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17/04/2011

Noticias en Familia - 14 de mayo de 2011

Sumario

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La palabra del Padre fundador

iglesia de Coarraze (Francia)

La verdadera vida espiritual

La más noble empresa que pueda existir, es la de llegar a la cumbre de la perfección evangélica y de unirse a Dios para ser un mismo espíritu con Él. Todos estamos obligados a trabajar en realizar este designio, está en continuidad con nuestra elevación para participar de la naturaleza divina. "Debemos glorificar y llevar a Dios en nuestro cuerpo" (1Cor. 6, 19). Hay que saber, pues, en qué consiste la verdadera vida espiritual.
Unos la hacen consistir en la multiplicidad de oraciones; otros, en el gran número de obras exteriores destinadas a la gloria de Dios o al alivio del prójimo; algunos la ponen en los deseos continuos de realizar su salvación; otros, en grandes austeridades.
 ¿Se puede afirmar que son abusos? - No, todo eso es bueno; es, incluso, necesario. Pero se equivoca quien ve en ello lo esencial de la verdadera piedad. La verdadera piedad, la que nos santifica, la que nos consagra enteramente a Dios, consiste en hacer todo lo que Dios desea de nosotros. Dios mío, concédenos entender bien y gustar una cosa tan sencilla [en el] Espíritu Santo. Sin lo cual, nos engañamos groseramente.
La devoción perfecta consiste en hacer lo que Dios quiere de nosotros, precisamente como lo quiere, en los tiempos, lugares y circunstancias en que nos encontramos. [Hagamos] los movimientos que queramos y las obras famosas que nos agraden, sólo se nos pagará por hacer la voluntad del soberano maestro. El criado o el obrero que nos sirve puede hacer maravillas en nuestra casa; si no hace lo que deseamos, no le tendremos nada en cuenta sus acciones y nos quejaremos con razón porque nos sirve mal.
La entrega perfecta, de donde a la devoción le viene el nombre, quiere que además hagamos la voluntad de Dios con amor. Dios le gusta de que se le dé con alegría y, en todo lo que El prescribe, siempre pide el corazón.
Un tal maestro merece que nos sintamos felices de ser suyos. Y es necesario que esa entrega perfecta se sostenga constantemente y por igual, en todo lugar y siempre, [incluso] en aquello que nos choca, que contraría nuestros puntos de vista, nuestras inclinaciones, nuestros proyectos; y que nos mantenga dispuestos a dar todo nuestro bien, nuestra fortuna, nuestro tiempo, nuestra libertad. Tener esta disposición y pasar a los efectos, es tener una verdadera devoción.
Pero como a menudo la voluntad de Dios se nos esconde, hay todavía un paso que dar en la renuncia, es cumplir [esa voluntad] por obediencia, una obediencia ciega, pero sabia en su ceguera. [Es la] condición impuesta a todos los hombres: el más lúcido de ellos, el más dispuesto a acercar las almas a Dios y llevarlas a El, debe ser él mismo acompañado…
Uno de los principales efectos del amor es hacer que los que se aman no tengan entre sí más que una misma voluntad. De ahí se sigue que cuanto más se ame a Dios, más conforme se estará con su voluntad y, recíprocamente, cuanto más íntima sea esta conformidad, tanto más perfecto será el amor…
San Pablo, desde el primer momento de su conversión, se muestra perfectamente dispuesto y sumiso a todo lo que Dios quiera: "Señor, ¿qué queréis que haga? (Hech. 19, 6). ¡Qué breve palabra, y sin embargo llena, viva, eficaz y digna de toda estima y de toda recompensa! Sólo encierra dos palabras, pero lo dice todo: todo lo que Dios quiere que haga y sufra. Sale del fondo del corazón y jamás Pablo se ha salido de ella en su conducta. Es digna de recibirse en todos los estados y en todas las condiciones, principalmente por los religiosos. Encierra una perfecta forma de vida, de tal modo que si llegáramos a este punto de perfección, no nos quedaría nada que desear.
Samuel nos brinda un ejemplo parecido. Su palabra es la misma que la de san Pablo: "Aquí estoy, Señor, habla, que tu siervo escucha" (Sam. 3, 10). Feliz el alma que no desea sino conocer y hacer lo que Dios quiere. Si en alguna parte, en la tierra, hay que encontrar esta felicidad, es sin duda entre los religiosos. La voluntad de Dios les es manifiesta. Dios mismo les habla por medio de sus superiores, les habla por su regla, los ilumina y los mueve interiormente y les enseña por estas luces y mociones qué quiere de ellos. "Felices de nosotros, Israel, porque se nos dió a conocer lo que agrada a Dios" (Bar. 4, 4). Sólo nos queda poner mano a la obra sin tardanza y hacer lo que sabemos que Dios quiere.

