única alusión personal: “Cuando me liberaron, salí de una pequeña prisión para otra prisión todavía más grande”. Esa prisión es su país bajo el dominio del Partido. Es la “sociedad de la mentira”, como la define, que pasó, en algunos años, desde el materialismo ideológico al materialismo económico, del totalitarismo marxista a la dictadura del mercado. Y la Iglesia resiste, todavía y siempre, en nombre de los derechos de Dios y de los derechos del hombre, inseparables. Pequeña pausa, antes de partir, frente a las estatuas de la Santísima Virgen y del Sagrado Corazón: rápidamente, para confiarles esta Iglesia y este pueblo. Sufrieron tanto. Tienen tanto que enseñarnos…
Llegada la noche, estamos en Eoson, pueblo natal de Juan. Reencuentro con emoción a sus padres y conozco al resto de la familia. ¿Cómo no sentirse honrado por entrar en su intimidad?... De la casa a la iglesia, no es lejos. El día acabará como comenzó: con la Eucaristía. En un abrir y cerrar de ojos, un párroco juvenil pasa de una remera colorida a una sotana de circunstancia. Los monaguillos tienen la concentración y la felicidad de servir que se reconoce en todas partes. La iglesia se llena, aún entre semana, aún en un pueblito donde los cristianos son minoría. Se celebra la misa para el abuelo de Juan, agricultor y catequista, muerto deportado, en los años 80. Ala salida, todos se reúnen delante de la gruta de Lourdes: acción de gracias bajo las estrellas…
Siento en mi bolsillo una hoja de papel doblada en cuatro dirigida al P. Gaspar: la carta de José Thouan. No, no fue un sueño. Todos esos encuentros fueron vividos en la misma jornada, una jornada densa y linda como un nacimiento. Era noche, pero festejamos el amanecer de la salvación. Era el 8 de setiembre, aniversario de la Virgen. Esto fue en Vietnam: la tierre - Viet – del sur – Nam (en relación a la China), una tierra con una pequeñísima y nuevísima semilla para Betharram… si Dios quiere.

Jean-Luc Morin,SCJ

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POST SCRIPTUM
1. En el Vietnam hay 26 diócesis, 3000 sacerdotes, 12.000 religiosas y 6,5 millones de católicos sobre 83 millones de habitantes.
2. El apellido Thuan quiere decir “Voluntad de Dios”.
3. El 2 de octubre de 2010, el Consejo general admitió a José Vu van Thouan a continuar su discernimiento en vista de la vida religiosa betharramita. El 12 de noviembre, Mons. José Nguyen chi Linh, obispo de Thanh Hoa, se alegró de este paso y formuló el deseo de que nuestro carisma atraiga a otros jóvenes del Vietnam.


5 minutos con... Brede & Bruce Vaughan

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Cada año, de setiembre a noviembre, una pareja de Birmingham dedica una parte de su jubilación a nuestra comunidad de Tailandia. No sólo enseñan gratuitamente inglés a los postulantes, sino que comparten tres meses de su vida en Chiang Maï, donde se tiene la sesión, y en otras partes. Encuentro con laicos, colaboradores de la formación betharramita: Brede y Bruce Vaughan.

Nef: ¿Pueden decirnos quiénes son ustedes y qué es lo que los lleva a ir a Ban Betharram, ChiangMai?
- Los dos somos antiguos docentes y animadores de movimientos de jóvenes, en Birmingham, en Inglaterra, con tres hijos grandes y un nieto. En 2006, un Padre betharramita, el P. DominicInnamorati, buscaba profesores voluntarios de inglés para los estudiantes tailandeses de la Congregación y respondimos presente; era un desafío personal, un cambio de vida. Hoy, después de cinco años, nos sentimos como en casa. En mi vida profesional, enseñé literatura inglesa, pero tuve una formación especial de inglés para extranjeros, lo que me sirvió mucho.

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Concretamente, ¿cómo se pasa?
- Cada año, damos un curso a un grupo de 10 postulantes, jóvenes de 18 a 23 años que acaban de terminar el secundario y que hacen una experiencia pastoral antes de decidir si van a continuar o no en el seminario mayor. Enseñamos de mañana y de tarde, durante la semana, privilegiando la expresión oral. Nuestros alumnos ya estudiaron inglés en el colegio, tienen un pequeño bagaje de vocabulario y de gramática, pero no tienen oportunidad de practicarlo. Desde los primeros momentos del primer curso, se les pide que se levanten de sus asientos y que hablen unos con otros: un verdadero choque, después de un aprendizaje más bien teórico. Al comienzo son tímidos y dudosos, pero rápidamente toman confianza, se divierten y se ríen de sus propios errores, que se corrigen mutuamente.

