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24/11/2009

Noticias en Familia - 14 de enero de 2010

Sumario

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La palabra del Padre General

oeuvre du P. Francesco Radaelli

El Maná escondido

El maná es el pan milagroso del cielo que el Señor da cada mañana a su Pueblo en el desierto (Ex. 16, 1-19).  Jesús dice que él es el verdadero pan del cielo (Jn.6, 51). San Juan en el Apocalipsis, en el mensaje del Espíritu a la Iglesia de Pérgamo dice: al vencedor, le daré de comer el maná escondido. (Ap. 2,17) Bossuet en las Elevaciones sobre los misterios habla del maná escondido cuando explica la gracia especial concedida por Dios al anciano Simeón para esperar y poder encontrarse con el Salvador.
 En sus cartas de dirección espiritual, sobre todo a las Hijas de la Cruz (T.I, c. 56, pag. 162), describe San Miguel la experiencia espiritual con la misma terminología del Nuevo Testamento: alimento de leche y alimento sólido (Hb.5, 12-14) (1Cor. 3, 1.3). El alimento de la  piedad de leche del Tabor es la espiritualidad propia de los principiantes que se sustenta en las experiencias de consolación. Después habla del alimento sólido que es el espíritu de caridad de nuestro Señor Jesucristo. Alimento que nuestro Señor ha apreciado tanto y ha amado tanto y del que se ha servido constantemente en toda su vida mortal. Y que consiste en no hacer la voluntad propia nunca y en hacer siempre lo que le gusta a Dios, sea lo que sea, en las cosas y con las personas más desagradables, sabiendo estimarlas y quererlas, hasta el punto de sacrificarse por ellas, sólo por el hecho de que son providenciales. (C.T.I, c.77, pag.193). El maná escondido para San Miguel es más que hacer en todo la voluntad de Dios: se trata de la caridad perfecta: de ser fiel a Dios y a su voluntad en la situación difícil, cuando es todo adverso para el creyente.
El maná escondido expresa para S. Miguel Garicoits la quintaesencia del Evangelio, lo más original de esa propuesta de vida. Es la gracia que consiste en identificarse con Jesús despreciado y humillado: Por imitar y parecer más a Cristo Nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno de ellos que honores y desear de ser estimado por vano y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo. [EE.167]. Es lo que S. Ignacio llama el tercer grado de humildad y es donde va a beber San Miguel según D.S. 258.
San Miguel Garicoits en una carta escrita al P. Diego Barbé, se expresa así: … Es verdaderamente incalificable; pero, ¿qué le vas a hacer? ¡Cuando uno tiene ideas fijas, es tan difícil deshacerse de ellas!. Y luego, uno cree que está perdiendo el tiempo cuando las cosas no salen según las invenciones de la imaginación. Sobre todo, no sabemos comprender, apreciar y abrazar con un corazón generoso y un espíritu valiente y constante, una oscuridad, una esterilidad, incluso los fracasos en los que nos vemos envueltos por obediencia. Es el maná desgraciadamente escondido aún para algunos. (C.T.I, c.163,pag.298)
