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10/02/2011

Noticias en Familia - 14 de febrero de 2011

Sumario

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La palabra del Padre General

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Todo me ha sido dado por mi Padre (Mt. 11,27)

En el evangelio de la fiesta de San Miguel Garicoits encontré esta frase que me ha hecho pensar y que me parece la clave de la comprensión de la persona de Jesús y de su mensaje.  Porque todo le ha sido dado por el Padre, Jesús se siente pequeño y se emociona al ver la predilección del Padre por los pequeños; se siente orgulloso de ser el único que conoce al Padre; tiene el secreto para poder aliviar a los que se sienten cansados de la vida; invita a ser sencillos, mansos y humildes en vez de atropellar imponiendo las propias opiniones con violencia o por acumular riquezas o prestigio privándonos de valorar las pequeñas cosas.
Jesús es modelo de la relación que hay que tener con el Padre. Se trata de una identificación y comunión permanente con él. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquél que me envió (Jn. 5, 30).  Mi enseñanza no es mía sino de aquél que me envió. El que quiere hacer la voluntad de Dios conocerá si esta enseñanza es de Dios o si yo hablo por mi cuenta (Jn. 7,16-17). Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre (Jn. 8, 19). Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del Hombre, entonces sabrán que yo soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó (Jn. 8, 28). No he venido por mí mismo, sino que el Padre me envió (Jn. 8, 42). Felipe,…el que me ha visto ha visto al Padre…¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabra que digo no son mías; El Padre que habita en mí es el que hace las obras. (Jn. 14, 9-10).
Gracias a esta identificación con el Padre, Jesús no tiene nada propio. Su rostro, su palabra, su misión, su voluntad, sus intereses, sus ideas, sus proyectos, sus obras son las del Padre. Este es el fundamento de la pobreza evangélica: la conciencia de saber, como Jesús, que todo lo que soy, tengo y valgo no es mío, sino que lo he recibido del Padre por amor.
En la biblia, todo el que se encuentra con el Señor vive una doble experiencia: el amor de Dios y la propia fragilidad. ¡Mira que no sé hablar porque soy demasiado joven! (Jr. 1,6), Soy un hombre de labios impuros en medio de un pueblo de labios impuros (Is. 6,5), ¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida porque yo no valgo más que mis padres! (1Re. 19,4). ¡Mi alma canta la grandeza del Señor… porque miró con bondad la pequeñez de su servidora! (Lc. 1, 46-48).
También San Miguel vive esta experiencia y la expresa con el: ¡Dios todo, yo nada! (DS 74-75). Y la entendemos mejor con el testimonio del P. Etchecopar :  El P. Garicoits creía que el Dios de los pequeños y de los pobres lo había elegido con ese objetivo, a él, pastor del último caserío de la pequeña aldea de Ibarre, a él, que era un desastre, una nada, y que le había dicho: Vete a fundar en mi Iglesia un nuevo Instituto; tiene razón de ser en estos tiempos agitados, en que las grandes órdenes han sido dispersadas y en que el espíritu independencia revolucionaria entra por todas partes hasta el Santuario… Tú irás al frente, con el estandarte del Sagrado Corazón lanzando como grito: el Aquí estoy de mi Hijo, y seréis su alegría y el apoyo de mi Iglesia”. El creyó en esta voz; tomó el estandarte, y,… se lanzó a la carrera, como un gigante y corrió hasta el fin de su vida.¿ Habrá sido, padres y hermanos, víctima de una gran ilusión? De ninguna manera, gracias a Dios… lo prueban los hechos.  (Carta circular, Betharram, 10 de enero de1888).
La película De dioses y hombres presenta muy bien la esencia teologal de la vida religiosa. Al comienzo del discernimiento sobre si la comunidad se va o se queda a causa de la situación difícil que se ha creado, uno de los monjes dice: “Yo me quedo, porque a mí nadie me está esperando”. Y el abad, en la entrevista con uno de los religiosos que es más bien partidario de irse, le dice: “El martirio puede parecer una locura, como puede parecerlo hacerse monje… pero tú ya habías entregado tu vida a Jesús” Estos son los verdaderos motivos de nuestra consagración, que manifiestan que Jesús y su Reino son lo único necesario para nosotros, nuestro único tesoro.
Conscientes de nuestra pequeñez y del amor que Dios tiene por ella, hemos entregado nuestra vida a Jesús, sabiendo que, aunque seamos frágiles, puede hacer con ella grandes cosas para extender su Reino: para que todos los hombres, reconociendo a Dios como Padre, se traten entre ellos como hermanos. Sólo conscientes de nuestra pequeñez, de la confianza en el amor de Dios y de la entrega de lo que somos, podemos hacernos indiferentes para querer o no querer una cosa, queriéndola sólo si Dios la quiere. Sólo así estamos dispuestos a perder la vida, si Dios lo quiere, y a ser fieles en las dificultades confiando en la Providencia. Sólo así nos entregarnos a la misión, no para nosotros sino para los demás, no como un proyecto personal, sino eclesial, no para ganar prestigio, sino para hacer el bien; Sólo así seremos pobres, castos y obedientes porque sólo Jesús es nuestra riqueza, la herencia que nos llena de orgullo y la garantía de nuestra libertad. Sólo así seremos capaces de vivir la comunión porque esteremos abiertos a recibir de los hermanos para ser mejores y entregaremos lo mejor de nosotros mismos para que el hermano pueda ser mejor. Sólo así actuaremos conscientes de que lo que cuenta no es que las cosas salgan como yo las había pensado para que yo sea considerado, sino que se cumpla la voluntad de Dios aunque yo quede mal parado. Y la consecuencia de todo esto no es la amargura, sino la alegría de gustar que lo definitivo es el amor tierno de Dios, que se haga su voluntad y que se extienda su Reino.
Dentro de tres meses, el 14 de mayo, en Belén, comenzará el Capítulo general. Con la oración preparada para rezar por ese acontecimiento eclesial, pedimos al Verbo encarnado, nacido en Belén, que todos los diputados tengamos esos sentimientos y que la asamblea capitular ayude a todos los religiosos de la Congregación a vivirlos en cada una de las comunidades dispersas por el mundo.