San Miguel Garicoïts
"Père, Me Voici", pp. 23-27


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe...
oración para el Capítulo General de 1894

Recemos por cada uno de nosotros: que Dios nos dé ese verdadero aprecio, amor a la Cruz para la gracia de la buena muerte, de la cual María fue establecida como patrona, a los pies de la Cruz.
Recemos pro todos los asuntos importantes y todas las categorías de la Congregación.
Pidamos por el Capítulo General que Dios le conceda las luces necesarias y haga que adopte las medidas más útiles para el bien de la Congregación;
Por los enfermos, que Dios les dé la curación y la paciencia;
Por los misioneros, el celo y la prudencia;
Por los escolásticos, el conocimiento que los hace sabios, la ciencia superior que los hace santos;
Por los novicios muy amados, objetos de tantos cuidados y de tantas esperanzas, la gracia de fundar su edificio espiritual sobre
las virtudes y sobre el Corazón de Nuestro Señor y de su Santísima Madre.


Hacia el Capítulo general

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Pasado, presente, futuro de la vida consagrada

La Unión de Superiores Generales en su asamblea del pasado noviembre, analizó la vida consagrada en Europa: una situación preocupante, pero no desesperada, porque nuevos proyectos y nuevos campos de misión siempre son posibles. Se trata de saber identificarlos y aprovecharlos, revitalizando y actualizando el carisma de las orígenes en el clima cultural contemporáneo. Los 160 superiores presentes subrayaron: muchos de los institutos de vida apostólica fueron fundados después de la revolución francesa, en una sociedad y para una sociedad todo se estaba disgregando desde el punto de vista espiritual y moral. Partiendo del modo con el que, entonces los Institutos religiosos enfrentaron las necesidades apostólicas, veamos como hoy podemos responder – en fidelidad renovada al carisma original – a los desafíos de la evangelización, en un ambiente muy semejante.

IGLESIA Y SOCIEDAD
Entonces: con el Iluminismo y después de la Revolución Francesa, en el siglo XIX la Iglesia ya no era aceptada por la sociedad como guía e inspiradora de la vida política, social, moral. En el mejor de los casos era ignorada y “encerrada en las sacristías”; en el peor obstaculizada, perseguida. Las ideas guías de la vida estaban en otra parte: liberalismo, socialismo, positivismo, comunismo. Era la época del inicio de la “secularización” y las nuevas ideologías preparan la descristianización. La cultura estaba en manos de una elite que tenía el poder de influir en toda la vida social y política de manera “laica” y, a menudo “laicista”, alejándola de sus raíces cristianas.
Hoy: el difundidísimo alejamiento moral y espiritual del cristianismo en Europa, está a la vista de todos. La sociedad civil ya es “otra” que la de otrora, inspirada en los valores evangélicos. La Iglesia reconoce claramente la “autonomía” de los valores terrenales en la construcción del tejido social y económico, pero, a menudo, esta autonomía llevó, de hecho, a la sociedad a marginalizar a la Iglesia en muchos campos de la vida civil.  Las dos épocas proponen el problema de volver a ubicar los valores evangélicos en el campo de la vida social, cultural y política, abriéndose a la dimensión verdadera y total del hombre.

