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31/03/2011

Noticias en Familia - 14 de abril 2011

Sumario

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La palabra del Padre general

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La primera comunión de San Miguel Garicoits

El próximo 2 de Junio de 2011 en Garris, la parroquia de Saint-Palais va a celebrar el bicentenario de la primera comunión de San Miguel Garicoits. Participarán de ella algunos betharramitas del Vicariato de Francia. La celebración comienza en Oneix con una conferencia, seguida de la procesión con las reliquias del Santo hasta Garris, donde será la Eucaristía.
Parece que era costumbre celebrar las primeras comuniones en la Fiesta de la Trinidad, que el año 1811 fue el día 9 de Junio. El joven Miguel Garicoits tenía 14 años. Fue difícil para Miguel llegar a ese encuentro con Jesús en la Eucaristía.  La influencia nefasta del rigorismo jansenista hacía pensar a Miguel, que no podía evitar ser travieso, que nunca sería digno de este encuentro íntimo con Jesús. Pero el Padre de Jesucristo se las arregló para revelar a Miguel que es un Dios-Amor y no un dios de terror.
Miguel, en su trabajo de pastor como criado de la familia Anghelú en Oneix, pasaba muchos momentos de soledad que llenaba con los cantos religiosos que conocía de la iglesia, con el estudio del catecismo y en pensar y pensar. Vivía una lucha interior entre lo que le decían y lo que, según él, tenía que ser Dios. Hasta que un día el Padre, que tiene una predilección por los pequeños, lo consoló con una luz interior, revelándole el amor que tenía por él, Miguel. Tan absorto estaba, gustando este gesto delicado del Señor, que volvió en sí cuando se golpeó contra la pared del campo donde estaban las ovejas. Esta experiencia la narró Miguel a algunos de sus confidentes.
A partir de ese momento se tomó las cosas con más tranquilidad. Seguía teniendo ganas de encontrarse con Jesús en la Eucaristía para gustar ese amor de Dios, pero, por otra parte, se resignaba a los ritmos de las personas responsables, con las que no compartía los motivos del rigor, porque había descubierto al Dios-amor. Seguro que todo esto que vivió habrá contribuido a que este primer encuentro sacramental con Jesús haya sido muy intenso. Es a partir de ese momento que la vocación sacerdotal de Miguel comienza a manifestarse sin dar lugar a dudas.
Es la oportunidad para que los hijos de San Miguel Garicoits nos examinemos sobre lo que significa la Eucaristía en nuestra vida de discípulos-misioneros de Jesús, anonadado y obediente. El encuentro con Jesús en la Eucaristía no nos deja nunca indiferentes, nos va haciendo cada vez más semejantes a Jesús, como hizo con Miguel Garicoits, aunque no lo pensemos y muchas veces estemos distraídos.
Cuando, como Jesús en la última Cena, tomamos el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, aceptamos nuestra condición de creaturas, que reciben todo de la bondad del Padre bueno para seguir viviendo con sentido y alegría. “Suscipe, Tomad, tomad” decía San Miguel ofreciéndose. Como él entregamos a Dios nuestras personas para que las transforme y las haga dignas de Jesús, del Padre y del Espíritu Santo.
Cuando, como Jesús en la última Cena, damos gracias y bendecimos a Dios por el pan y el vino nos unimos a Jesús, quien con toda su vida fue una  bendición, “buena Palabra”, alabanza, agradecimiento al Padre bueno por su amor hacia Jesús y hacia nosotros, manifestado en todo lo que somos, valemos, tenemos y en lo que sucede en nuestra vida: las maravillas del Señor.
Cuando, como Jesús en la última Cena, partimos el pan, lo rompemos, lo hacemos pedazos, porque es la única manera de que pueda ser distribuido, compartido por todos. Participando de la Eucaristía ni podemos acaparar los bienes, ni podemos proteger nuestras personas. Tenemos que desvivirnos, molestarnos, sacrificarnos, desinstalarnos por los demás como Jesús, quien con su muerte en la cruz se hizo Pan para poder dar vida a todos: perder la vida para encontrarla, como el grano de trigo.
Cuando, como Jesús en la última Cena, damos el pan y pasamos el cáliz del vino, estamos recibiendo el Cuerpo entregado y la Sangre derramada de Jesús, hecho don de Dios para nosotros. Y, comulgar de este cuerpo entregado y de esta Sangre derramada nos hace entrar en la dinámica del amor, arrastrándonos en su don para que entreguemos hoy nosotros nuestra vida como El por nuestros hermanos.
Cuando, como con Jesús en la última Cena, comemos de este Pan y bebemos de este Cáliz, nos unimos a Aquel que comemos y bebemos, entramos en comunión con él. Comer y beber implica asimilar aquello que comemos y bebemos, que entra a ser parte de nosotros mismos, o nosotros parte de aquello que comemos: Somos asimilados a Jesús cada uno personalmente, eso es la vida cristiana, eso es ser discípulo de Jesús.
Cuando, como en la última Cena todos comen y beben se está expresando la comunión eclesial que pedimos en la epiclesis: Fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu ( Plegaria Eucarística III).  Al comer todos el mismo pan partido, el Cuerpo entregado de Jesús y al beber el vino bendecido, Sangre derramada  por todos, es la persona de Jesús que se hace presente en todos y por el hecho mismo es capaz de unir lo diverso, hacer de todos el Cuerpo vivo de Cristo en la historia, que es la Iglesia.
Al ser comido por todos el Pan, que fue partido en tantos pedazos, se pierde, desaparece, se consume, se esconde entre aquellos que lo comen. No se pierde, transforma a los que lo comen en el Cuerpo de Cristo vivo que pasa hoy por el mundo haciendo en bien y haciéndolo entre los hombres. Lo mismo pasa con el Cáliz, el fruto queda en evidencia en el testimonio gozoso y contagioso de los que bebieron en él.