Gaspar Fernandez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe...
al P. Jean Magendie (en Buenos Aires), 3 de febrero de 1882

¡Bendito sea Dios por las ordenaciones ! Esos sacerdotes son otros Jesucristo dados a la Iglesia y a Betharram para gloria de Dios y santificación de las almas ; ¡qué tesoros infinitos acabamos de adquirir !
Que Dios los sostenga a todos y compense el pequeño número, con las alegrías del fervor y con la paz prometida a los hombres de buena voluntad.
Quisiera escribirle a todos: a los ancianos que son columnas por su perseverancia (…); a los jóvenes que se hacen dignos de sus predecesores con sus progresos [como] miembros del Sagrado Corazón de Jesús.
Desde hace alrededor de dos meses, estoy un poco débil y los asuntos me quitan las fuerzas  que me quedan. Me limito, entonces, a decirles a todos, con el P. Garicoits: 1º tengan, antes que nada, a Dios y a su adorable voluntad delante de los ojos. 2º Y, para ir a Dios y como expresión de su voluntad, nuestras reglas y nuestras Constituciones. 3º Tender a ese fin con ese medio, según toda la extensión de su gracia y de los deberes de su posición; además, respetando los límites de una y de otra, con delicadeza virginal. Medite cada palabra y que Nuestra Señora lo bendiga.


Prepararse espiritualmente al Capítulo general

Georges de La Tour - Nativité (1645)
  

LA ENCARNACIÓN : DIOS EN LA DEBILIDAD HUMANA
2/4 La Kénosis (Fil 2,6-11): la humildad de Dios

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El Todopoderoso quiso compartir nuestra debilidad asumiendo la condición humana: éste es el misterio maravilloso de la Encarnación, centro de nuestra espiritualidad. El carisma de Betharram, el “Ecce Venio del Corazón de Jesús” es un tesoro incomparable ; nos es dado, pero lo llevamos en “vasos de arcilla”.

