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20/02/2011

Noticias en Familia - 14 de marzo de 2011

Sumario

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La palabra del padre general

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Humildad y magnanimidad de un gran misionero

Este misionero es San Pablo: sus numerosos viajes, la fundación de tantas Iglesias, la fidelidad a pesar de las dificultades a la misión encomendada por el mismo Jesús resucitado, el coraje y la entrega lo hacen un gran misionero. Hizo todo por la misión por eso es magnánimo.
    Sin embargo nosotros sabemos, y también él era consciente, de su fragilidad y vulnerabilidad. Es lo que le ayuda a ponerse en su lugar para que no quede en evidencia la persona del misionero sino la de aquél éste anuncia: Jesús, el Hijo predilecto del Padre, nacido de una mujer, en cuya muerte y resurrección el Padre ha querido reconciliar a los hombres y plenificar todas las cosas.
    Les invito a hacer una lectio de las dos cartas a los Corintios, en cuyo corazón está la frase, que hemos elegido para que ilumine nuestro próximo Capítulo general de Belén: Llevamos ese tesoro en recipientes de barro (2Cor. 4,7).
    Conocemos el ardor juvenil de Saulo cuando, mientras apedreaban a Esteban, le confiaron sus mantos (He. 7, 58) y cómo él mismo perseguía con pasión a los cristianos. Pero cuando la fuerza del Resucitado que irrumpió en su vida lo tiró por tierra, se encontró y se configuró con Jesús a quien tu persigues (He. 9,5). La misma fuerza que lo tiró por tierra lo hizo levantarse y entrar en la ciudad donde le dirían lo que tenía que hacer “porque es un instrumento elegido para llevar mi Nombre a todas las naciones”(He. 9,15).
    Este encuentro dio una nueva orientación a su vida. Desde ahora se considera el fruto de un aborto (1Cor. 15, 8), se presenta ante los hombres y las comunidades débil, temeroso, vacilante, con falta de elocuencia para persuadir (1Cor. 2, 1-4) . “Si hay que gloriarse de algo, yo me gloriaré de mi debilidad (2Cor. 11,30), porque nosotros nos regocijamos de ser débiles (2Cor. 13,9), cuando soy débil, entonces soy fuerte (2Cor. 12, 10), aunque en realidad no soy nada (2Cor. 12,11)”.
    El motivo de la valoración de la debilidad de Pablo es doble. Primeramente, su condición de discípulo de Jesús crucificado, que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros(“Cor. 8,9). En segundo lugar, su condición de misionero: sólo si es vulnerable y no poderoso, los que lo vean y lo escuchen no se quedaran en la fuerza de su elocuencia y argumentos, sino que aceptaran como valioso el Jesús crucificado que él anuncia como la fuerza salvadora de Dios. Cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios… no quise saber nada, fuera de Jesucristo y Jesucristo resucitado (1Cor. 2/1-2).
    El motivo de la vida de Pablo, el contenido de su predicación, su orgullo y su gloria es Jesucristo crucificado (2Cor. 13,3-4). En su debilidad, vulnerabilidad, despojo y anonadamiento se manifiesta el poder salvador de Dios, el Padre. Nosotros predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos, fuerza y salvación de Dios para los que han sido llamados . Porque la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres  Dios eligió lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes, lo que es vil y despreciable y lo que no vale, para aniquilar a lo que vale. Así nadie podrá gloriarse delante de Dios. (1Cor. 1, 23-31)
       Su debilidad se manifiesta también en los oprobios, desprecios y persecuciones que padece por Cristo (2Cor. 4,8-18) :  Cuando llegamos a Macedonia, no tuvimos descanso. De todas partes nos acosaban las tribulaciones: luchas por fuera y temores por dentro  (2Cor. 7,5). Son los rasgos que lo identifican con el Maestro Crucificado y que lo hacen su discípulo creíble. Pero son los rasgos que lo hacen solidario también con los hombres y mujeres despreciados que necesitan el consuelo y la salvación del Dios-Amor, ¿Quién es débil sin que yo me sienta débil? “ (2Cor. 11, 29) . Son las situaciones en las que toca con su mano y en las que aprende “a no poner nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos”(2Cor.1,9). Son las situaciones en las que experimenta también el consuelo de Dios, que es lo único que llena de verdad su vida y le da fuerza para la misión. Bendito sea Dios,…. Que nos conforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.(2Cor. 1,4). Es el modo elegido por Dios para manifestarse: “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad” (2Cor. 12,9).
    La experiencia de su fragilidad no es una excusa para evitar los compromisos o limitarse en su entrega. Al contrario, confiando, no en sí mismo, sino en la gracia de Dios se lanza a la carrera y no se arredra ante ningún obstáculo para cumplir con la misión recibida del Señor. Aquí radica su magnanimidad que no se contradice con su debilidad.
       A las puertas del Capítulo general, contemplando la vida de Pablo discípulo y misionero auténtico, cada sacerdote y hermano de Betharram tenemos que examinarnos  para descubrir los verdaderos motivos de nuestra vida consagrada y de nuestra misión,  y pedir la gracia de la conversión. El futuro de nuestra familia se juega ciertamente en una pastoral vocacional bien organizada, pero se juega sobre todo en la fidelidad de los todos nosotros al estilo de vida del Evangelio que considera que Dios es lo único necesario y que para eso hay que aceptar vivir en la dinámica del grano de trigo y del lavatorio de los pies, como Jesús nos enseñó. San Ignacio de Loyola lo captó muy bien en la oblación y en otros puntos de los Ejercicios:  Eterno Señor de todas las cosas, yo hago mi oblación, …y …  yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza, de imitaros en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza, así actual como spiritual, queriéndome vuestra sanctísima majestad elegir y rescibir en tal vida y estado. [ EE.98 ]