Gaspar Fernandez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe...
en su cuaderno personal, entre la fiesta de San José y de la Anunciación de 1872

Este es el tiempo en que la Iglesia invita a todos los fieles a meditar sobre la Pasión. Este es el momento en que hace brillar la cruz.
¡Salve, cruz! Ven a consolar a los afligidos, a sostener a los débiles, a convertir a todos los pecadores. ¡Qué espectáculo ver a ese Dios, anonadado, humillado, tomando un cuerpo para poder morir. Toda su vida deseó ese momento. Cuando el momento llega, dice que es su hora; la encara, se entrega…
¡Oh Dios mío! Tienes tanto empeño en morir como yo en ofenderte. Podía rescatarme con una oración, pero no, quiere sufrir todo para convertirme, sacarme del pecado, darme el horror de él, hacerme puro y apegarme a él.
En el jardín de los Olivos, tiembla, suda sangre pensando en mis pecados… Delante de sus jueces, Jaifás.Pilato, Herodes sufre con mansedumbre calumnias, bofetadas, escupitajos, para espiar la maledicencia, la cólera, la palabra deshonesta. ¡Oh, Dios mío! Todas esas rabias son bofetadas. Todas esas palabras horribles son escupitajos…
¿No es todo? ¡Oh, Dios mío! No. Tengo que morir por tu amor. Si no te conmueve verme en la cruz: “Atraeré todo a mí” (Jn 12,323).
Sube. Su Santa Madre lo sigue. ¡Qué espectáculo para ella, verlo arrastrado, escuchar las impiedades! ¡Qué dolor para ella, escuchar los martillazos! ¡Qué dolor ver a los dos ladrones!… ¡Qué espectáculo ver a la más pura de las vírgenes, frente a su hijo crucificado!  Ver a ese hijo que, que es el mismo Dios. “Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos los hombres”.
E instituyó ese sacrificio para perpetuar el recuerdo. Aquí se entrega, la comunión, vengan a mí, y este es el tiempo en que hay que prepararse.
Pobres pecadores, es Dios que los llama desde lo alto de su cruz. Esto es lo que me hicieron sus pecados, esas malas confesiones. ¿Qué harán ustedes? ¿Se resistirán a su voz? Pero ¡qué mal si hicieran inútil todos su dolores!...
¡Oh, Dios mío! A cada pecado mortal he como merecido el infierno. Cada vez he como renovado los sufrimientos de Dios. La cruz: este es el amor de Dios. Su alma.


Prepararse espiritualmente al Capítulo general

Georges de La Tour - Nativité (1645)
  

LA INCARNACIÓN : DIOS EN LA DEBILIDAD UMANA
4. La Humildad: un combate y un don 

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El Omnipotente ha querido compartir nuestra debilidad asumiendo la condición humana: es el misterio admirable de la Encarnación, que es el núcleo de nuestra espiritualidad. El carisma de Betharram, “El Aquí Estoy del Corazón de Jesús” es un tesoro que no tiene nada que se le pueda comparar; se nos ha regalado y nosotros lo llevamos en “vasijas de barro”.