Éste es el segundo de cuatro encuentros mensuales : nos prepararán espiritualmente al Capítulo General de Belén (14-31 de mayo) por medio del retiro predicado en Adiapodoumé, en diciembre pasado.

El anonadamiento del Hijo de Dios, su despojo en el momento de la Encarnación, nos es indicado en el célebre himno de Filipenses que es el fundamento de toda meditación sobre el comportamiento querido por Dios en el momento de la entrada de su Hijo en el mundo de los hombres: “no retuvo celosamente su ser igual a Dios” o “no reivindicó su derecho de ser tratado como igual a Dios” “sino que se despojó de su rango tomando la condición de esclavo”.
El Hijo era realmente igual al Padre, de la misma condición divina; estaba en condiciones de reivindicar los privilegios del enviado de Dios, como un embajador tiene derecho a los honores debidos al que lo envía; en lugar de eso, se sometió en todo a las condiciones del nacimiento humano, queriendo ser tratado como un siervo de Dios que se hace esclavo de sus hermanos, tomando en todo la condición de ellos para comunicarles la suya. Desde el primer instante, Jesús está en un estado elegido de sumisión y de rebajamiento, de total renuncia a la voluntad propia y de total disponibilidad a la voluntad del Padre. Aceptó todo como viniendo del Padre, incluyendo la muerte en una cruz.
Belén quiere reconciliarnos con esa debilidad y fragilidad que descubrimos en nosotros y que, tal vez, podrían hacernos rebeldes contra ese Creador que habría sido muy poco generoso con nosotros. La encarnación nos enseña que la grandeza del hombre no tiene que ver con su fuerza y su poder sino con su capacidad de darse: “Al contemplar a Jesús en Belén, dice Jean Vanier, redescubrimos a un Dios que se rebaja hasta nosotros. Tenemos que comprender, entonces, que el carácter divino en cada uno de nosotros no es tanto nuestra capacidad de superación que nos lleva a elevarnos por encima de los demás, sino la facultad que tenemos de rebajarnos, de servir por amor, de hacernos pobres con los pobres.”. El P. Varillon nos propone también un camino de pobreza para asemejarnos a Dios manifestado en Belén: “No entraremos en Dios sino cuando nos despojemos de todo haber. La pobreza material de Belén y de Nazaret no es sino el signo de una pobreza mucho más profunda. Pobreza inmensa de Dios, infinita, absoluta, sin la cual no podemos decir que Dios es amor… El Dios en el que creemos es infinitamente humilde, dicho de otra manera, está despojado de todo prestigio. El prestigio es siempre lo no esencial. Hay en nosotros cierta necesidad de prestigio, de inexacto, de falso que no existe en Dios. Dios es la plenitud de la humildad”.
Belén nos enseña que el verdadero rostro de Dios se revela en la debilidad y la humildad. En su humildad, Dios no se impone; acoge al otro sin tomarlo ni poseerlo, dejándole siempre su libertad. Nuestro fundador, San Miguel Garicoits, desarrolló bien esta fuerza del amor de Dios que actúa con humildad. En el Manifiesto, el texto fundamental, esta fuerza nos es presentada como “atractivo que nos conquista al amor divino, modelo que nos muestra las reglas del amor y medio para alcanzar el amor divino”. “Ahí está, en el pesebre y bajo los velos eucarísticos. Es una manifestación hecha a todos, una escuela abierta a todos los que tienen ojos para ver y oídos para escuchar. ¡Qué escuela! ¡Qué Maestro! ¡Qué fuerza y qué ternura en las enseñanzas del pesebre! ¡Qué atractivo infinito capaz de atraer los más grandes pecadores!”. “… esta es la conducta de Nuestro Señor en su Encarnación. En este misterio conmovedor, es para las almas una invitación, un modelo, un apoyo; nos atrae, nos ilumina, trata de grabar en nuestros corazones la ley de su amor; pero, en definitiva, solicita y no fuerza: lo que quiere son almas de buena voluntad” (DS 359). sigue

Laurent Bacho,SCJ
Extractos del retiro a la Fraternidad Nè Mè (18/12/2010)