Gaspar Fernandez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Auguste Etchécopar ecribe...
al P. Jean Magendie (Buenos Aires), el 4 de marzo de 1894

Las ordenaciones tuvieron que ser retrasadas. (…) [Los escolásticos] aprovecharon los sabios espacios impuestos por la Iglesia: porque los sentimientos que los animaban nos parecían excelentes, y que, siendo buenos religiosos, serán buenos sacerdotes, sacerdotes a imitación del Padre Garicoïts. Es duro; hacer andar así profesorado, teología, la propia santidad y la de los demás. En fin, inmolarse. Pero los hijos de familia, ¿cómo se los reconoce? ¿No es encontrando en ellos algún rasgo de su Padre? Pues véalo, toda la vida acumulando todos los trabajos más duros y opuestos; doméstico y alumno hasta el Seminario Mayor; luego, siempre maestro y a la vez esclavo; el primero y el último, como cabeza y animal de carga de la Comunidad. Sí, tenemos tanto que hacer; aunque la naturaleza grite, forcejee, se enfade… Nobleza obliga, nuestra bandera nos empujará; nuestro lema nos entusiasmará; y, lo quiera o no, usted correrá tras el olor de los perfumes de su fundador, diciendo: ¡antes morir que huir!


Prepararse espiritualmente para el Capítulo general

Georges de La Tour - Nativité (1645)
  

LA ENCARNACIÓN : DIOS EN LA DEBILIDAD HUMANA

3. La humildad: camino de verdad y de libertad

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El Omnipotente ha querido compartir nuestra debilidad asumiendo la condición humana: es el misterio admirable de la Encarnación, que es el núcleo de nuestra espiritualidad. El carisma de Betharram, “El Aquí Estoy del Corazón de Jesús” es un tesoro que no tiene nada que se le pueda comparar; se nos ha regalado y nosotros lo llevamos en “vasijas de barro”. Este es la tercera de cuatro citas mensuales: nos van a preparar espiritualmente al Capítulo general de Belén (14-31 de mayo de 2011) con el retiro predicado en Adiapodoumé el pasado diciembre.