Este es la ultima cita para prepararse espiritualmente al Capítulo general de Belén (14-31 de mayo de 2011) con el retiro predicado en Adiapodoumé el pasado diciembre.

Esta humildad de Dios, esta discreción de Dios tenemos que saber integrarlas en nuestra vida espiritual. Es una conversión nunca acabada. El anonadamiento del Hijo fue el modelo perfecto: “Tenemos que apegarnos a la humildad, anonadarnos. Aceptar con gusto no ser vistos en el mundo. Nuestro Señor Jesucristo se anonadó, aun siendo Dios, porque también era hombre. Y a pesar de ser también hombre-Dios, anonadó su humanidad, que miraba como nada delante de la divinidad… Se anonadó en su nada. Más uno se pierde en sí, más se encuentra en Dios y en un muy mejor estado, santificado, transformado, divinizado” (DS 176). “Nuestro Señor Jesucristo nos lo dijo: hay que tomar el último lugar. Él lo tomó. Si tuviéramos horror de nosotros mismos, descubriríamos que nos va muy bien. No nos compararíamos a los demás: en el último lugar hay sólo un lugar: no hay que comparar ni que elegir” (DS 175).
Pero, para poner en práctica esta virtud, San Miguel Garicoits nos señala un grande obstáculo: el Orgullo es el obstáculo a la humildad. Aquel que es humilde se reconoce criatura de Dios y, por lo tanto, sabe que no es Dios; Dios es su Señor y su Dueño. El prójimo, para él, no es un competidor que hay que rebajar para dominarlo, ni que hay que combatir bajo el pretexto de que nos incomoda, sino que es un hermano creado a imagen de Dios y salvado por Jesucristo, tanto como yo. De ahí esta fórmula de San Miguel Garicoits que nos cuesta interpretar en su justa medida: “Dios todo, yo nada”. Esta fórmula se entiende en el sentido de nuestra dependencia en relación a Dios; es lucidez: “Dios todo, yo nada sin él”.
“El orgullo, esa es la fuente de todo mal, la llaga más profunda: ¡que yo me eleve! Dios, para curarla, dice: ¡que yo me rebaje! Podía haber hecho brillar su divinidad. Pero veía la llaga de mi corazón, ese deseo de brillar: ¡qué yo me eleve!... Y yo, dice Jesús: ¡que yo me rebaje! El Verbo desciende más abajo de los ángeles, en la más pobre choza, en el más miserable poblado. Y después, rebajamientos sin fin, durante treinta y tres años, hasta el de la cruz. Nuestro Señor pareció lo que no era, lo que no podía ser, pecador, culpable de todas las faltas. Soportó todos los insultos, los reproches más sanguinarios, los escupitajos, la vestidura de loco, la cruz” (MS 143) “¿Cuándo entenderemos que, de todos nuestros deberes, el primero y más indispensable y al mismo tiempo el más precioso, es el de presentarnos constantemente a Dios y a sus representantes, reconociendo nuestro nada, abandonándonos a ellos, pasando desapercibidos y entregados, diciendo cada uno: “Aquí estoy” (Correspondencia I nº 163).
Esta pobreza y esta humildad de Dios que nos fueron manifestadas en Belén, nos invitan a considerar la debilidad humana como el lugar escogido de la encarnación. Integrar esta realidad, es asumir nuestra condición de creatura en lugar de ponernos en lugar del Creador. Es ponernos en la correcta relación con el Padre, que quiere que seamos hijos muy amados. Es darnos más posibilidades de lograr nuestra vida, movilizando todas nuestras energías para las superaciones indispensables de nuestras tendencias centradas en nosotros mismos y poniendo toda nuestra confianza en ese Dios Padre capaz de transformar todas nuestras debilidades.

Laurent Bacho,SCJ
sacado del retiro a la Fraternidad Nè Mè (Adiapodoumé, 18 de diciembre de 2010)


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Betharramitas, ¡ sí a la Vida !

Comienzo de 2011, en una carta circular, el P. Gustavo Agín, Superior de la  Región Padre Augusto Etchecopar, citaba a un religioso que se expresaba sobre el lema de año de los Vicariatos de América latina. Cerca del Capítulo general, la NEF se hace eco de esa llamada: un aliciente para toda la familia de
Betharram.