RELIGIOSIDAD SUPERFICIAL
Entonces: La Revolución Francesa provocó la desintegración de muchas estructuras de la Iglesia: el clero estaba impedido de ejercer el ministerio y eso repercutió en la vida religiosa del pueblo, privado de la Palabra de Dios. De ahí, un clima de indiferencia en la gente, alimentado por el “vacío” de anuncio y por la abierta hostilidad de la cultura dominante.
Hoy: nuestra época reproduce –exasperados – muchos aspectos de la de entonces. Se registran, además, dos fenómenos aparentemente contradictorios: por un lado, el alejamiento de un número cada vez más consistente de personas de la religión tradicional (en Europa, los “practicantes convencidos” ya son una minoría) y, por otro lado, asistimos a un “renacimiento religioso” que a menudo se revela ambiguo, superficial, infiltrado por el ocultismo, o por un “intimismo” individualista. Por lo tanto, una religiosidad que hay que verificar, purificar, “liberar” de la “pura tradición”: hay que “reencarnarla” en la vida personal, familiar, social, culñtural, enraizada en la solidez de la Palabra de Dios.

LA MORAL DE LOS "ISMOS"
Entonces: la religiosidad carente de raíces y convicciones no podía dejar de influir en la conducta moral del pueblo cristiano; en el siglo XIX nacen y se desarrollan el individualismo y el subjetivismo, que desemboca, después, en el relativismo religioso y moral. Ya no se acepta un principio (hasta entonces, había sido el Evangelio) de donde sacar los valores morales reconocidos válidos para todos; de esta manera se ponen las bases del subjetivismo, que no acepta ninguna norma externa, por contradictoria con la libertad del hombre: en esta óptica, existen sólo “el yo individual” y cada moral es válida porque se refiere al individuo que la crea.
Hoy: estas “conquistas” del pensamiento, pasaron a ser “dogmas” intocables, “verdades” adquiridas y defendidas por la cultura dominante y aceptadas por muchos que, sin embargo, se profesan “cristianos y creyentes”. La “cultura radical” reconoce sólo la autoridad del “propio yo” (libertarismo) que dicta los cánones de la felicidad que hay que alcanzar con los medios que cada uno crea aptos para su fin, y el derecho de decidir en los ámbitos de la propia vida. La moral católica es condenada al silencio por ser “externa” al hombre y opresora de su libertad. Nuestro tiempo es conducido por el individualismo ético que penetra también en el campo político-social y por el relativismo también religioso: se sostiene la pluralidad de la verdad, la igualdad de todas las creencias. A esto se agrega el escepticismo sobre la capacidad de la razón humana de alcanzar la verdad y el indiferentismo por el cual no vale la pena buscar la verdad y seguir una doctrina religiosa.

ÉTICA Y SOCIEDAD
Entonces: el siglo XIX es el siglo del crecimiento de la burguesía. El objetivo esencial es acumular riquezas, expandirse sin límites, producir. La consecuencia ética y social es la búsqueda del provecho a cualquier costo, y el dinero y las riquezas son impuestos por el capitalismo como absolutos que ponen fuertemente en evidencia las desigualdades sociales. El valor supremo: producir para crear riquezas y bienestar, pero (en definitiva) para pocos.
Hoy: las condiciones de la gente son indudablemente mejores que antes y son muchas las conquistas sociales para beneficio de todos. Pero se hace más grave –por las dimensiones planetarias alcanzadas- la “cultura” del siglo XIX y constituye la mentalidad moderna: el provecho, la riqueza, el éxito, la afirmación de sí son para muchos los valores de la vida y el individualismo es el “camino” para alcanzar esas metas, sin escrúpulos y sin compartir con los demás. La “riqueza” pasa a ser el espejo en el que reflejarse para verse a si mismo; la “cultura de la apariencia”, del “tener” por encima del “ser”, del egoísmo, es elevada a regla de vida.
En síntesis, las dos épocas  proponen en mismo problema: volver a inspirar la vida moral, social, cultural, política con los valores evangélicos, ciertamente no para “envolver” la sociedad en la “espiral” de la Iglesia, sino para dar una contribución a la formación de una cultura individual y colectiva que sepa poner en primer plano las verdaderas necesidades de la persona humana, que, por eso, esté en condiciones de abrirse a la dimensión verdadera y total (que es humana y transcendente) del hombre.