La encarnación del Hijo quiere convencernos de cuánto nos ama Dios el Padre, ya que envía a su Hijo a vivir con los hombres una extraordinaria proximidad. Así el Padre nos muestra cómo nos estima y nos aprecia: “Es el deseo ardiente de Nuestro Señor que estemos animados por los sentimientos de su corazón” (DS 51). Ya que Dios se preocupa tanto de mí, es inútil pasar demasiado tiempo a preguntarme sobre mi valor. Somos llamados no a una existencia replegada sobre nosotros mismos sino abierta a los demás, preocupándonos de los demás (Gal 5, 22-23). Ciertamente, cada uno de nosotros necesita del amor de los demás, pero cuando esta necesidad de ser amados y apreciados se hace invasiva, perdemos nuestra libertad; gastamos nuestra energía en ser reconocidos, en vez de empeñarnos en contribuir a la felicidad de los demás a nuestro alrededor: “En la hipótesis de que una gloria igual tuviera que alcanzar a Dios por la estima y los elogios que los hombres nos concedieran, tendríamos que tener un amor de preferencia a las contradicciones y humillaciones para conformarnos completamente a los sentimientos de Nuestro Señor” (DS 49). Cuando nos preocupamos menos por nosotros mismos, las decepciones y los mismos fracasos son relativizados y considerados como parte de nuestra condición humana, sin que eso nos desestabilice y nos destruya: “Nuestro Señor vino del cielo para enseñarnos a gustar a su Padre, a cumplir sus voluntades, a estimar las humillaciones y los sufrimientos como el mundo estima los honores, a buscar la cruz con más ahínco del que los hombres del siglo, la gloria de aquí en la tierra. Dios mío, ven en mi auxilio. Señor danos gustar estas cosas. Haz que no encontremos consuelo que en los rebajamientos de tu divino Hijo”. (DS 109).
A veces esta humildad pudo llevar a desvíos; no se trata de menospreciarse comparándose continuamente con los demás, pensando que si somos débiles es por culpa de los demás: “Apreciar el propio valor de persona única e irremplazable no consiste en creerse perfectos o mejores que los demás. Esto no lleva a compararse a los demás, a entrar en competición con ellos ni a rebajarlos… El amor de sí comienza por una auténtica compasión hacia sí mismo. Lejos de pelearse por los propios errores, de reprocharse en el sufrimiento y de humillarse en los fracasos, la persona que se ama, se escucha, se consuela, se anima y confía en si misma… La persona que confía en sí misma no queda paralizada por la perspectiva de cometer errores. Si los comete, sabe repararlos; los considera como ocasiones de aprender lo que no hay que hacer… Esta confianza es alimentada por las convicciones siguientes: me siento capaz; no necesito compararme con los demás; más bien comparo mis realizaciones con las de mi pasado; acepto mi nivel actual de competencia, aún procurando mejorar siempre…” (Maubourquette 33-35). sigue

Laurent Bacho,SCJ
Del retiro a la Fraternidad Nè Mè (18/12/2010)

 


 

Cuaresma 2011

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40 dias

Desde hace algunos días estamos en Cuaresma. ¿Cómo es que en nuestras conversaciones se reduce a un período penoso de esfuerzos mezquinos e inútiles, de privaciones que se pretenden imponer con total hipocresía, como un régimen en el que no se logra creer?
Éste es el tiempo favorable, el tiempo de gracia, ese tiempo don de Dios para retomar la medida de lo mejor en nosotros. Parecería que sólo Dios cree realmente en nuestra santidad posible, en nuestro crecimiento, en nuestra expansión, en nuestra realización.
Hacer cuaresma es sumergirnos en la aceptación de este deseo de Dios. Con su genio creador, depositó en nosotros la capacidad de amar lo que se le parece. Sabe como eso puede regar nuestra existencia para que se realice en felicidad. Con nosotros, constata que la vida puede obstruir esos canales de riego.
Con su Hijo Jesús, nos propone que entremos en un camino en el que nos dejemos tentar por la escucha de lo mejor en nosotros mismos. Tienen que admitir que eso exige en nosotros un gran cambio de costumbres:
PARAR de correr contra el tiempo, de distraerse en todo sentido, de creerse indispensables, contener las oleadas de todas las necesidades que nos hemos creado y que nos hacen esclavos…
AYUNAR, lo cual no sería simplemente una cuestión de boca y de vientre, (aunque…) sino de oídos, de agenda, de ipod, de teclados o de internet, de celular y de SMS, de consumo y de velocidad…
REZAR lo que sería inventar esas playas de silencio en las que es tan lindo exponerse al sol bienhechor de la presencia de Dios y ponerse a la escucha de su soplo de vida para no quedarnos sin aire…
COMPARTIR, es decir hacer al otro, sea quien sea, la caridad de hacerse mi prójimo. Solidaridad/caridad. Estas dos palabras asociadas son, en perspectiva, como las dos caras del compartir: la caridad, es el amor así como fue puesto en nuestro corazón por Dios ny que nos empuja a amar al otro. La solidaridad es ese amor puesto en práctica en las acciones concretas en las que honramos los lazos que nos unen a cada hombre. La Encíclica del Papa Benito XVI, “El Amor en la Verdad” es, sobre eso, la referencia.
Entonces ¿podemos partir para esta cuarentena? ¡Qué lindo es ese tiempo! Por favor, no asumamos nuestras máscaras de tristeza al encararlo. El Evangelio nos invita, al contrario, a que redoblemos el perefume de la elegancia para que se haga presente la belleza del corazón, para que la Pascua llegue a coronar como un ramillete final este tiempo favorable. FELIZ CUARESMA  a todos.