Estas palabras de San Miguel al P. Barbé vienen después de corregir con energía una conducta bien concreta que han tenido algunos de los misioneros que acaban de llegar a Argentina. Estos misioneros quieren conseguir de la Santa Sede el título de misioneros apostólicos para tener libertad de misionar sin tener que dar cuenta a los obispos. Para conseguirlo, evitan a San Miguel y a los obispos de Bayona y de Buenos Aires y recurren al obispo de Auch. (C.T.I, c.162, pags. 296-297). Esta manera de proceder indigna a San Miguel, quien ya se había opuesto a este proyecto cuando hablaron de ello en Betharram y además porque se trata de un celo indiscreto, que quiere evitar las limitaciones que implica la obediencia, el amor en los límites de la posición, con el único fin de tener éxito personal en la misión.
En el realismo de la situación San Miguel Garicoits presenta dos actitudes: 1) Una es ilusoria e individualista, el consagrado pretende actuar por sí mismo para conseguir no los fines de la misión sino sus fines personales para sentirse bien. ¡Cuando uno tiene ideas fijas, es tan difícil deshacerse de ellas! y luego uno cree que está perdiendo el tiempo cuando las cosas no salen según la invención de la imaginación. Sobre todo no sabemos… 2) Otra es realista, el consagrado proyecta la misión no desde sí mismo, sino desde la obediencia y desde los proyectos misioneros diocesanos, pensando no en quedar bien él, y hasta en quedar mal con tal de conseguir los objetivos de la misión. Sabemos comprender, apreciar y abrazar con un corazón generoso y un espíritu valiente y constante, una oscuridad, una esterilidad, incluso fracasos en los que nos vemos envueltos por obediencia. Es el maná desgraciadamente escondido…
A veces nos encontramos con cristianos, con consagrados y hasta con betharramitas que se ve que no han entendido en Evangelio hasta aquí. Ignoran, les está todavía escondido Jesucristo en toda su plenitud y el discipulado consecuente. Una vez predicando yo estas cosas en un retiro a betharramitas, un religioso me dijo: pero esto era antes del Concilio, ahora ya no es así, iría contra los derechos humanos. La autenticidad de la vida cristiana nos exige llegar hasta ahí. Yo suelo decir a los Maestros que hay que acompañar a los novicios para que lleguen hasta aquí en su experiencia del evangelio y que ésta tiene que ser probada en situaciones de vida. Si no se llega hasta aquí en la experiencia del evangelio, la primera crisis fuerte llevara por delante toda la vida espiritual o el religioso carente de toda pasión por Cristo y por la misión se acomodará a las circunstancias pensando sólo en sí mismo
Jesús en su Misterio Pascual es el Maná escondido en la Eucaristía. Jesús pobre, lleno de oprobios, tenido por vano y loco y glorificado, con todas esas experiencias glorificadas. Participar de ese Jesús por la comunión es estar dispuestos a ser transformados en él y responder como discípulos en las situaciones que nos depare la vida. Cuando adoramos la Eucaristía ¿es así el Jesús que contemplamos escondido allí? Puede ser que tengamos que leer el capítulo 6 de San Juan desde este maná escondido de San Miguel Garicoits. Después no nos extrañemos que se vayan todos los que se escandalizan de que Jesús sea el pan bajado del cielo, que da a comer su carne y a beber su sangre (Jn. 6, 66-70).  El alimento de nuestra fe es la persona de Jesús con todas las circunstancias de su vida, las mociones que éstas provocan en su corazón y las actitudes y acciones que surgen de su corazón, fundadas en su relación de amor preferencial por su Padre. Es en las circunstancias favorables o adversas que nos toca vivir donde tenemos que manifestarnos como discípulos de ese Jesús, arriesgando nuestro propio prestigio. Es el maná escondido del Evangelio (D.S. 258 y 259) . (DS 258-259)