¡Sí a la Vida! La Vida que cada uno de nosotros ha recibido como don y vocación del Padre; la Vida de todos los seres, de toda la creación, soñada y querida por Dios; de toda la Vida humana en su conjunto, millones y millones de vidas, de historias, de gente; la Vida de nuestro carisma betharramita y la espiritualidad de San Miguel, la Vida de nuestros hermanos que a lo largo y ancho de nuestro continente sienten la vida y la fe amenazadas.
¡Sí a la Vida!, con una conciencia global de la Madre Naturaleza, de esa gran creación de Dios puesta al servicio del hombre, con una ecología que respeta, escucha, se nutre de los dones que están a nuestro alcance; pero sin abusos, sin contaminación, sin desperdiciarla como mero stock de recursos baratos…
 ¡Sí a la Vida!, porque la respetamos desde el momento de su gestación, la queremos, la amamos. Y así queremos cuidarla, protegerla, afianzarla y acrecentarla. Reconocemos que todo es don del Padre en Jesús por la Fuerza del Espíritu. Queremos hoy cuidar la Vida. Es como sucede con una mujer embarazada: ante cualquier señal de peligro, abraza con todo su ser el seno en el que se gesta la vida nueva, la protege, la cuida. Así queremos tratarnos nosotros. Y nos sentimos hermanos de tantos hermanos que sufren, los marginados, los sobrantes, los pobres, los niños y los jóvenes, los ancianos, las madres solteras, los que son explotados y esclavizados, los que sucumben frente al droga y al alcohol, los que están presos de su violencia y de su miedo, los que están encerrados, los que se cerraron a la Nueva Buena de la Vida de Jesús, los que no tienen Dios, los que se quedaron sin tierra, sin hogar, sin familia, los enfermos, los que agonizan, los que tienen la vida y la fe amenazadas…
¡Sí a la Vida!, porque somos hermanos, religiosos y laicos y así nos sentimos. Y de esta manera también compartimos una misma misión, la de Jesús, la de Miguel y la de tantos betharramitas: lograr para los demás la misma felicidad. Nos sentimos salvados y liberados por este Dios-Amor y queremos proclamar esta Buena Noticia al mundo entero, queremos gritar con nuestra Vida que Jesús es lo mejor que nos pasó y que somos por eso felices. Queremos poner de manifiesto que la Vida reclama y la Vida compromete. Queremos defenderla y queremos acrecentarla: en nuestras comunidades religiosas, educativas, juveniles y parroquiales. Queremos tener siempre la Vida nueva de Jesús, que lo llenó y lo impulsó a entregarse siempre por entero a la Voluntad de Dios y vivir así su Pascua y salvarnos del poder del pecado. Queremos hacer de la Pascua de Jesús nuestro modo de vida…
¡Sí a la Vida!, ese es nuestro grito de batalla ante tanta cultura de muerte, que discrimina, separa, divide, mata. Cultura de la que se impregnan la TV, la radio, la Internet y los demás medios de comunicación; cultura que banaliza la Vida, la reduce, la pone en riesgo, la denigra, la sexualiza, la hace un mero instrumento a merced de estructuras de poder: político, económico, mediático, social y religioso. Hoy le decimos ¡No! a la cultura de la muerte y le decimos un ¡Sí! firme, seguro y fuerte a la Vida y a su cultura, que dignifica, levanta, pone de pie, abraza, escucha, comprende, tolera, ama, no le teme a la diversidad, no discrimina, pone de manifiesto lo común y realiza proyectos, sueña a lo grande, se apasiona por los niños y los jóvenes, los pobres y los necesitados. Una Vida que se hace familia entre un varón y una mujer, que se hace hijos y nietos, que dura, que amasa realidad y es escuela de amor, ternura y cariño…

Gustavo Agín,SCJ


 
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Los inicios de la Misión betharramita a El Siambón