Jacky Moura,SCJ

 


 

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¡Ay! ¡Esta Regla de Vida!

El poeta dice así:
    “Lo que se piensa bien se dice claramente,
    Y las palabras para decirlo vienen espontáneamente
”
Y también:
    “Apúrense lentamente sin perder el ánimo,
    Veinte veces a la tarea pongan mano a la obra,
    Púlanlo sin cesar y vuelvan a pulirlo,
    Agreguen algunas veces y a menudo borren
”
¡Se diría (casi) eterna!
Hubo que reverla. Aparecieron borradores, después otros…
1º de noviembre de 2008: un texto “ad experimentum”; (casi) definitivo, a la espera (casi) tranquila, del Capítulo General.
Enero de 2010: nos resignamos, para tener en cuenta la experiencia, la madre de las ciencias. Entonces, era (casi) seguro, el texto de 2010 llegaría hasta el Capítulo de 2011.
Nos olvidábamos del poeta. Sabia, la “comisión” retomó la tarea… ¡Otra vez! (casi) “veinte veces”; ¿para un texto pulido y vuelto a pulir?
Dos años de experiencia y tres capítulo regionales más tarde, religiosos, comunidades, vicariatos, regiones hicieron experiencia. Muchas gracias a todos y a cada uno.
Algunas frases se hicieron más sencillas: “agreguen algunas veces, borren a menudo”, lo hicimos. Algunas expresiones se hicieron … comprensibles y se dijo claramente.
El lugar de los vicariatos y el rol de los vicarios regionales fueron precisados, valorizados; y aparece el “ecónomo del vicariato”.
¿Ocho artículos de las constituciones y un estatuto sobre la “oficina de economato”? Bueno: sólo un estatuto.
Siguiendo el código de derecho canónico actual, el capítulo “Salida de la Congregación” pasa a ser “Separación de un miembro”.
Faltan dos pruebas:
El capítulo general que tiene que votar el texto definitivo (¡que otros van a cambiar!);
La vida cuotidiana para poner en práctica lo que habrá sido votado.
Apurémonos lentamente; sin perdernos de ánimo, vamos a llegar. Nuestro Padre San Miguel nos enseña:
La Iglesia católica, .los Superiores, la Regla nos muestran el camino, como carteles en una ruta importante”
Y también:
Nuestras Reglas son instrumentos de cooperación con la gracia, de camino derecho para ir a Dios y ponernos bajo la guía del Espíritu Santo; son para nosotros, como el octavo sacramento. Además encontramos allí la guía segura, monitores que nos recuerdan nuestro deber, a menudo incluso nuestra obligación de derecho natural”. (DS 221)

Beñat Oyhénart,SCJ
Comision de revision de la Regla de Vida


5 minutos con... el Padre Alessandro Paniga

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Desde hace 7 años y medio, el P. Alessandro Paniga ejerce su ministerio de capellán en Solbiate (Como) en una R.S.A. (Residencia Sanitaria Asistida) dirigida por los religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Fatebenefratelli). Le hicimos algunas preguntas.