Gaspar Fernandez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe... 
a una comunidad, 16 de enero de 1886

Queridísimos Padres y Hermanos en nuestro Señor,
Estoy contento de escribirles con mi propia mano y de expresarles los deseos más ardientes encerrados en mi corazón. Estoy de descanso completo. Pero rezo pensando mucho en ustedes, en sus trabajos, en sus dificultades… ¡Qué felices seremos cuando muramos por haber trabajado prudenter, dulciter, fortiter (con prudencia, mansedumbre y fuerza) por el único amor y gloria de Jesús y María. Ayudémonos para eso… Por mi parte, les prometo un recuerdo casi continuo a los pies de N. Divina Madre.
Gracias por sus atenciones personales que me han llegado mucho. ¡Que los bendiga Nuestra Señora! ¡Y adelante ad maiorem Mariae gloriam (para mayor gloria de María) !


El Mesías está entre ustedes

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Un religioso nos ha enviado, no sin cierto sabor, este relato sin autor.

Era una vez un monasterio víctima de graves dificultades. Sus paredes habían resonado con cantos y con el entusiasmo de generaciones de religiosos, pero la secularización había pasado por allí. No quedaba más en todo y por todo que el Padre abad y cuatro monjes, todos septuagenarios, en una abadía invadida por el silencio y la melancolía.
En el bosque de al lado, había una pobre cabaña en donde se había retirado un rabino tan viejo como sabio. Los monjes lo tenían en gran estima, y su presencia orante los reconfortaba. Un día, el Padre abad decidió ir a verlo para abrirle su corazón y pedir su ayuda iluminadora. El rabino lo recibió calurosamente, pero no pudo más que compadecerse de su pena: “Conozco el problema, suspiró. La gente ha perdido la brújula. Lo mismo nos sucede a nosotros. Ya nadie o casi nadie frecuenta mi antigua sinagoga”.
Los dos hombres de Dios se confundieron en lamentaciones, luego recobraron un poco de serenidad abriendo la Biblia y discutiendo de espiritualidad. En el momento de separarse, se abrazaron. “¡Era tan bueno reencontrarse!, dijo el abad. Pero me voy con la misma perspectiva: el próximo fin de mi comunidad. ¿No tendrías un pequeño consejo para darme?” “No, lo siento, respondió el rabino. Sólo tengo una cosa que decirte: el Mesías está entre ustedes.”
Cuando el abad volvió al monasterio, los monjes lo abrumaron de preguntas: “Entonces, ¿cómo ocurrió todo? ¿Qué dijo el rabino? – Ha sido incapaz de ayudarme, respondió el abad. No hemos hecho más que llorar y leer la Torá juntos. Al final, me dejó con estas palabras: el Mesías está entre ustedes. Pero no entiendo lo que quería decir con ello.
Los días y los meses que siguieron, los viejos monjes estaban inquietos por esa frase a la que buscaban su sentido. “El Mesías está entre ustedes… ¿Quería decir que el Mesías era uno de nosotros? Y si es el caso, ¿quién puede  serlo? ¿El padre abad? – Sí, seguramente es el abad. Ha sido un guía seguro desde hace tanto tiempo… Pero podía también hacer alusión al Hno. Teódulo: tiene todo en él. Todos saben que Teódulo es un santo… En todo caso, no se podía pensar en el Hno. Horacio. No es fácil vivir con él; se enfada fácilmente. Sin embargo, hay que reconocer que a menudo tiene razón. ¿Quién sabe si el rabino no pensaba justamente en él? … Ninguna probabilidad que sea el Hno. Filiberto. Filiberto es un desastre, una verdadera nulidad. Sin embargo, tiene el don de estar dispuesto cuando se lo necesita. ¿No sería el Mesías? …Lo que es seguro es que no puede ser un tipo cualquiera como yo. Y, sin embargo, ¿si lo fuera? ¿Si el Mesías fuera yo? No, yo no. ¿Cómo podría tener una tal importancia a los ojos de Dios? Imposible que sea yo…”
Enredados en sus pensamientos, los viejos monjes se  agarraban a la posibilidad, por mínima que fuera, de que el Mesías estuviera entre ellos. Y por la posibilidad, todavía más improbable, de que el Mesías fuera cada uno de ellos, se vieron de otra manera. Poco a poco, los religiosos cambiaron; había más respeto y cordialidad, en ellos y entre ellos. Vivian ahora, como hombres que al final han encontrado algo.
Las visitas captaron el clima de verdad y de amistad que los rodeaba. Volvieron al monasterio, llevaron a otras personas. No se esperó más: vinieron de todas partes e incluso los asientos del coro se llenaron de nuevo. Y de esta manera, en el espacio de algunos años, el monasterio volvió a ser una comunidad viva, y, gracias a la sabiduría del Rabino, un foco de luz y de vida espiritual.


5 minutos con... el Padre ANGELO BIANCHI

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El Padre Angelo Bianchi, de edad 72 años, es miembro de la comunidad de Parma. Mirada sobre una vida muy activa... 

Nef: ¿en qué consiste su ministerio en Parma?
- Llegué a la Provincia de Parma en septiembre de 1999, tras una larga experiencia de profesor. Sentí fuertemente la necesidad de ser “sacerdote a tiempo completo”, en una pastoral directa de parroquia. El superior provincial de entonces, el P. Piero Trameri, tuvo en cuenta mi pedido, y aquí estoy. Fui nombrado en primer lugar cura de San Vitale Baganza y después fui a ayudar al P. Giacomo Spini, párroco de Barbiano Felino. Allí tenía las actividades normales de un párroco: catequesis, predicación, celebraciones eucarísticas, visitas a los ancianos y enfermos, etc. La parroquia no era grande (alrededor de 400 habitantes), pero la tarea me entusiasmó: era muy lindo codearse con los niños, los jóvenes y los adultos, y transmitirles el amor de un Dios que siempre me amó. Ellos también me adoptaron, con simpatía y alegría, y así hemos hecho juntos un trozo de camino. En diciembre de 2003, la comunidad se hizo cargo de la parroquia de S. Andrés Apóstol Autognano en Parma. El P. Giacomo Spini fue nombrado párroco, y desde entonces he sido su vicario. Con las perspectivas de un trabajo pastoral en ambiente estudiantil, nos enviaron al P. Gianluca Limonta. Mis funciones casi no han cambiado. Actualmente en Parma, me encargo de los post confirmandos, me ocupo de la gente anciana y de los enfermos, así como también de la gente adulta. Soy también sensible a la gentileza y amabilidad de la gente con quien me encuentro. Como ven, el ministerio es acaparador, exige constante preparación y, sobre todo, una entrega continua. Estoy muy contento con lo que vivo en este momento.