Somos Tomás y Natalia y vinimos como misioneros betharramitas a fines de febrero a una zona rural del norte de Argentino. ¿Cómo comenzó todo? ¿Cómo llegamos aquí? Los caminos del Señor son inescrutables e impredecibles pero misteriosamente, quien sabe desde cuando, el iba preparando nuestro corazón… de a poco nos iba hablando en nuestro interior, en los sucesos de la vida diaria, en la pareja…
Nos casamos hace dos años y medio, ambos estudiamos Teología y comenzamos la Facultad cuando pensábamos que la vida religiosa era nuestra vocación, pero luego ya como laicos volvimos a elegir la Teología aún cuando muchos nos preguntaban qué sentido tenía estudiar eso siendo laicos, pero quien iba a imaginar pasa que años después el Señor nos iba a poner en un lugar donde es tan necesaria nuestra formación.
En nuestro primer año de casados tuvimos muchas dificultades económicas, laborales y de vivienda, que incluso llegaron a afectar la salud de uno de nosotros. Pero a comienzos del 2010 algunos sucesos providenciales hicieron que las cosas cambiaran completamente: ambos conseguimos un trabajo que nos gustaba mucho y nuestro sueldo mejoró notablemente. Estábamos atravesando la etapa de estabilidad y comodidad que tanto habíamos anhelado, pero ¿era eso lo que queríamos? En el fondo ambos sabíamos a qué nos estaba llamando el Señor pero nos parecía una locura y no podíamos hablar de ello seriamente, ya habíamos intentado años atrás, antes de casarnos, llevar a cabo un proyecto de vida de estilo misionero pero las cosas no habían funcionado.
En diciembre de 2010 nos llegó por medio de Gustavo y Roxana, matrimonio misionero betharramita, la invitación para misionar en Santiago del Estero el mes de enero, ambos vimos esta invitación con la intuición de que sería una oportunidad para el discernimiento. Hemos hecho propias las palabras del papa Juan Pablo II a comienzos del segundo milenio: “La misión comienza en el sitio donde uno vive. Pero la misión ad gentes está confiada, hoy más que nunca, también a los fieles laicos a sus asociaciones y movimientos. Que la Gracia que les ha sido concedida los convierta en peregrinos capaces de dejar sus casas y sus seguridades para ir a compartir las riquezas insondables de Cristo a donde el Señor los llame, a donde la Iglesia tenga necesidad de ustedes”…
Después de la misión de Santiago, renació en nosotros con mucha fuerza aquel llamado a ser misioneros pero de una forma distinta que le hacía recobrar un nuevo sentido: “queremos ser misioneros betharramitas”, queremos transmitir y compartir aquello que vivimos en la misión, en comunión entre religiosos y laicos como una sola familia, para que más personas puedan sumarse y así conocer y gustar el carisma y el espíritu de Betharram. Y aquí estamos a El Siambon, una zona desprovista de sacerdote de la provincia de Tucumán, tratando de seguir al Señor como matrimonio Betharramita; hemos querido decir “aquí estoy” frente a una necesidad concreta de la Iglesia y de Betharram.
Haciendo un primer sondeo de las prioridades pastorales, nos dimos cuenta de la imperiosa necesidad de formar catequistas jóvenes de aquí mismo para ir generando una comunidad más madura en la fe, ya que hasta ahora era mínima la presencia de catequistas del lugar. Por eso comenzamos una búsqueda y hasta ahora se han ofrecido ocho catequistas de los cuales seis son jóvenes! Entonces propusimos un curso de catequistas a la par de las clases de catequesis para que reciban un apoyo en cuanto a su formación catequística y para generar encuentros de diálogo, de compartir fraterno y de oración. La primera reunión del curso fue este sábado, fue muy constructiva y pasamos un buen momento. También vimos mucha iniciativa de parte de los chicos...
También estamos en plena refacción de la casa en que vivimos y de la casa de retiros, las dos necesitan varios arreglos. Vamos de a poco y con la ayuda de muchas personas, especialmente de la comunidad betharramita, y de varias buenas personas que están donando muchas cosas y brindando su ayuda.
También nos gustaría que otros laicos betharramitas (y no solo de Argentina) pudieran venir aquí a hacer alguna experiencia con nosotros, hay trabajo de sobra y por el momento solo podemos empezar priorizando la catequesis sacramental, además de que tenemos nuestros respectivos trabajos.
Ciertamente nos ha costado dejar atrás toda la vida que teníamos en Buenos Aires: los amigos, la familia, las comodidades materiales, pero una vez que llegamos aquí la providencia nos ha ido mostrando el camino que tiene preparado para nosotros y  hemos ido descubriendo cada vez más patente el sentido de nuestra misión. Esto nos hace plenamente felices, sentimos esa felicidad y esa paz del que busca hacer la voluntad de Dios y servir a Cristo en los hermanos. Todavía estamos maravillados de cómo Dios nos llama a pesar de nuestra fragilidad, pero tenemos el corazón dispuesto y Él hace el resto.