Bétharram

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El primer Capitulo de la Región San Miguel

Del 13 al 28 de enero de 2011, unos treinta religiosos de Francia, de España, de Italia, de Costa de Marfil, de Tierra Santa y de la República de África Central se encontraron en Betharram para el Capítulo Regional. Fue un momento de escucha y de diálogo. Un momento para vivir un encuentro entre hermanos que traían consigo experiencias, llamados, inquietudes y expectativas de las diferentes comunidades locales. Un momento extraordinario durante el cual se hizo la experiencia de que, por medio de la palabra y las expectativas de los demás, se nos fue transmitiendo la palabra y la voluntad de Dios, aunque no fue siempre fácil…
Importantes fueron los informes de los superiores de cada Vicariato; importante el informe del Superior Regional. Importante la meditación propuesta por la Hna. Marta, Superiora General de las Hijas de la Cruz. Partiendo del texto de Lucas 1,26-38, nos llevó a los orígenes, cuando Dios se encarnó en Jesús para que comprendiéramos que tenemos a disposición una gracia que no podemos desperdiciar: “Dios tomó la iniciativa de llegar hasta nosotros, para saludarnos”. Tenemos que tomarnos “el tiempo para escuchar, recibir, amar a Dios, dejarlo actuar… Él siempre nos va a sorprender”.
Los participantes se sintieron, desde el primer día, corresponsables al encarar cuestiones importantes sobre una relectura y renovación de la vida dentro de las comunidades. La importancia del acontecimiento se hizo aún más grande por el hecho de que este Capítulo Regional era el “primero”, después de los cambios y las transformaciones acontecidos dentro de la Congregación: ya no hay más Provincias, sino Regiones, subdivididas en Vicariatos. Esto dio a la Asamblea un carácter de internacionalidad que sirvió para abrir los horizontes de las diferentes comunidades locales hacia realidades mucho más complejas y grandes. Pero el éxito de un Capítulo depende también, o especialmente, de la buena voluntad y de la participación de todos por el bien de la Congregación entera.
Los temas analizados fueron: animación vocacional y formación inicial; vida fraterna; formación permanente y apertura a los laicos; internacionalidad y animación misionera; organización del gobierno y economía; comunicación y relación entre las diferentes realidades. La discusión que nació al encarar los diversos temas, no fue académica, pero se notó el esfuerzo de no apegarse demasiado a la gestión de las estructuras y su eficiencia, sino mirar más a los religiosos y a su vida cotidiana; de ahí nacieron las mociones y las propuestas que serán analizadas en el próximo Capítulo General. La tentación de no resolver nada, de no imaginar nada nuevo o diferente para los próximos años, poniendo en evidencia la desilusión de que todo seguirá siendo como siempre fue, estaba a las puertas. Apareció también el peligro de aceptar resignadamente perder el tiempo asumiendo papeles provisorios cada vez menos claros, ya que las vocaciones, en Europa, son escasas y las fuerzas comienzan a faltar. Pero los hombres de Dios no puede dejarse condicionar por el miedo o por la desconfianza en el futuro. El futuro se construye dando testimonio y pensado, como decía el Hno. Émile, “que el carisma del fundador no es propiedad de los sacerdotes o de los hermanos, sino que es de todos y que cada uno de nosotros tiene que vivirlo para que otros puedan descubrirlo y sean cautivados por él”.