En efecto, es una rica experiencia; ¿puede hablarnos de la que vivió en Bormio?
- ¡Bormio!, mis primeros amores… Tras la licencia en matemáticas, obtenida en Roma en 1968, el P. Marco Gandolfi, superior provincial, me hizo iniciarme en el ministerio en Bormio. Y así entiendo mi trabajo: la enseñanza y la parroquia son para mí los dos raíles de un solo camino, raíles que llevan el mismo vagón: la presencia de Dios en los jóvenes a través de… las matemáticas y las confesiones, la predicación, los reemplazos de sacerdotes en parroquia, etc. Abrir un liceo científico, obtener el permiso del ministerio de educación nacional, añadir las secciones literaria y profesional (lenguas e informática) no era poca cosa. Los Padres de la comunidad trabajaron siempre mucho en ese sentido. No olvidaré al P. Clemente Albusceri, primer director de la institución. Hoy, la escuela está cerrada, pero el recuerdo de los Padres está muy vivo: muchos antiguos alumnos diplomados están al frente de empresas de Bormio. He ido muchas veces a esos lugares durante el verano: ¡qué  alegría verlos! Ciertamente Dios ha recompensado todos nuestros esfuerzos como sacerdotes y educadores.

Después de Bormio, fue el colegio betharramita de Colico: ¿qué tenía de diferente para Ud.?
- La diferencia no era sustancial. En el colegio, mi vida era un poco más un circuito cerrado, pero en el fondo, no cambiaba nada: seguía dando cursos y ayudaba en la parroquia. La única diferencia notable: en Bormio, los alumnos eran para la universidad, mientras que en Colico se preparaban también para un oficio técnico. De todas maneras, las dos experiencias fueron muy interesante: me hicieron progresar y madurar en mi vida sacerdotal y religiosa, en el espíritu de san Miguel Garicoïts.
Parece que estuvo un tiempo en Tailandia: ¿cómo le fue?
- Es verdad, tuve la suerte de realizar ese sueño… ¡en mi vejez! Siempre quise ser misionero, pero las circunstancias de la vida y la obediencia me retuvieron en Italia. Era sin duda el plan de Dios sobre mí. El año pasado pasé tres semanas en Tailandia con el P. Alberto Pensa. Descubrí montones de lugares, situaciones de riqueza y pobreza, escuelas católicas y seminarios, sobre todo el nuestro, en Sampran. En medio de los estudiantes betharramitas, parecía revivir mi escolasticado; su alegría de vivir, sus ganas de crecer en el amor de Dios, su simpa-tía… las sentí mucho, aunque sólo externamente, a causa de la lengua. Con su gentileza, me ofrecieron una bolsita de semillas de pimiento tailandés que me apuré a sembrar a mi vuelta: y ha dado mucho. Los momentos compartidos con el P. Alberto son inolvidables (he traído un CD de fotos). Guardo en mi memoria la belleza de las miradas de las niñas de su Centro, su generosidad y amabilidad. Hay que mencionar también los jóvenes Padres tailandeses que trabajan al lado de los misioneros europeos. Me gustaría revivir esta experiencia, si Dios quiere, así como visitar nuestras casas de América… quién sabe, un día…, esperando que no sea demasiado tarde.
¿Qué consejo darías a un joven en búsqueda, deseoso de vivir una experiencia con la Congregación?
- Le sugeriría comenzar a vivir un tiempo en comunidad, una comunidad que sepa acogerlo, que quiera crecer con él, y que, con él, tome en serio el proyecto de san Miguel. ¿Dónde encontrar tal comunidad? Es una verdadera cuestión. Según mi parecer, los superiores tendrían que sentirse siempre en formación, pensar que nunca se acaba de llegar; con esa condición, la acogida de un joven producirá frutos de vocación.