¿ Y ENTONCES ?
¿Cómo respondieron San Miguel y nuestros primeros Padres a los problemas de su tiempo, que, como vimos, son tan semejantes a los nuestros? ¿Qué caminos –entre los tantos posibles- privilegiaron? Sólo algunos enfoques que considero inspiradores para nuestro hoy.
San Miguel sintió profundamente esta misión, mirando a la sociedad de su tiempo herida por la Revolución. Fundó la Congregación como un “camp volant” justamente para anunciar la Palabra de Dios en distintos sectores de la sociedad y de la cultura de su tiempo, considerando que la Palabra era el instrumento adecuado para cambiar concepciones intelectuales y conductas morales.
Hoy: se necesita, como en los tiempos del Fundador, una evangelización capilar, capaz de penetrer duras capas de indiferencia, de superficialidad, de tradicionalismo. Se necesita un testimonio fuerte y creíble, que pueda ser comprendido en un ambiente histórico-cultural que perdió el gusto del Evangelio y que lo relega a la vida privada. Se necesita –como entonces- un anuncio iluminado (con personas preparadas para la lectura de los “signos de los tiempos”) apto para recrear la relación entre la fe y los varios sectores de la vida colectiva, (familiar, social, política) para volver a llevar la inspiración cristiana a las diversas y complejas dimensiones de la existencia.
San Miguel comprendió la urgencia y la necesidad de la formación de las conciencias, en primer lugar de las personas y de las instituciones centrales para la sociedad. Por eso, la atención al mundo juvenil (por medio de la escuela y otros ámbitos propios), a las familias (lugar de convergencia de tantos factores vitrales), a la catequesis (para una formación cristiana no superficial), a la predicación (para el anuncio actualizado de la Palabra de Dios). Todos sectores que San Miguel cuidó en su tiempo y que dejó como herencia  a sus religiosos, para que los desarrollen según las modalidades y con los instrumentos que el tiempo histórico exige. Para estar siempre dentro de los problemas de la cultura contemporánea.
Creo que no hace falta recordar que la Iglesia, hoy (mejor dicho, hoy más que nunca), sigue considerando estos ámbitos cruciales para la evangelización; en ellos se juega el presente y el futuro del creyente y de la sociedad. La “Nueva evangelización” exige hoy un amplio abanico de iniciativas de espiritualidad, de ideas, de propuestas, de proyectos que el siglo XIX realizó en su tiempo: catequesis y Palabra de Dios, formación cristiana y cultural, compromiso social y político de los cristianos, estudio y aplicación de la doctrina social de la Iglesia, compromiso misionero (y de todos los fieles). El compromiso de la formación para dar respuestas a estos ambientes aparece como la tarea de los consagrados (claramente, no sólo de ellos).
Nuestra Congregación tiene que eschuchar el llamado a “esclarecer los objetivos de fondo” de nuestra presencia, identificando las “necesidades más urgentes” en los campos de apostolado ya citados. Conscientes de que no somos religiosos por lo que hacemos, sino “por cómo lo hacemos y por qué y para quién lo hacemos”. La cantidad y el tamaño de las obras son secundarios. Antes debemos echar una mirada “a nuestro modo de ser”.
Hubo, en nuestros comienzos, un iluminado discernimiento y un firme coraje que llevaron a nuestra Congregación a estar en sintonía con las exigencias de la evangelización. Con pocos Padres, pero conscientes de su misión y conscientes de que se trataba, en el fondo, de recomponer la fractura entre cultura (es decir el modo de concebir y de vivir la vida, la sociedad) e Iglesia, portadora de valores, como por el pasado, esenciales para una existencia plenamente humana. Y justamente esta “fractura” es el drama de nuestro tiempo.