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Cada clase comienza con una oración o un canto en inglés. Nosotros vivimos arriba de la sala de clase y los jóvenes en el piso superior, de manera que tenemos todo el tiempo ocasión de cruzarnos, de hablar, fuera de los horarios de los cursos. Todos los viernes, de tarde, los dedicamos a visitar algún punto de interés turístico de Chiang Mai y de los alrededores: elefantes, fábricas de paraguas, palacios en la montaña, etc. Estas salidas son ocasiones para hablar en inglés. A veces, con los jóvenes, vamos para un fin de semana a algunos de los pueblos karianos de los cuales son originarios; siempre somos bien recibidos. Esta proximidad, vivida a través de los estudios, la vida cuotidiana, la Misa, la oración y la recreación común, crea entre nosotros una verdadera amistad. El entusiasmo, la sonrisa permanente y la humildad que caracteriza a estos jóvenes son admirables… y no tan frecuentes entre nosotros, en Inglaterra.

En sentido más amplio, ¿cómo ven a la Iglesia y a Betharram en Tailandia?
- En la diócesis de Chiang Mai, la mayor parte de los sacerdotes tienen que atender muchos pueblos, hasta 70 por parroquia; por eso tienen que viajar mucho para rezar las misas en los pueblos, aun contando con los catequistas locales para garantizar una presencia de Iglesia en el resto del mes. Hay que ver la devoción de los karianos: es magnífica y conmovedora su sencillez, para occidentales “sofisticados” como nosotros. Como la casi totalidad de los poblados no tiene recursos suficientes para hacer frente a las necesidades, reciben ayudas de los católicos más acomodados, de Bangkok o del extranjero. Por lo que se refiere a Betharram, cuando llegamos en Tailandia, en 2006, había nueve sacerdotes europeos, todos cerca de la jubilación. Actualmente son sólo cinco. El trabajo pastoral, por lo tanto, recae sobre los más jóvenes religiosos, o sea 15 sacerdotes, en su mayoría karianos (como los postulantes) que actúan principalmente entre los karianos y los akha.

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Cuando vuelven a Inglaterra, ¿qué se llevan de esta experiencia?
- En primer lugar esperamos siempre que nuestros alumnos hayan apreciado los cursos y hagan progresos en el inglés. Volvemos marcados por su generosidad y buen humor; tienen pocas cosas y prácticamente no tienen dinero, mientras que nosotros, comparativamente, somos muy ricos; sin embargo, son felices, más que nosotros mismos. Al desembarcar en Inglaterra, el frío del invierno y los excesos comerciales de Navidad están a mil leguas de esos tres meses de calor y de sencillez tailandesa. Quisiéramos traerla en abundancia a nuestra casa y difundirla a nuestro alrededor.

¿Conservan lazos con sus antiguos alumnos?
- Algunos los volvemos a ver en la casa de formación, en Sampran; los que dejaron la Congregación, los volvemos a ver en Chiang Mai, cuando vienen a Misa o pasan a saludarnos. Qué alegría reencontrarlos, constatar que conservaron un buen nivel de inglés y que hicieron su camino (en el seminario o en la facultad, como catequistas, agricultores o guías turísticos). 

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Para terminar ¿qué es lo que sienten y que quisieran manifestar a sus alumnos y a los demás?
- La fe y la familia son las dos cosas que más cuentan en nuestras vidas. Esperamos haber compartido un poco de esos tesoros con nuestros estudiantes, y ellos con nosotros, durante nuestras estadías en Tailandia. Y siempre, siempre tenemos la sensación de haber recibido de ellos más de lo que hemos dado… Lamentablemente tenemos que concluir aquí: un antiguo alumno acaba de llegar con dos nueces de coco frescas para saborear.


In memoriam | Inglaterra: P. COLIN FORTUNE,SCJ

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Solihull, 3 de noviembre de 1949 | Birmingham, 1° de diciembre de 2010

El primer día de este mes, el P. Colin Fortune, SCJ volvió a la Casa del Padre, mientras asistía a un concierto público. Sus obsequias serán celebradas mañana, 15 de diciembre en la parroquia de Birmingham, de la que era párroco, en la iglesia del Santo Nombre de Jesús. Después, su cuerpo descansará en el cementerio de Droitwich, en el nicho betharramita.