Nef : ¿Consideras que tu ministerio de capellán en esta estructura esté en continuidad con tu minisrerio anterior de sacerdote religioso betharramita?
- En mi vida ejercí diversos ministerios: fui responsable de los clérigos, Superior del Escolasticado, profesor de literatura, animador vocacional, Superior Provincial, colaborador parroquial y otras cosas, pero el ministerio, con los enfermos mentales y los ancianos fue siempre una vocación presente e importante en mi vida, ya desde cuando, joven sacerdote, era capellán de la clínica San Benito de Albese, cerca de nuestra residencia de Albavilla. Tanto es así, que aún ahora continúo acompañando, a pesar de ser capellán en Solbiate, dos veces por semana a los enfermos mentales de esa institución. Por lo tanto, el ministerio que hago aquí, en Solbiate con los ancianos y los enfermos y con los enfermos psíquicos en Albese está en continuidad con mi gran y siempre presente deseo de dedicarme a esta clase de gente.

¿Cuáles son los elementos comunes entre nuestra espiritualidad y la de los Hermanos de San Juan de Dios?
- La acogida de los enfermos es el cuarto voto de los Hermanos de San Juan de Dios; es el elemento central de su carisma, como quiso su fundador. Aunque nuestra especificidad no sea sólo la preocupación por los enfermos, sin embargo estamos llamados a estar atentos y disponibles para con los enfermos y los ancianos. Nuestro Fundador fue muy explícito sobre el modo de recibir a los ancianos y enfermos, comenzando por los de nuestra familia religiosa: “Nunca hay que ahorrar nada para ayudar a los enfermos”. San Juan de Dios recomendaba a sus religiosos que recibieran y sirvieran al enfermo como hermano y prójimo y les decía: “Tengan siempre caridad, porque donde no hay caridad no está Dios, aunque Dios esté en todas partes”. Recordemos lo que nos dice San Miguel: “La enfermedad es un don, una gracia en los designios de la Providencia… Todo lo que hacemos con un enfermo es a Cristo mismo que lo hacemos”. Nuestra Regla de Vida nos dice: “Seguir a Cristo es comprometernos a servirlo en los hombres”. (n. 10), y que “queremos compartir las alegrías, las tristezas y las angustias de los hombres” (n 18). Este es el ministerio que estoy tratando de ejercer en esta casa para ancianos y enfermos.

Por algunos años, “hiciste comunidad” con dos hermanos enfermos internados en esta institución. ¿Cómo viviste esta experiencia?
- Cuando llegué como capellán, el P. Angel Pessina estaba aquí desde hacía ya quince años. Un  accidente de coche lo redujo a la enfermedad. Pero el P. Angel vivió siempre su desgracia con espíritu de fe, con coraje y generosidad. Se sentía muy vinculado a nuestra familia religiosa, aún estando aquí, lejos de nuestras comunidades. Se ponía muy contento cuando un hermano venía a visitarlo. Hablaba a menudo de San Miguel y de su espiritualidad. A mí me maravillaba y me confortaba. Después, cuando llegó también el P. Angel Petrelli, en 2005, tratamos de estar juntos, de rezar juntos, de vivir nuestro espíritu betharramita. Hicimos juntos una “pequeña comunidad betharramita”. Me sentí muy apoyado y estimulado en mi ministerio por sus palabras y sus ejemplos de verdaderos hijos de San Miguel. El P. Angel Pessina nos dejó el 27 de enero de 2008 y el P. Angel Petrelli el 12 de abril de 2009. Siento mucho su falta.

“Los enfermos son una bendición para la comunidad”. Tu experiencia, ¿cómo enriqueció el sentido de esta afirmación de nuestro Fundador?
- Con la presencia de nuestros dos hermanos, el P. Pessina y el P. Petrelli, a los que hay que agregar el P. Luis Gusmeroli y el P. Alejandro Del Grande, me convencí más todavía de la afirmación de nuestro Fundador: “Los enfermos, lejos de ser un obstáculo a la obra de Dios, atraen las bendiciones del cielos con sus sufrimientos y oraciones”. Aún sintiendo el sufrimiento de no vivir en nuestras comunidades, nuestros hermanos enfermos nunca se sintieron alejados o inútiles. Entendían que sus vidas estaban en las manos de Dios y que estaban llamados a vivirlas con fe y generosidad. Rezaron mucho por las vocaciones, por los hermanos, por nuestra familia religiosa. Y todo esto no puede sino atraer las bendiciones de Dios sobre nosotros.