Hemos heredado una espiritualidad fundada sobre la encarnación (la “palabra clave” de la Iglesia de todas las épocas y sobre todo de la nuestra, cuando se habla de evangelización), sobre el programa y las virtudes del Sagrado Corazón (el Aquí estoy de su ofrecimiento al Padre resume todo esto), sobre la figura de María (que con el Ecce ancilla se pone al lado del Hijo); una espiritualidad que dice atención a la historia, como ofrecimiento de sí disponible e inteligente, presencia preciosa, consciente y discreta. Ahora se trata de encarnarnos en nuestro tiempo, con el mismo discernimiento e impulso – fraterno y comunitario- de aquella época.
Me parece que nuestras obras (inclusive las parroquiales) tienen que ser “laboratorios” de meditación de la Palabra de Dios, de catequesis, de formación humana y espiritual para jóvenes, adultos, familias, de predicación alimentada por la Palabra. Son los ejemplos que vienen de nuestra historia betharramita y son las consignas de la Iglesia de hoy.
Creo que el Capítulo General es la ocasión privilegiada para profundizar con coraje este examen de consciencia que los 160 Superiores Generales (y antes la Iglesia) nos piden que hagamos. Para ir del pasado al presente y, desde aquí, con renovada confianza, hacia el futuro.

Ennio Bianchi,SCJ


10 minutos con... el Muy Reverendo Padre Gaspar Fernández Pérez

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Justo cuando comienza el Capítulo general en Belén, la NEF ha querido hacer un resumen del periodo que acaba de pasar con el P. Gaspar Fernández Pérez. Es un diálogo con el corazón abierto con el Superior general.

Nef : 14-31 de mayo, dos fechas simbólicas para una cita importante…¿ cómo se sitúa en esta nueva etapa?
- Vivo este momento con sentimientos contradictorios. Por un lado tengo muchas ganas de vivir este momento importante de la Congregación, el Capítulo general de Belén, por lo que significa de vivencia de la fraternidad, de la internacionalidad y del discernimientos de la vida de la Congregación. Por otra parte, estoy un poco nervioso porque es el momento de responder ante los representantes de todos los vicariatos de la vida y misión de la familia de Betharram durante estos últimos seis años.

¿Cómo ve la Congregación?
- La veo con mucha vida y con mucho dinamismo. También aquí por un lado estamos terminando una etapa marcada por la cultura europea y nos estamos abriendo, de verdad ya, a una etapa en la que habrá que responder a los desafíos de una mayor interculturalidad. Hemos hecho bien los deberes que nos pedía el Vaticano II, se está haciendo más consistente la dimensión mística redimensionando el carisma, se está afianzando la vida de las comunidades, se ha enriquecido la misión, la formación está encontrando la claridad y el rigor que le da seriedad, la colaboración con los laicos es muy importante tanto para vivir la espiritualidad como para compartir la misión.

¿Se puede dormir tranquilo cuando le llega toda la vida de los religiosos?
- De por sí no tengo un sueño fácil,  pero puedo decir que, gracias a Dios,  no han sido los problemas de los religiosos los que me han quitado el sueño. Mientras no se pruebe lo contrario, yo tengo confianza en cada uno de los religiosos porque ha sido discernida su pertenencia a la Congregación. De San Miguel Garicoits he aprendido a decir “no soy capaz, no soy digno, es más puede que sea incapaz e indigno, pero una Palabra tuya bastará para hacerme capaz y digno. No me niego a nada, me presto a todo, incluso a la muerte con tal servirte y agradarte” (C.T.I, c. 46). Estoy convencido de que soy muy limitado y que tengo que confiar en el Señor, que si me pidió este servicio, me dará la gracia de estado para realizarlo.