El informe del Superior Regional, también, fue escuchado y analizado en los trabajos en grupos, a partir de la convicción de que “a cada religioso y a las comunidades se les pide que tengan una mirada amplia que consiste en tener la capacidad de ir más allá de la realidad particular para cultivar una mirada de conjunto”. Los miembros del capítulo tienen conciencia de vivir un momento histórico bastante complicado. Y, frente a las dificultades concretas de ser testigos de la consagración religiosa en una sociedad culturalmente atea y con tantos prejuicios sobre la moralidad y coherencia de vida de los consagrados y sacerdotes de hoy, los betharramitas saben - como dice el P. Graziano, Superior Regional- que “es preciso dar más fuerza a las realidades locales” … “pero es preciso que los individuos y las comunidades se sientan parte de un proceso común… alimentando una sincera disponibilidad a participar de proyectos comunes”.
Nace así, la convicción de que el período que estamos viviendo podría ser una ocasión providencial para recuperar y volver a proponer con esperanza nuestro ministerio sacerdotal y religioso, dentro de la Iglesia. Todo esto, naturalmente, nos lleva a analizar nuestro presente y nos pide que intentemos respuestas concretas a las preguntas que se nos hacen. ¿Cómo garantizar a los hermanos de las comunidades un compromiso apostólico real para realizar? ¿Cómo favorecer hoy, en nuestros ambientes, una cultura betharramita en el sentido vocacional, de promoción humana, de la educación? ¿Cómo encarar las nuevas pobrezas y las emergencias sociales en su terreno? ¿Cómo garantizar la preparación y el profesionalismo de los hermanos en específicos campos de apostolado? ¿Cómo solicitar y acompañar la colaboración entre diferentes comunidades que desarrollan apostolados semejantes? ¿Cómo renovar las comunidades que manifiestan signos de cansancio y de monotonía apostólica? ¿Cómo definir las responsabilidades individuales dentro de un proyecto comunitario compartido? ¿Cómo orientarse en las problemáticas administrativas a cualquier nivel? ¿Cómo favorecer una participación y corresponsabilidad mayor en los laicos ofreciéndoles la posibilidad de asumir responsabilidades de gestión y de dirección en las actividades y obras donde ya no es posible la presencia de los religiosos?
Dar una respuesta a todas estas preguntas no es fácil, tal vez ni sea suficiente el Capítulo General del, próximo mes de mayo en Belén … Pero no hay que dejar de intentarlo. La historia nos lo enseña a través de la respuesta de María al anuncio del ángel: Fiat voluntas Dei. Y nuestro Padre fundador, San Miguel Garicoits tenía preparada una respuesta que servía para todo: Aquí estoy; y, como si fuera poco, agregaba: “sin demora, sin reserva, sin vuelta atrás”. En la respuesta de María al ángel y en la disponibilidad de San Miguel, encontramos el modo mejor para decir a Dios que cada betharramita sabe cuáles son sus límites, pero también conoce la fuerza que Dios infunde en quien cree y confía en Él. Nosotros nos dejaremos guiar por los acontecimientos, por las personas, por Jesús que nos fue dado por Dios. Nos dejaremos convencer como los pastores que se dejaron convencer en la noche de Navidad para que fueran a anunciar. Nos dejaremos convencer como los Magos que, para la vuelta, eligieron otro camino, porque vimos y creímos. Nos dejaremos convencer de que, para vivir plenamente nuestra vocación, no tenemos otra opción que de ponernos al servicio de Dios, llevando a todos su amor, como los betharramitas saben que pueden hacer.