¿De qué manera el espíritu de San Miguel te ayuda en el ministerio cuotidiano con los ancianos, con sus familiares, con el personal?
- El espíritu betharramita, lo viví siempre como un “espíritu de familia” que nos hace estar al lado de las personas con esa delicadeza, sencillez y disponibilidad que quería San Miguel para sí y para sus hijos espirituales. Yo trato de estar presente y atento, de escuchar a las personas, de hacer lo mejor que puedo para ellos. Con los familiares de los Internados y con los Operadores me esfuerzo por dar un buen testimonio  cristiano de mi servicio a los ancianos.

Como delegado al próximo Capítulo General, ¿Qué mensaje te gustaría dejar a tus hermanos que vienen de todo el mundo?
- El mensaje que quisiera dirigir a los hermanos, de nuestra Familia religiosa extendida por toda la tierra es el de que se quieran más y que traten a cada hermano que encuentran, como un hermano que hay que recibir y servir. Y, cuando un hermano está en dificultad, recordemos siempre las palabras de nuestro Fundador: “No hay que ahorrar nada para cuidar a los enfermos. Sobre todo hay que evitar toda palabra, todo gesto que les dé a entender que son un peso”. Y no se trata sólo de enfermedad física sino de cada enfermedad moral y espiritual que puede angustiar a tantos hermanos. El mensaje fuerte que quisiera que saliera del próximo Capítulo General es que cada religioso se sienta orgulloso de ser betharramita y que se comprometa a hacer crecer el espíritu de unión, de generosidad que nuestro Fundador quería para todos nosotros, sus hijos espirituales.

In memoriam | Thailandia: P. CARLOS ROGRIGUEZ,SCJ

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Pampoliega (España), 27 de enero de 1933 | Chiang Mai (Thailandia), 21 de febrero de 2011

El lunes 21 de febrero, de mañana, con gran tristeza supimos del fallecimiento del Padre Rodríguez, en el hospital de Chieng Mai, en Tailandia. El estado de su salud iba agravándose desde hacía algunos años. En 2009 lo había invitado a venir conmigo para hacerse cuidar en Europa. Él había preferido descansar con sus fieles en el cementerio de Chieng Mai.
Ordenado Sacerdote en Burdeos en 1960, había celebrado su jubileo sacerdotal el año pasado. Durante el largo periodo de su vida en Tailandia (50 años, este año) había consagrado 47 años a los montañeses Karianos: 27 años en Méthoklo y después, veinte años en Mepón. Esos dos números por sí solos nos hablan de su carácter: era una roca inconmovible, aparentemente insensible a las emociones, tenía su estabilidad.
En 1970, Mons. Lacoste me envió junto al P. Rodríguez para que me iniciara en la lengua y en la pastoral entre los karianes. Lo conocí bien y lo aprecié, durante esos dos años, especialmente durante las veladas pasadas los dos solos, sobre todo en la estación de las lluvias.
El hombre no era hablador, pero, después de un vasito de saké su corazón se abría y yo recibía con alegría sus innumerables consejos: dos años inolvidables en esos poblados de montaña. Lejos de todo, no había ni caminos, ni electricidad, ni dispensario para los numerosos enfermos; Carlos era el hombre para toda tarea: mecánico, relojero y, sobre todo, médico para esos pobres, entre los pobres.
Todos los meses, íbamos a la reunión de los Padres en Chieng Mai; después de una larga caminata de varias horas por senderos de montaña, llegábamos a una ruta transitable y esperábamos el paso hipotético de algún camión. En su bolsón, el Padre Rodríquez tenía siempre algunos relojes que los jóvenes de los poblados le entregaban para repararlos en la ciudad. Pero, los días que precedían nuestra partida, el Padre no podía evita abrirlos uno por uno para desarmarlos y estudiar su mecanismo. Volver a armarlos, era otro asunto; llegaban, a menudo desarmados en pedazos donde el relojero. Lo mismo le pasaba al pequeño motor electrógeno.
El P. Carlos era también médico y aprovechábamos de nuestra estadía en la ciudad para hacer provisiones de remedios: antibióticos, vitaminas, antiparasitários. En el poblado era un desfile interminable de enfermos; ¡Ay! ¡las inyecciones del Padre! Eran las mejores, curaban instantáneamente y hacían milagros.
¡Buen P. Rodríguez, cuántos recuerdos! Fuiste un buen misionero, con una paciencia de karian entre los karianes.
No nos olvides, junto al Sagrado Corazón y a la Virgen. No te olvidaremos.