Como Superior general, cuál ha sido el acontecimiento más doloroso vivido en estos seis años?
- Ha sido muy duro firmar los decretos de expulsión de dos religiosos. Pero lo más duro ha sido la visita a Costa de Marfil en septiembre de 2009. Después del retiro que yo mismo prediqué, tuve que corregir por escrito a algunos religiosos, cuya conducta dejaba mucho que desear. Por el bien de toda nuestra familia, tenía la obligación de reaccionar y actuar como correspondía. Pero estaba en paz, porque todas las decisiones se maduraron con el Consejo de Vicariato. Lo que me dio más tranquilidad todavía y más confianza frente al futuro, es la adhesión a Betharram, y la autenticidad humana y cristiana, que pude apreciar en la mayoría de los religiosos y de los jóvenes en formación.

¿Qué es lo que lo ha hecho feliz  – y lo sigue haciendo – en el ejercicio de su cargo?
- Es un privilegio ser testigo de la acción de la gracia de Dios en algunos hermanos que con el acompañamiento espiritual y de otro tipo han sabido responder con fidelidad al don de la vocación en medio de grandes crisis y dificultades. Me da también mucha alegría constatar que la formación betharramita va encontrando su identidad con el acompañamiento en la entrevista periódica del maestro con el formando y con los Ejercicios Espirituales ignacianos. Me ha dado mucha alegría que este año en los tres noviciados, el de Adrogué, el de Belén y el de Bangalore, se haya implementado el mes ignaciano. 

¿Cuál es su mayor motivo de esperanza para el futuro de la Congregación?
- San Miguel Garicoits nos ha dejado un carisma muy atractivo y que resulta muy actual. Seguimos siendo una pequeña Congregación. Cuando el carisma se testimonia con autenticidad y convicción los jóvenes se sienten atraídos por él. Así ha pasado en Tailandia, India, Costa de Marfil y América. Si tenemos el coraje para iniciar a los jóvenes en la experiencia de Dios con los ejercicios ignacianos, por ejemplo, también en Europa habrá jóvenes que quieran ser betharramitas.

El Capítulo anterior puso en marcha dos grandes asuntos: la regla de vida y la regionalización. ¿Cómo estamos seis años después?
- La organización de la Congregación en regiones fue decidida en el Capítulo general de 1999 y le puso los nombres. El Capítulo de 2005 dio las leyes necesarias para que pudiera ponerse en práctica en la segunda parte del mandato. El 1 de Enero de 2009 se puso en marcha la nueva organización en Vicariatos y Regiones.
Todo parecía muy sencillo, pero en la vida hemos tomado conciencia de las dificultades. Se pensaba que todo era simplificar. Pero no es tan así, la vida es muy compleja: algunas cosas se simplifican y otras se complican. Pero, según mi opinión, la regionalización no tiene marcha atrás. Así se han manifestado también los Capítulos regionales. El futuro se juega en la tensión de la unidad de la congregación, realizada respetando la diversidad cultural de los Vicariatos. La región es también un elemento de unificación de los Vicariatos, las comunidades y las personas, que constituyen la vida de la Congregación. El Capítulo general de Belén tiene que evaluar lo que se ha hecho y corregir lo que se había pensado y no sirve después de haberlo experimentado.
La revisión de la Regla de vida está en relación con el proyecto de la regionalización. Para implementar ese proyecto había que adaptar la Regla. Con este fin el P. Francesco nombró la comisión correspondiente en 2002. Se ha trabajado mucho. Respetando el trabajo hecho en 1969, se ha incorporado toda la reflexión sobre la vida consagrada y sobre el carisma en estos últimos cuarenta años. Pensábamos terminar antes, pero la experimentación de la regionalización en estos dos años nos llenó de realismo y nos obligó a corregir algunas cosas a última hora, Estoy convencido de que el gran trabajo ha dado como fruto un documento muy rico que expresa bien nuestra identidad y que tiene que renovar la vida de la Congregación.
Al lanzar la etapa de prueba, insistió en que se trataba de una oportunidad espiritual ¿Cuál es su evaluación? - El tiempo de prueba ha sido muy breve, dos años y medio. Pero hay signos muy positivos. En algunos vicariatos se hizo el retiro anual sobre la “Narratio fidei”. Tenemos que ser capaces de atrevernos a hablar entre nosotros, en comunidad de lo que Dios hace en nuestra vida y de aquellas situaciones en que lo vemos actuar hoy en el mundo. Este ejercicio de la “Narratio fidei” se hace en el Consejo general, en el de Congregación, en los regionales , en algunos consejos  de Vicariato y en algunas comunidades.  Es fundamental que todas nuestras comunidades recuperen el rol del Superior como animador de la vida espiritual de la Congregación. El Consejo de Congregación de Bangalore pidió que se hiciera un encuentro de superiores en cada Región. Dos regiones no pudieron hacerlo, pero es fundamental para que recuperemos la hondura espiritual y testimonial de nuestras comunidades. 