Después de diez años de decadencia, a fines de los años 70, en Inglaterra hubo un repunte inesperado de vocaciones religiosas. Inspirados por el Card. Hume y estimulados por la elección de Juan Pablo II, numerosos jóvenes respondieron al llamado al sacerdocio y a la vida consagrada. Fue así que, en 1979, dos docentes entraron al noviciado betharramita: colinFortune y Terry Langman. Su Maestro de Novicios, el P. Frank Dutton, los acompañó en la calle Hill, nº 38, en Worcester, un anexo a la Casa Garicoits en ese entonces, demasiado pequeña para recibir el número creciente de estudiantes.
Al cabo de un año, toda la comunidad se mudó al priorado de Olton, parroquia de origen de Colin. Era allí que había nacido el 3 de noviembre de 1949, en el hogar de Olive y Cecil Fortune, humildes comerciantes panaderos. Como los dos mayores, Alan y Ron, Colin era dotado de una buena inteligencia; después de los estudios secundarios en Solihull, obtuvo una licencia en inglés en Lampeter, modesta facultad de la Universidad del País de Galles, una elección inesperada para alguien que tenía tantos conocimientos de literatura, arte y música. Pero Colin nunca olvidó su período galés, del cual conservaba muchos amigos.
Sus amistades de juventud eran parte integrantes de su vida, sea de cuando era profesor en los establecimientos católicos de Birmingham como de cuando enseñaba, como sacerdote, en el colegio de Droitwich. Hasta estos últimos tiempos, se encontraba con ellos regularmente para compartir su pasión común: la música, el arte, incluyendo la de la conversación, la buena carne y los vinos finos.
Colin era una mezcla de antiguo y de moderno: sus gustos culinarios y de vestidos lo hacían parecer un “gentleman” de la época victoriana; al mismo tiempo, estaba siempre al tanto de los últimos acontecimientos en materia política, económica, pedagógica y espiritual. En los años 70, la renovación carismática ejerció en él una grande influencia; más tarde, cuando ya había dejado toda participación activa a los grupos de oración, siempre se mostró agradecido por lo que había recibido: el sentimiento profundo de ser tocado por Dios a través del amor de Jesús. Fue esa experiencia que lo orientó a la Congregación de Betharram. Su hermano Alan había sido misionero jesuita en Guyana durante 10 años, pero Colin prefirió a las duras exigencias de San Ignacio, la dulce espiritualidad de San Miguel.
En el seminario de Birmingham (Oscott College), después de los primeros pasos, Colin, consciente de ser más viejo que sus compañeros y preocupado al ver el tiempo que se le escurría entre los dedos, fue colocado en una senda preferencial y fue ordenado en Olton a fines de junio de 1986. Pasó los siguientes cinco años en el Colegio del Sagrado Corazón, como profesor de inglés y de religión y participó del lanzamiento de la nueva fórmula del GSCE (bachillerato). Además de trabajar en la parroquia, era capellán de los internos.
Dejó Droitwich en 1991 para ir a la parroquia de San José de Leigh; durante cuatro años aseguró paralelamente, el cuidado pastoral de St. Mary’sAstley, el primer conjunto escolástico de la diócesis de Liverpool. Fue allí que desenvolvió un ministerio particular con las personas en dificultad. Gente de todas las edades, perturbadas por malos espíritus, heridas en sus relaciones o en su orientación personal, venían golpear a su puerta. Para muchos que se sentían marginados por la Iglesia o abandonados por Dios. Fue el testigo del amor incondicional del Corazón de Jesús para con cada uno; un ministerio absolutamente betharramita.
Estos últimos quince años, Colin fue párroco del Santo Nombre de Jesús, una grande parroquia de los barrios norteños de Birmingham. Pero la mayor parte de sus energías eran dedicadas al Consejo de administración del Colegio Stuart Bathurst, del cual era presidente y donde era muy apreciado, tanto por el personal como por los alumnos. En ese lugar difícil, su experiencia docente le fue de gran ayuda.
Durante todos estos años, Colin tenía una presencia fuera de la norma, sea a causa de su inmensa convivialidad, de su erudición y de su voz de trueno, como por sus medidas. Ya a los veinte años, su obesidad inquietaba a sus amigos y, a lo largo de los años, fueron numerosos los que trataron de convencerlo o que lo animaron a perder peso. Cada una de las comunidades por las que pasó hizo intentos en ese sentido, pero inútilmente. En relación a su sobrepeso, Colin se hacía a menudo el agotado, pero sus cofrades sabían que era por bravuconería y que los riesgos que corría lo preocupaban.Cuando el ataque cardíaco le fue fatal, el 1º de diciembre, en Birmingham Symphony Hall, había alcanzado los 191 kilos. Eccesacerdosmagnus.
Sin ilusiones sobre el multiplicarse de los problemas de salud, y sobre el hecho de que su padre y sus hermanos todos fallecieron a los 62 años, Colin aceptó la carga de Superior del Vicariato a los 59 años. En dos años exactos, se abrió a la dimensión internacional de la Congregación, guió el frágil Vicariato de Inglaterra y dio, en sus nuevas funciones, lo mejor de sí mismo. Su muerte brutal, mientras la orquesta de cámara de Birmingham tocaba en concierto por violoncello de Elgar, chocó terriblemente su entorno y sus amigos de la familia de Betharram; pero era así que hubiera querido morir.
Ahora está cerca del Señor, en un lugar de felicidad donde no hay máspreocupaciones ni enfermedades. ¡Cómo debe disfrutar del banquete mesiánico, de la compañía de los santos y de la música de las esferas celestiales! Su deceso deja un gran vacío en la tierra, y le faltará no sólo a sus hermanos y a su abuela Esther, sino a todos aquellos para los que fue testigo del amor del Corazón de Jesús.