Pierre Caset,SCJ

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3. HACIA EL CARMELO

Siempre preocupada pensando en su hermano, Mariam se embarcó hacia Saint-Jean-d’Acre pero una tormenta la obligó a parar en Yafa. Allí se juntó con unos peregrinos que iban a Jerusalén y logro un lugar.
Un joven misterioso se le acercó en la ciudad santa, hizo el elogio de la castidad perfecta, la guió al Santo Sepulcro y la ayudó a pronunciar su voto de virginidad y, antes de dejarla, le recordó las etapas de su vida que le había profetizado la religiosa de Alejandría. Acusada de haber robado una joya a su dueña, fue arrojada a la prisión pero en poco tiempo fue liberada, cuando se descubrió a la verdadera culpable. Mariam tomó de vuelta el barco en Yafa con destino a Acre, pero otra vez la tormenta la hizo continuar hasta Beyrut donde se empleó de nuevo como mucama, con nuevas pruebas: de nuevo acusada de robo, rápidamente reconocida inocente; una caída mortal; una extraordinaria ceguera de 40 días; su curación inexplicable; visiones.
Aunque demasiado apreciada por su servicio, Mariam fue cambiando de dueños y acabó por seguir a Marsella una familia melquita: los Nayyar. Allí también era muy apreciada, pero seguía siendo una sirviente muy desconcertante, con sus éxtasis, sus enfermedades, sus visiones y sus deseos de entrar a la vida religiosa.
Las Hermanas de San José acabaron por aceptarla, aunque no supiera ni leer ni escribir, hablara muy mal el francés, tuteara a todos al estilo árabe, cosa que haría toda su vida, incluso con el Patriarca de Jerusalén. Servía a la perfección, con una extraordinaria entrega. Pero sus éxtasis se multiplicaban y, en 1866, aparecieron también las estigmas en sus pies y en sus manos. Estos fenómenos extraordinarios hicieron de ella un sujeto de contradicción en una comunidad activa. En ausencia de la Superiora General que la tenía en gran estima, la mayoría del Consejo no la aceptó para el noviciado. Enojada por la decisión, la Superiora declarará más tarde, el 12 de diciembre de 1868: “Nuestros superiores eclesiásticos no consideraron que teníamos que mantenerla con nosotros, diciendo que el claustro tenía el privilegio de tener tales almas. Nuestras Hermanas obedecieron. Ustedes tienen esa alma privilegiada. Bendito sea Dios”.
Mariam había llegado al Carmelo de Pau el 15 de junio de 1867, con la Hermana Verónica Leeves (1823-1906), una personalidad bastante extraordinaria. Hija de un pastor anglicano, se convirtió en Malta y entró con las Hijas de San José en 1851. Después de trabajar algunos meses en Calcuta, en la India, fue destinada a fundar una tercera orden femenina de carmelitas y, para eso, fue enviada a Roma. Fracasada la fundación en 1866, volvió a Marsella. Fue provisoriamente Maestra de Novicias y, desde allí, se fue con Mariam al Carmelo de Pau. Más adelante retomó la fundación de la Tercera Orden proyectada que acabó siendo una Congregación de religiosas Carmelitas de la India.
Esta Madre Verónica nos dejó de Mariam, su novicia de 21 años, el siguiente retrato: “Al verla, no le darían más de 12 años. Su pequeña estatura, su figura cándida, su dificultad para expresarse en nuestro idioma, su profunda ignorancia de todo, porque no sabía leer ni árabe ni francés, todo contribuía a que fuera realmente una niña. Por eso no podíamos que llamarla, entre nosotros, “la pequeña hermana”. Sin embargo, cosa sorprendente, unía a esa sencillez la sabiduría más grande, mucho discernimiento y, si bien está despojada de todo talento adquirido, su corazón y su espíritu son ricos de dones que hacen las almas grandes”.

Pierre Médebielle,SCJ
Jérusalem (1983, pp. 201-239)

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