Angelo Riva,SCJ


5 minutos con... el Padre Enrique Gavel

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Los primeros misioneros Betharramitas de América, hicieron escala en Montevideo el 3 de noviembre de 1856, y desembarcaron en Buenos Aires al día siguiente. Cinco años después, el P. Jean-Baptiste Harbustan  atravesaba el Río de La Plata en el otro sentido, para encargarse de la capilla llamada de los Vascos. En 1867 se fundó la escuela de la Inmaculada Concepción... Esta historia secular continua.Lo atestigua un Betharramita de Uruguay: P. Enrique Gavel.

Nef: ¿Puedes contarnos la historia de tu vocación betharramita?
- Todo comienza con un niño que de la mano de su abuela se inicia como monaguillo en la iglesia de “los Vascos” Inmaculada Concepción. Con apenas 8 años oye una pregunta que le hace el P. Louis Marcel: ¿Quieres ser sacerdote? Y responde con entusiasmo: Sí. Dos años después, luego de 1 año en el Colegio de Los Vascos, ese sí va madurando en el apostolicado de Barracas y se consolida más adelante en el escolasticado de Adrogué. Con los votos perpetuos madura esa vocación y queda coronada con la ordenación sacerdotal recibida en la misma Iglesia de los Vascos.

Tu has sido durante muchos años director del Colegio de Montevideo, y ahora eres cura párroco. ¿Cómo ha sido tu vida sacerdotal?
- Desde la ordenación sacerdotal,1.963 hasta el 2.008, mi vida sacerdotal transcurrió siempre en Colegios (Bs.As., Montevideo, Rosario) era responsable de docencia, disciplina y dirección con la colaboración en la tarea pastoral de sacerdotes de la parroquia. Las circunstancias actuales en la obra (colegio-parroquia) me encuentran solo al frente de la Parroquia .Tarea hermosa que es acompañada por la enorme colaboración de los laicos en todo lo que no es estrictamente sacerdotal.
Es bueno como sacerdote haber tenido la oportunidad de ejercer en una parroquia. Es enriquecedor. Lástima que no se pueda contar con alguien más.

¿Puedes presentarnos tu ambiente pastoral y su contexto socio-económico?
- La parroquia San Miguel Garicoits (iglesia Inmaculada Concepción) abarca 53 manzanas en pleno centro de Montevideo. Habitan en ella unas 6.500 personas. Contexto socio- económico: clase media. Por su ubicación la gente que acude al templo es de edad adulta y avanzada. Escasos jóvenes. dos misas diarias con 40 y 25 fieles. Los domingos, dos celebraciones con 200 personas. Como iglesia “de paso” muy bien visitada.

En 2010, se celebró el 140 aniversario de la parroquia y en 2011 se recordaran los 150 años de presencia en Uruguay de los “Vascos”. ¿Qué significa esto para ti?
- Haber celebrado 140 años de la inauguración del templo (1870)(la parroquia se inicia recién en 1.931) motivó llevar a recordatorio para colaboradores, fieles en general y comunidad diocesana (en publicación) los inicios de la actividad betharramita en el Uruguay.
Hay un dejo amargo que no es fácil sortear habida cuenta de que estuvo a punto de ser abandonada (asamblea 2.007). Que el número de religiosos es precario (quien les habla, más el P. Ruiz (80 años) y el Hno. Enrique (90 años) muy enfermos y que en el horizonte inmediato no se vislumbra ayuda.Todo esto invita a preguntarse ¿Qué clase de festejo haremos en el 2.011?

Desde hace años, no hay más vocaciones betharramitas en Uruguay. Es posible una pastoral vocacional?
- La posibilidad de una pastoral vocacional tiene que centrarse sobre todo en el Colegio donde no hay muchos varones (150?) ya que por lo antedicho  la comunidad parroquial carece sustancialmente de gente joven. Se necesita evidentemente algún sacerdote joven que pudiera venir a dar tal impulso.    

¿Cuál es el mensaje que quieres enviar a tus hermanos betharramitas?
- ¿Dar mensaje? Más bien expresar un deseo. Que San Miguel nos de una señal concreta de que esta obra del Uruguay impulsada por él mismo, debe continuar.
¿Algún sacerdote betharramita querrá hacerse eco de este deseo?


In memoriam | Inglaterra: P. ANTHONY BOX,SCJ

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Oldbury, 10 de diciembre de 1932 | Olton Solihull, 7 de enero de 2011