¿Qué prioridades misioneras prevé para Betharram en fidelidad al carisma y en consonancia con las necesidades actuales?
- La primera prioridad misionera es la formación de comunidades internacionales. La Congregación primero desde Francia, después también desde España, Italia e Inglaterra misionó en América, Tierra santa, China, Thailandia, Marruecos, Argelia, Costa de Marfil, África Central e India. Hoy, Betharram tiene que seguir siendo misionero pero cambiando de dirección. Sin abandonar los nuevos proyectos de Asia, Africa y América, tienen que venir misioneros a Europa para dar consistencia a algunos proyectos fundamentales que permitan un nuevo despertar vocacional en nuestras comunidades de Europa. Miramos con atención lo que va pasando en China, con quien quedamos en deuda en 1951. Y nos llegan desde Vietnam algunos guiños vocacionales del Espíritu Santo, que es quien regaló a San Miguel Garicoits el tesoro de nuestro carisma.

¿Hay alguna frase o aspecto de san Miguel que haya tomado importancia desde 2005?
- Me gusta mucho San Miguel acompañando la vida de las comunidades betharramitas a través de sus cartas, en especial la comunidad del Colegio Moncade de Orthez y la naciente comunidad misionera de Argentina. Al P. Diego Barbé, Director del Colegio San José le dice: ¡Es ciertamente incalificable! ¿Pero qué quiere? Cuando se tienen ideas fijas, resulta difícil deshacerse de ellas; y además, se cree que se pierde el tiempo cuando las cosas no caminan según las invenciones de nuestra imaginación; y lo peor es que no se sabe comprender, saborear y abrazar corde magno et animo volenti et constanti una oscuridad, una esterilidad, los fracasos a los que uno se ve reducido por obediencia. Es el maná escondido desgraciadamente todavía para muchos. (C.T.I, c. 163). Parecen palabras para nosotros. El maná escondido es nuestra unión con Cristo, que nos hace relativizar todo. Los problemas vienen muchas veces de nuestra falta de fe y de los comentarios que se siguen que son destructivos y que no dan ánimo como ocurría con los chismes que corrían sobre el colegio de Orthez.

¿Un deseo o una oración para terminar ?
- Al final de estos seis años sólo puedo agradecer a Dios por la confianza que me manifestó a través de mis hermanos en el último Capítulo general. Primero por elegirme a mí, un pobre tipo, de una humilde familia, de un pequeño pueblo, de una región desconocida. También por la delicadeza de elegir a un betharramita de España, que nunca ha sido una entidad significativa de la Congregación. Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra… Ita, Pater, porque así lo has querido… Le agradezco también la gracia de haber conocido toda la realidad de la Congregación durante estos seis años y por hacerme testigo de las maravillas que obra en nuestros hermanos y las maravillas que hace por medio de ellos para la salvación de los hombres. Por lo que he vivido en estos seis años al servicio de Betharram, sólo puedo decir con el salmo: El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. (Sal. 16, 5-6)