Austin Hughes

En ocasión de la sesión de los Consejos Regionales, el P. Colin ofreció a “Noticias en familia” su reflexión sobre la compasión y el Sagrado Corazón. En víspera de Navidad de 2010, sus consideraciones toman una importancia particular: A propósito de compasión y de Sagrado Corazón


In memoriam | Francia: P. PAUL FOURCADE,SCJ

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Lons, 14 de diciembre de 1923 | Betharram, 3 de diciembre de 2010

El P. Paul Fourcade nació el 124 de diciembre de 1923 en Lons. Es de una familia de cinco hijos. Tenía sólo doce años cuando su padre murió el 7 de julio de 1935. La familia lamenta la muerte de un padre muy querido. Vestida de negro, la madre admirable, continuará a criar a los hijos (cuatro varones y una mujer, Yvonne).
Paul se orienta muy joven hacia la vida religiosa. Después del apostolicado en Betharram, no tenía aun 17 años cuando comenzó el noviciado en Balarin, en el Gers; allí pronunció sus primeros votos el 15 de agosto de 1941. Después vinieron los estudios eclesiásticos en Nazaret y en Belén y, finalmente, el sacerdocio que recibió en Bordeaux el 29 de junio de 1949.
No le faltan elogios merecidos al P. Fourcade, pero quisiera, de mi parte, insistir sobre su rol de profesor y de educador. Destinado al Colegio de Betharram desde 1953, sea como profesor de francés y de latín, sea como vigilante de dormitorio (porque, en esa época, los Padres, muy numerosos, hacían todo), sea como educador en los modelos a escala de aviones y de barcos. Méritos, respeto, influencia de su acción y su obra en sus diversas funciones, los testimonios de los que fueron beneficiados o que pudieron apreciarlo directamente concuerdan con gratitud unánime.
Así el P. Fourcade se entregó, sin querer (él tan púdico) con lo mejor de sí mismo en su misión de profesor y de educador. Esta estaba fundada en el amor y, como consecuencia, en la caridad, una caridad acompañada de esa firmeza, de esa energía particularmente indispensable para guiar alumnos de 4º y de 3º. Para muchos, ese religioso de Betharram habrá sabido ser realmente esa roca sólida, ese padre fuerte que, tal vez, para los menos afortunados entre ellos, la naturaleza les había negado.
Ese sacerdote, ese religioso cautivaba; mejor dicho, esa fascinante para muchos. Cuántos péndulos arreglados sus manos hábiles, cuantos muebles restaurados en su aspecto original. No se llevaba bien con enemigos y con la mala fe, pero, en revancha, tenía el don de una sinceridad a veces brutal. Tenía también, y al mismo tiempo, la generosidad del corazón y el don del espíritu. Sus emociones las disfrazaba, a veces, detrás de una máscara de medallón romano. Hombre del deber, hombre de oración, no concebía que su servicio pudiera ser medido, que sus visitas de controlador de las aguas del colegio y del liceo de Betharram pudieran ser contadas. Radical en sus trabajos, lo era también en la simpatía porque necesitaba de advertencias francas para mostrar hasta qué punto llegaba su amistad y su fraternidad. Gracias, P. Fourcade.