Uno de mis primeros recuerdos del P. Antony Box es de 1969, inmediatamente después de que fuera nombrado párroco de la Hampshire Coast. Se había dedicado a la pesca y se estaba ejercitando a lanzar el anzuelo con su nueva caña de pescar, en el campo deportivo de Sambourne (Casa de formación en los años 1961-1978). En un lanzamiento superó los 80 metros. Me acuerdo que pensé que tenía que ser realmente apasionado para ejercitarse con una caña de pescar a más de 200 km del mar.
Tony Box había nacido en Oldbury en el Black Country, la región de Inglaterra en la que inició la revolución industrial, con sus tradicionales minas de carbón, con sus fundiciones de metales. Sus padres, de modestas condiciones económicas, eran fervorosos católicos y, después de la segunda guerra mundial, estuvieron muy contentos en ver a su hijo único ingresar en la pequeña Escuela apostólica del Sagrado Corazón, en Tembury Wells, bajo la guía del P. Alec Biggert, betharramita. El tío de Tony, Cyril Hazelwood, betharramita, había sido ordenado  en Belén poco antes y su primo, Cyril Barlow comenzó su formación en el seminario diocesano de Birmingham.
Tony fue alumno de tres casas de formación betharramitas que tuvieron una vida corta: Tenbury Wells, Fritham y Caerdeon, antes de ser ordenado en 1957 en el oratorio de Birmingham con el P. Ted Simpson, betharramita. Tenía dificultades en los estudios, por lo cual el P. Jack Waddoups, betharramita, lo animóy lo apoyó a lo largo de todo el camino de formación en filosofía y teología. En Caerdeon aprendió algunos oficios, con los cuales ayudó a la supervivencia del seminario, siempre falto de fondos: fue fontanero, carpintero y mecánico de motores. Su padre, peluquero de profesión, uno de los pocos padres de escolásticos que tenía coche, lo visitaba de vez en cuando y traía regalos para la comunidad y esto aliviaba los espíritus, en ese clima frío y húmedo de Galles. Los escolásticos sabían que su casa (Caerdeon Hall) era el lugar en el que Charles Darwin había escrito parte del libro “El origen de las especies” y comentaban con ironía que entendían por qué.
Después de la ordenación, se quedó un año en Caerdeon para prepararse a enseñar algunas materias, después de lo cual se fue un año a Betharram para acompañar a los alumnos de primaria. En los años sesenta fue docente en las primeras clases de Droitwich y, aunque consciente de que la enseñanza no era su vocación, más tarde reconocerá la riqueza de esta experiencia.
Más tarde, el Obispo Derek Worlock nos ofreció una tarea pastoral en la diócesis de Portsmouth en 1969 y Tony fue llamado a responder a esa invitación y, con el P. Philip Isley se estableció en St Columba’s Bridgemary, en la costa. Los diez años que siguieron fueron probablemente los más creativos de su vida; durante esos años, ejercitó el ministerio pastoral en una parroquia que incluía jóvenes marineros y alumnos de escuelas aún adolescentes.
Algunos amigos de esa época, permanecieron en contacto con él toda la vida y uno de ellos, quqe tenía un barco, lo acompañaba regularmente a pescar en el mar.
La imagen de Jesús que llama a los discípulos a orilla del mar era muy significativa para él, y en 1981, durante una peregrinación a Tierra Santa, la experiencia de sentarse a la orilla del mar en Cafarnaún lo emocionó hasta las lágrimas. Por un tiempo, el P. Tony estuvo entusiasmado por el movimiento “Ministry to Priests” (un grupo de ayuda mutua entre sacerdotes) pero sus cofrades notaban cierta inquietud en él. Su entusiasmo por un lugar, un  proyecto, una parroquia, duraba algunos años, pero después sentía la necesidad de cambiar. Los destinos que siguieron en Fegg Hayes (Stock-on-Trent), la parroquia de Droitwich y Holy Name, Great Barr, pusieran en evidencia esta tendencia.
Varias familias se encariñaron con él y lo cuidaron. La familia Leigh particularmente, lo cuidó cuando estaba en la parroquia y la familia Dwyer lo acompañó en los años de enfermedad. A pesar de las dificultades que tuvo en los estudios y la poca facilidad para la docencia, se reveló sorprendentemente capaz como catequista.
Los parroquianos de Bridgemary y de Fegg Hayes recuerdan con gratitud su manera simple de enseñar el mensaje del Evangelio y de traducir en lenguaje sencillo también los conceptos difíciles. El movimiento catequético después del Concilio, había realmente despegado en la diócesis de Portsmouth y Tony inspiraba a muchos de los que, en ese entonces, eran líderes en el L.S.U. College of Education.
El Nuevo Milenio lo vio decayendo rápidamente, en su salud, y, con un poco de miedo, los superiores aceptaron su pedido de retirarse del ministerio activo, a la edad de 69 años para vivir con sus ex parroquianos cerca del mar, en un clima de la costa más saludable. Pasó los últimos diez años en relativa tranquilidad pero con una salud física y mental en decadencia. Después de un ataque, en marzo pasado, se dio cuenta de que ni él ni sus parroquianos podían enfrentar sus nuevas condiciones de salud y la comunidad de Olton los recibió como el Hijo Pródigo. Por unos ocho meses, los hermanos de la comunidad lo asistieron con mucha dedicación, a costas de algunos sacrificios personales. Fue hospitalizado a principio de diciembre y los médicos diagnosticaron diversos problemas que ponían en riesgo su vida, incluida una seria enfermedad del corazón. Murió de un ataque al corazón el 9 de enero: estaban a su lado los Hnos. Andrew y Liam. Ahora vive junto a Pedro y a los discípulos, todos pescadores.