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5. PROFECÍAS DE LA HERMANA MARÍA 

Fueron muy numerosas, algunas como metáforas orientales, difíciles; hubo profecías sobre las etapas de su vida y sobre su muerte, antes de los tres años de estadía en Belén. En 1868, mandó que alertaran a Roma porque una caserna cerca del Vaticano había sido dinamitada: No se tuvo en cuenta la advertencia. La caserna explotó, sepultando a un grupo de músicos: Se acordaron de eso, en ocasión de otras advertencias dadas durante el Concilio.
Puedo aportar un testimonio personal, en este campo. En 1925, el M.R.do P. Buzy, su biógrafo, nos habló de una de sus profecías anunciando que Betharram habría asumido la dirección del seminario Patriarcal. Agregó que, según él, la profecía se había realizado ya en 1921 cuando, con el P. Audin, dio unos cursos en el Seminario. Con mi cofrade inglés, el P. Waddoups, pensamos que el padre tenía demasiada buena voluntad en este asunto. Pero, en 1932, vivimos los dos la verdadera realización de esta profecía. El patriarca Barlassina (1920-1947) había pedido que Betharram asumiera la dirección de su Seminario. Fue rechazado. Pero el Superior General agregó una línea imprudente: que en caso de “problemas insolubles” haría todo lo posible. El Patriarca Barlassina creó la situación de “problema insoluble” agradeciendo a los profesores benedictinos del Seminario, el 30 de junio. En agosto, renovó el pedido a Betharram. Nueva negativa. Pero entonces, por intermedio del P. Buzy, el Patriarca recordó la frase del M. R. P. Paillas. Esta vez el Consejo General se consideró obligado. Fue así que Betharram asumió el Seminario patriarcal, casi a la fuerza. El P. Waddoups y yo mismo, encargados de esta fundación, estuvimos de acuerdo, esta vez, al ver en eso la realización de la profecía de la Hna. María.
La Hermana fue también objeto de posesión angélica, en Pau y después en la India. Las posesiones diabólicas, en los límites impuestos por el Señor, fueron consideradas por los dos grandes expertos en mística, el P. Garrigou-Lagrange o.p. y el P. Mager o.s.b., como purificaciones pasivas, bastante terribles.
Hubo también, en su vida, en 1876, un caso de bilocación, en beneficio de una santa religiosa de San José, la Hna. Josefina Rumèbe. Cuando era moribunda en Chipre, ella vio a la Hna. María ir a su encuentro para asegurarle que no moriría, porque tenía que hacer mucho bien aún. De hecho, así sucedió en Tierra Santa, hasta su muerte en 1927; entre otras actividades, creó el monasterio y el santuario del Arca de la Alianza, en Abougosh. En 1878, en Yafa, la Hna Josefina reconoció con alegría a la Hna. María entre las Carmelitas de Belén, de camino hacia Nazaret.
Analfabeta y sin ninguna cultura, disponiendo sólo de un francés muy pobre y estropeado, mezclado con el árabe, sin embargo, daba prueba de verdadera poesía, en sus éxtasis, con poemas, cánticos, parábolas. Una Hermana que escuchaba, decía: “Había algo de suave, de infantil, de celestial en sus gestos, su mirada y toda su voz. Tanto que las palabras que reportamos son muertas frente a la vida y al énfasis que ella le metía”. Su voz quebrada recuperaba entonces su claridad y su calor. Es de una de sus éxtasis que nació la linda oración al Espíritu Santo.

Espíritu Santo inspírame
Amor de Dios, consúmeme,
Al verdadero camino, condúceme.
María, Madre mía, mírame.
Con Jesús, bendíceme,
De todo mal, de toda ilusión,
de todo peligro, presérvame.

Pierre Médebielle,SCJ
Jérusalem (1983, pp. 201-239)

 

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