Tomás y Natalia Schweitzer


5 minutos con... los diáconos Vincent, Pascal y Wilfred

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En el próximo mes de junio, tres betharramitas indianos terminarán sus estudios en Birmingham. Conversaciones cruzadas con los diáconos Pascal Ravi, Vincent Masilamani et Wilfred Perepadan.

Nef: ¿Cuáles fueron sus reacciones y sus primeros sentimientos cuando sus superiores les pidieron que fueran por 4 años a Inglaterra? ¿Cómo fueron recibidos?
- En esa época la delegación de Betharram en India estaba de duelo por el P. Xavier Ponthokkan (el superior que falleció en un accidente de auto, ndr). Yo estaba en Assam cuando mis superiores me comunicaron esa eventualidad que me entusiasmó; aunque preocupado por lo que podía suceder, estaba pronto a aceptar el desafío que se presentaba. Una vez en Inglaterra, el calor de la acogida me hizo sentir como en casa… Para mí, también, la sorpresa fue completa, cuando el P. Austin me pidió que hiciera mi teología en Inglaterra. Me dejó una semana de reflexión para darle mi respuesta. Tenía sentimientos contradictorios por la idea de terminar mi formación en el extranjero… Es verdad que la calidad de la recepción de la comunidad y de la parroquia de Olton, así como la presencia del hno. Gerard, una figura familiar a los betharramitas indianos, facilitaron la integración: estaba como en mi casa, salvo por el clima.

Esta estadía en Inglaterra, ¿fue positiva para su formación?
- Esta experiencia me dio una nueva perspectiva; esto afectó a todas las dimensiones de mi vida, intelectual, espiritual, social etc. La principal lección que aprendí se sitúa a nivel de las relaciones entre hermanos, en comunidad. Aprendí mucho, al punto que las palabras son incapaces de expresarlo… Estos tres años y medio de formación en Inglaterra me hicieron crecer en mi vocación. Ser miembro de una comunidad encargada de una parroquia me abrió a los cuestionamientos y llamados de la sociedad moderna, desde el punto de vista de la fe y de la moral. Estando al servicio de los fieles del Priorado de Olton y de personas encontradas durante las experiencias misioneras de verano, me permitió comprometerme con la gente y poner en práctica lo que aprendí en los estudios de teología.

¿Cómo el espíritu de animó en el Priorado de Olton, en el seminario de Birmingham y en su ministerio en parroquia y en la capellanía del colegio?
- La espiritualidad de San Miguel es una poderosa palanca en todos los aspectos del apostolado. Frente a los obstáculos, su lema: “Adelante siempre” vuelve a mi cabeza y me vuelve a animar. Hago lo posible para vivir ese espíritu y comunicarlo a los que encuentro… Tengo una devoción y una admiración especial por esta espiritualidad que me atrajo desde los primeros pasos en mi vocación. Mi ardor misionero se alimentó siempre de la fórmula: “Procurar para los demás la misma felicidad”. Este aspecto particular del espíritu de San Miguel fue como el norte de mi estadía aquí. Honestamente, puedo decir que hice lo mejor que pude para estar disponible a los demás, abierto a los nuevos desafíos, sabiendo escuchar y aceptar las críticas.

Según ustedes, ¿cuáles son los frutos, presentes o futuros, de este intercambio entre el Betharram de Inglaterra y el de la India?
- Pienso que este intercambio estrechó los vínculos entre los dos vicariatos. Esto me dio también la posibilidad de estrechar relaciones con los Padres y Hermanos ingleses. Es una ventaja para el joven vicariato de la India, que sacará provecho para la formación; lo es también para los vicariatos que, a lo largo de los años, se ven cada vez más desafiados por la falta de vocaciones… Sin ninguna duda, este tipo de intercambio producirá frutos. Permite relanzar la pastoral vocacional en Inglaterra, aproxima cada vez más los dos vicariatos, desde el punto de vista de los hombres y de la misión… Además, el hecho de vivir en comunidad con religiosos hermanos, en el priorado de Olton, me dio la idea de promover esta vocación específica para nuestra Congregación en la India.