ÁFRICA CENTRAL Confesión de un sacerdote médico

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Hace un año, el Padre Tiziano fue nombrado superior del más pequeño Vicariato betharramita en el corazón de África. Desde entonces, tiene la responsabilidad del hospital de Niem. Es un testimonio por los otros 5 profesos perpetuos, italianos y centroafricano, que trabajan con él.
 
Era en 1983, en el circuito de Monza: el Papa Juan Pablo II lanzaba este llamamiento a la multitud de jóvenes presentes: “Ustedes son el futuro de la Iglesia; no tengan miedo de Cristo”. Yo era uno de ellos. Hace 15 años que vivo en Niem.
Estos últimos tiempos, dos pasajes de la Biblia circulan por mi cabeza. El primero, se encuentra en el Evangelio de Mateo, a propósito del juicio final: Tuve hambre, sed, estuve en prisión, desnudo, extranjero, enfermo… y me acogieron (Mt 25, 31-46). El otro, está sacado del capítulo 6 de los Hechos de los Apóstoles. Cada vez más acaparados por las obras de caridad, los Apóstoles eligieron a algunos para desempeñar ese servicio y se ocuparon más intensamente de la oración y de la predicación.
El programa de los apóstoles es verdaderamente magnífico: anunciar a Jesús a quien no lo conoce todavía y rezar al Padre para que conserve la comunidad cristiana que acaba de nacer para que crezca y se fortalezca.
En Niem, hay una misión estable desde hace poco más de 20 años; las necesidades y las urgencias no han casi cambiado. Yo también, siento la misma necesidad que los apóstoles y, al mismo tiempo, el llamado urgente de Jesús que transmite Mateo, y que yo resumiría así: soy pobre, y nadie cuida de mí.
No es fácil vivir en medio de los pobres. Sus pedidos son numerosos, y a menudo injustificados. La gente cuenta mucho con nosotros. Y nosotros, misioneros, estamos literalmente abrumados de pedidos.
Es inútil esconderlo, para ellos, somos importantes: permitimos a millares de chicos y chicas ir a la escuela, cuidamos de personas que nunca podrían consultar a un médico en la ciudad, y todavía menos comprar medicamentos, sobre todo para los niños y sus madres, a veces, podemos darles algo de comer, incluso nos sucede tomar su defensa ante las autoridades. Hay verdaderamente cosas que hacer…
No somos superhombres, tenemos nuestras debilidades y fragilidades; a veces, uno quisiera que nos “dejaran un poco en paz”… y luego, alguien golpea a la puerta… ¿cómo no abrirle?
Cuando me siento “vacío”, cuando me pesa la soledad, pienso en todas las personas que me estiman, que me quieren, en todos los que nos sostienen de lejos, y no sólo con su generosidad: con la oración, co, la amistad, sobre todo.
¡No conozco mejor remedio!

Tiziano Pozzi,SCJ

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Capellán de un Carmelo en Nazaret… ¿porqué?