Austin Hughes,SCJ

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2. EL DRAMA DE ALEJANDRÍA

En 1854, el tío se instaló en Alejandría con su familia, por lo tanto, también con Mariam. Con sus 7 años, ella se confesaba todos los sábados. Deseosa de comulgar, se escabulló entre los otros chicos y fue así que hizo su primera comunión. El párroco le permitió después que continuara comulgando, pero con discreción.
Cuando llegó a los 13 años, su tío, sin consultarla, organizó su casamiento destinándola a otro tío. Cuando la puso al tanto de la cosa y de las obligaciones del matrimonio, ella quedó profundamente sacudida. La voz de Abellín volvió imperiosa a su corazón. Resuelta a conservarse para Jesús, pasó la víspera de su boda en oración delante del ícono de casa y después, invadida por una alegría desconocida, cortó las trenzas de sus cabellos y las entreveró con las joyas que había recibido. Fue un drama; pero, a pesar de las bofetadas airadas, mantuvo su propósito de virginidad y supo resistir a todas las súplicas de su párroco, hasta de un obispo de la familia. Desde ese momento, el tío la trató como a una pequeña esclava y su párroco le negó la absolución; todos, desde entonces, le hicieron el vacío.
Obsesionada, en este abandono, por el deseo de rever a su hermano, pero no sabiendo escribir, dictó una carta para él y fue a ver a un antiguo servidor musulmán de la casa que iba a ir a Nazaret. Fue bien recibida por él y ella le contó todas sus peripecias vividas con su tío. El musulmán, entonces, le aconsejó que, para acabar con todo eso, dejara la religión despiadada de los suyos y se convirtiera al Islam. Pero ella protestó con tanta vehemencia que el hombre se puso violento y, fuera de sí, la tiró al piso y le abrió la garganta con un golpe de cimitarra. Creyendo que estaba muerta, empapada con su sangre, la envolvió en una vela y la arrojó en una callejuela obscura. Era la noche entre el 7 y el 8 de setiembre de 1858.
Más tarde, obligada a contar su martirio, Mariam dijo que muerta y llevada al cielo, escuchó que le decían que “su libro no estaba terminado”. Se encontró en una gruta donde la había llevada una misteriosa mujer vestida de azul que le cosió el cuello, le sirvió una “sopa deliciosa” y le anunció su futuro: no volvería a ver a su familia, iría a Francia, sería hija de San José y después hija de Santa Teresa, tomaría el hábito de carmelita en un monasterio, haría profesión en otro y moriría en un tercero, en Belén. Después de un mes, la llevó curada a una iglesia de franciscanos. La cicatriz de su cuello, único elemento tangible del acontecimiento, fue vista claramente en Marsella, en Pau y en Belén. Tenía 10 centímetros de largo y uno de ancho. El golpe tuvo que tocar la tráquea lo cual explicaba su voz entrecortada, muy curiosa.
Sola en Alejandría, Mariam, gracias a un Padre Franciscano, logró un lugar como criada de una familia cristiana que resultaron ser parientes lejanos pero ella no se dio a conocer. En poco tiempo llegó a ser muy querida por la perfección de su servicio. Al verse muy apreciada, pasó a otra familia más pobre y se entregó al servicio también de otros menos afortunados.

Pierre Médebielle,SCJ
Jérusalem (1983, pp. 201-239)

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