¿Cuál es la experiencia más fuerte que se llevarán al volver a la India, por una parte, y, por otra parte, qué dificultades encontraron en este nuevo ambiente?
 Lo que me llevo de más precioso, lo saco de mi actividad pastoral en el Colegio de Nuestra Señora de la Compasión, el acompañamiento de los jóvenes y de sus familias. También nacieron fuertes amistades en el Servicio de Jóvenes de la Diócesis de Birmingham, que apoya nuestros grupos parroquiales. Relaciones, comunicación, apertura, estas son las palabras clave que quisiera transmitir. Sobre las dificultades, tenían que ver con el clima, la comida, la cultura, pero la amistad y el apoyo fraterno de la comunidad facilitaron mi integración… Además del trabajo misionero, otro punto fuerte de mi estadía en Inglaterra fue presenciar la visita del papa Benito XVI y la ceremonia de beatificación del Cardenal John Henry Newman, en setiembre pasado… El punto sensible, para mí también, fue el clima y el idioma: los inviernos rígidos me eran, hasta entonces, completamente desconocidos y el acento regional de Birmingham me puso en dificultad, al comienzo. Pero me adapté tanto al frío, como a los distintos acentos británicos.


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4. EN EL CARMELO DE PAU: DONES EXTRAORDINARIOS

Cuando Mariam llegó a Pau en 1867, tenía todo de un oriental: su pequeña cabeza oval, sus ojos delimitados de negro brillante, su color aceitunado, su vivacidad, su alegría de niño, su voz roca después del golpe de cimitarra de Alejandría que había afectado la tráquea, pero que acrecentaba la fascinación que ejercía, finalmente, su gesto afectuoso, como besar las manos de sus compañeras y abrazarlas.
El 2 de julio, comenzaba su noviciado. Allí tomó el nombre predestinado de María de Jesús Crucificado: el nombre de María por la gracia de su nacimiento y de la noche de Alejandría; Jesús crucificado por la gracia ya recibida y que continuaría toda su vida, de reproducir en ella el misterio de los sufrimientos de Cristo. Su subida al Carmelo sería también, para ella, una subida al Calvario.
Los dones extraordinarios se produjeron en seguida. Este caso singular fue, entonces, muy bien estudiado por personas muy serias cuyo juicio ofrece toda seguridad: el Obispo de Bayona, hombre prudente entre todos; el superior del Seminario Mayor; el Arcipreste de San Martín, que murió con fama de santidad; el P. Estrate, de los Padres de Betharram, su director espiritual.
La novicia árabe fue favorecida abundantemente de carismas extraordinarios, de los cuales por su sencillez no daban lugar a sospechar de su rareza ni de su valor. El obispo, Mons. Lacroix, pidió que las hermanas -especialmente a la hna. Verónica- que anotaran esos carismas y las palabras de sus éxtasis. Ellas, sólo transcribieron su jerga en francés correcto. Los cuadernos que llenaron, se constituirían en un material importante. Pero no había en ella, ninguna excitación enfermiza, en el arrebato de su alma.
Tuvo, como San José de Cupertino, numerosas levitaciones: ocho casos en Pau, sobre un tilo alto, y en Belén sobre un olivo más modesto. Sus arrebatos la elevaban en la punta del árbol donde quedaba, proclamando su amor. Una orden de la Priora la traía de vuelta inmediatamente, siempre modestamente, a través de las extremidades exteriores de las ramas, en sí, incapaces de sostener su peso.
Los estigmas de los pies y de las manos ya aparecidas en Marsella, volvieron regularmente en Pau, comenzando el jueves y continuando hasta el viernes de noche, sobre todo en Cuaresma y en la Semana Santa. Eran la sangrante reproducción de las llagas del Señor, en los pies, en las manos, en el costado y alrededor de la cabeza con los agujeros de las espinas.
La Hna. María tuvo la experiencia de la transverberación, como en otras épocas, Santa Teresa de Ávila. Para la Hna. María, tuvo lugar durante un éxtasis en la pequeña ermita del Jardín de Pau, el domingo 24 de mayo de 1868. Esta herida que la hizo gritar, a la vez, de dolor y de arrebato, fue verificada en agosto de 1878, cuando el P. Estrate y la Srta. Berta Dartigaux extrajeron su corazón para llevarlo a Pau. El médico mostró la cicatriz de una herida que había traspasado el corazón de parte a parte, cosa para él incomprensible en ese corazón “que nunca había estado enfermo”.

Pierre Médebielle,SCJ
Jérusalem (1983, pp. 201-239)

 

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