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¡Separar un sacerdote especialmente para eso! ¡Para “decir” una misa a una comunidad religiosa cuando tantas, parroquias, están sin ministerio! Y si el sacerdote sólo está para “decir una misa” por día… ¡Haram! Pobre, como dicen por aquí… ¡Haram de él! ¡Pobre Iglesia! ¡Pobres los demás también!
Me gusta recordar las palabras del P. Jean Tapie que vivió una experiencia fuerte aquí y marcó los corazones: “Es un verdadero servicio de Iglesia”, me decía. ¿Cómo encararlo así? Permìtanme, después de tres meses de presencia aquí, plantear algunos jalones. Si no se trata más que de “decir” una misa, todo sacerdote puede hacerlo… pero un poco de teología nos recuerda entonces que la Eucaristía apunta en primer lugar a construir la Iglesia, la comunidad; la del Carmelo, en la ocasión, es un signo puesto en el corazón de la Iglesia y del mundo. Por eso, al venir el sacerdote a celebrar la misa, se convierte en primer lugar en compañero en el camino de la fe de esas mujeres. Para la vida de esa comunidad particular, la celebración digna y profunda, un cierto estilo de presencia (discreta y real; excluyendo todo servicio despersonalizado) pide una real exigencia de parte del o de los servidores.
En efecto, como decía Mons. Marcuzzo el 14 de noviembre, en la apertura del centenario del Carmelo de Nazaret, la comunidad, por su vida de oración y sacrificio ha sido y permanece una fuente de vida de santidad para toda la Iglesia local; y recordaba algunos frutos: la Beata María de Jesús Crucificado, la Beata María Alfonsina Ghattas (fundadora de una congregación local, las Hermanas del Rosario), el Beato Charles de Foucauld que vivió aquí entre 1897 y 1900.
¿Cómo ser ese compañero de camino que va a permitir a una comunidad tan especial desplegar toda la riqueza del don que es para los demás? La cuestión es esencial: el llamado a la santidad es universal en la Iglesia, como lo subrayaba Vaticano II. Aquí como en otras partes, los creyentes tienen sed de enraizar su vida, su fe en el silencio, la oración, en el caminar interiormente con Cristo. Aquí, como en otras partes, esta exigencia de vida espiritual es un verdadero desafío en un mundo que va demasiado de prisa. Aquí, de manera más especial que en otras partes, el Carmelo debe ser el lazo de una reconciliación profunda que pasa por la inmersión en el conocimiento, la experiencia de Cristo resucitado. El Carmelo de Nazaret que reúne a unas diez nacionalidades es la parábola viviente.
Un tal servicio no está aislado del entorno, fue confiado, por la providencia, a nuestra pequeña congregación que se hizo mientras tanto internacional. De ahí la cuestión de la aclimatación a través de la lengua: francesa para el servicio aquí, árabe y hebrea para la vida local. Pensar en una presencia aquí sólo para “decir” la misa sería separarse de la riqueza bulliciosa de la vida cristiana en estos lugares… con tal de saber mirar; y no dejarse impresionar por la sola marea de las idas y venidas de los peregrinos.
La vida religiosa betharramita nos compromete en una verdadera vida de encarnación en el Espíritu de Cristo (y Nazaret es una excelente casa y escuela para esa espiritualidad); nos llama también a la disponibilidad apostólica, a imagen de Cristo que iba de ciudad en ciudad, entregado totalmente al Anuncio de Reino del Padre.
La historia ha hecho de esta Galilea, una realidad local tejida por internacionalidades y traumada por el choque de voluntades políticas. ¡Centrarse en  el francés, el italiano o el inglés (a causa del servicio o de la comodidad) es correr el riesgo de transformar nuestra vida y servicio en espléndida torre de marfil! Y si el árabe es esencial (90% de los creyentes son  de lengua árabe), compartir la vida religiosa internacional con los demás, obliga a mantener viva la atención a las lenguas… ¡no es un desafío menor!
Al recibirme Mons. Marcuzzo, me había manifestado, con un reconocimiento entusiasta, todo el bien que nuestra familia religiosa ha hecho al servicio del Patriarcado. Nada como esto para despertar el deseo de seguir siendo fiel con un real esfuerzo de creatividad. Frente a esos desa-fíos, recuerdo al Hermanito Paolo que, al compartir la fe, me había invitado a contar con el discernimiento en fraternidad. Contar también con el sostén y la ayuda preciosa de hombres como Abbouna Shoufani para descubrir e insertarse en la realidad de este pueblo. Con otros, poco a poco, un futuro podrá vislumbrarse, para nosotros, betharramitas, cada uno con su talento.
Ojalá pueda ayudar a ello nuestra vida de Vicariato, y ayudar así a nuestra Congregación en su presencia aquí. Este servicio pasa también por Internet; mi palabra se hace más personal a través de lo que siento, en pos de Charles de Foucald, de una espiritualidad de Nazaret: en el corazón de una vida íntima con Cristo, ser el que comparte una presencia sencilla con todos los que se hacen próximos. Muchas cosas coinciden con nuestra propia espiritualidad betharramita de la encarnación, de la disponibilidad amorosa a la voluntad del Padre. Aquí comenzó Cristo guardando silencio durante 30 años, antes de lanzarse a Anunciar el Reino. Aprendió, siendo como era Hijo que era, a dejar su corazón respirar con la vida sencilla de los hombres de su tiempo, a decir con ese mismo corazón de hombre: ¡ABBA! ¡AQUÍ!
Seguramente cualquier otro lugar podría ser portavoz de esta dimensión o de otra tan significativa. Pero cuanto más camino por estos paisajes de Galilea y más los descubro, más los quiero, a pesar, o desde dentro de los desgarres y combates vividos personalmente…
Pienso en lo que Gustavo y Roxana nos decían en Catamarca en 1995. A propósito del estilo de presencia betharramita en las misiones; alguien les había dicho: Ustedes por lo menos no son como los demás:¡pasan! ¡Ustedes permanecen con nosotros! Finalmente, hermoso ideal el de Emaús. Quédate con nosotros, Señor, se hace tarde. En pos de Él, dejando crecer en nosotros ese Espíritu de Cristo, permanezcamos también con nuestros hermanos humanos para darles el signo de la presencia que esperan sin atreverse a esperar o a creer.