Henri Marsaa-Poey,SCJ

Homilia de la Misa del funeral

HOMENAJE AL PADRE PAUL FOURCADE | BETHARRAM, 06/12/2010

El P. Fourcade consagró toda su vida a Jesús a través de la misión de sacerdote docente que ejerció a lo largo de su vida, en el colegio y liceo Nuestra Señora de Betharram. Habitaba allí, y allí estaba “en su casa”.
Memoria de la escuela, a los 86 años estaba siempre al servicio del establecimiento. Hasta la semana pasada, como todos los días, nos traía el correo que iba previamente recuperar en el oficio postal. Discretamente, pero siempre con orgullo y eficacia, era suficiente llamarlo para un servicio y estaba dispuesto.
El P. fourcade era “la vida”: vida a través del agua, a través de las fuentes que conocía como la palma de su mano. Se ocupaba y se sentía responsable de eso. Era también las ganas de transmitir. ¿Había que ayudar a un alumno en francés o en latín? Estaba siempre dispuesto.
De la misma manera, sabía todo de Betharram, de su Historia. Archivaba todos los documentos desde hacía años. Era suficiente preguntarle una información cualquiera sobre un antiguo alumno y encontraba todo. Siempre atento, era con mucha humildad que se aseguraba que todo marchara bien durante los fines de semana o durante las vacaciones.
P. Fourcade, en nombre del conjunto de la comunidad educativa del colegio y del liceo Nuestra Señora de Betharram, le rendimos homenaje. Estamos tristes de ver su partida, pero también sabemos que, desde la otra margen, hay gente que lo espera y que lo necesitan.

Éric Didio
director del colegio-liceo Nuestra Señora de Betharram


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11. EL COMUNISMO Y LA MISIÓN DE TALI (diciembre de 1950-diciembre de 1951)

por
Arnaud Pucheu,SCJ

L’Écho de Bétharram
marzo de 1952

A pesar de la presión descarada de la policía, parece que el movimiento progresista todavía no ha llegado a Tali. Después de la constitución del comité reformista, Monseñor continúa pidiendo, por formalidad, los permisos a la policía, el Padre Párroco sometiendo el borrador de los sermones a la Censura gubernamental: “El poder espiritual, no nos atañe”, le respondieron a Monseñor los jefes del comité reformista. Pero, en los primeros días de enero, uno de los jefes reformistas se instaló con su familia en el convento de las Hermanas, por orden de la policía; es el superintendente de la misión. Monseñor, como los otros Padres y como los otros cristianos, tiene que pasar por él, así como toda la correspondencia.

Situación actual de la Misión
En la diócesis de Tali, sólo quedan Mons. Lacoste, los PP. Toucoulet y Spini, en Tali, continuando, cueste lo que cueste, a ejercer lo esencial del ministerio; El P. Barcelonne en Tchou Khouala y el P. Londaitzbéhère en Hia Khouan; se les prohíbe todo ministerio para con los cristianos; dos Padres chinos, los PP. Liou y Fou, refugiados en su distrito de Kouti y de Pe pei lou, dispuestos a morir antes que ceder el paso a los reformistas; La hna. Albina San Miguel, la única de once Hijas de la Cruz que quedaba todavía en China, retenida en Hian Kouan por la policía, sin duda por haber hecho demasiado bien.
Partieron los Padres de frontera birmana, así como los cuatro Padres de Yunnan del Sur, que nos alcanzaron en Kunming el 8 de enero en excelentes condiciones de salud y vestidos de campesinos. Nos siguieron con destino a Francia con dos semanas de intervalo.
Es así como esta misión de unos doce mil cristianos, de los cuales las tres cuartas parte son neófitos distribuidos en un territorio grande como la mitad de la Francia y que hablan cuatro o cinco lenguas, quedó después de la partida definitiva de los betharramitas, en manos de dos Padres Chinos con la ayuda de siete u ocho religiosas indígenas. Desde el punto de vista humano, es en nuestra misión como en toda China, una catástrofe. ¿Aguantarán los cristianos?
Queridos cofrades y amigos, les transmito el pedido que me hizo ese joven cristiano de Tali, al abrazarme cuando iba a tomar el avión: “Padre, Padre, rece por nosotros, porque la lucha es terrible y no sabemos si seremos lo suficientemente fuertes para resistir la tormenta”.

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