Philippe Hourcade,SCJ 


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1. ORIGEN DE LA MISIÓN

por
Joseph Séguinotte,SCJ

L’Écho de Bétharram
septiembre-octubre 1944

El Yunan es una vasta provincia del sur de China, que limita a la vez con el Tibet, Birmania, Laos y Tonkin. La superficie es de aproximadamente los 3/5 de Francia. Había sido evangelizada desde hace tiempo por los Padres de las Misiones Extrajeras de París y ya había tenido sus mártires: el 17 de septiembre de 1874, en el Carmelo de Pau, Sor María de Jesús Crucificado asistía milagrosamente al suplicio del P. Baptifaul, misionero en el Yunan, Faltaban obreros y recursos, la evangelización no había ido muy lejos, ya que en 1922, fecha de la llegada de nuestros primeros padres, el vicario apostólico, Mons. de Gorostarzu, decía que sólo los 2/3 del territorio formaban parte del radio de acción de los misioneros cuyo número alcanza apenas unos veinte para unos 16.000 cristianos y 15 millones de infieles o mahometanos.
Para ayudarlos, la Sagrada Congregación de la Propaganda pidió en 1921 al M.R.P. Paillas que enviara misioneros en vista de la erección de una Misión independiente confiada a los Betharramitas, y separada del Vicariato Apostólico de Yunan-Fu. Numerosos fueron los voluntarios que respondieron al llamado del Superior General; solamente tres fueron elegidos: un vasco, el P. Pierre Erdozaincy-Etchart, un bearnés, el P. François Palou, y un belga, el P. Louis Pirmez.
Por primera vez, el 3 de enero de 1922, tuvo lugar en Betharram la emocionante ceremonia de la despedida y, hacia finales de febrero, los primeros misioneros betharramitas entraban en Yunan. Se pusieron en seguida a estudiar el chino, y unos meses más tarde, empezaron a ejercer su ministerio en los alrededores de Yunan-Fu. No habían pasado dos años y ya Mons. Gorostarzu señalaba un progreso sensible en su Misión, podía escribir en un informe: “Una de las causas de este crecimiento es el trabajo brindado por los tres Padres betharramitas venidos en nuestra ayuda. Estos valientes obreros, después de 4 ó 5 meses de estudio de la lengua y de las costumbres, han sido capaces de dar a nuestros compañeros una ayuda apreciable y su trabajo ha sido en seguida comparable al de los mejores misioneros. Añadiré que el ejemplo del espíritu apostólico de esos religiosos es del más saludable efecto.” Así formados, hubo que pensar enviarlos al suroeste del Yunnan que era el destinado a ellos de una forma particular; llegaron en el transcurso del último trimestre de 1924.
Hasta 1929, los betharramitas trabajaron con los Padres de las Misiones Extrajeras bajo la dependencia eclesiástica del Vicario Apostólico de Yunnan-Fu. En 1928, el P. Etchart y Mons. de Gorostarzu discutieron largamente sobre el emplazamiento y los limites de la futura Misión de Betharram; Mons. de Gorostarzu, queriendo de antemano poner el centro de la Misión en Se-Mao, en plena zona insalubre. Mons. de Guébriant, Superior general de las Misiones Extrajeras, dirimió el debate eligiendo Tali, con excelente clima, y en donde Betharram no tendría que sacrificar sus primeros misioneros desde el principio.
Finalmente, el 22 de noviembre de 1929, Su Santidad Pío XI, a través de su Carta apostólica “Munus apostolicum quo in terris”, dividía el Vicariato apostólico de Yunnan-Fu y separaba su subprefectura para formar la Misión independiente de Tali-Fu confiada a los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram; el 18 de mayo de 1930, el M.R.P. Etchart era nombrado su primer superior.

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