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P Andrea Antonini
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11/09/2009

Noticias en familia - 14 de noviembre de 2009

Sumario

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La palabra del Padre General

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Valéis más que los pájaros y los lirios

Recuerdo todavía de mi catecismo de la infancia: La Providencia de Dios es el cuidado amoroso con que Dios protege la cosas y especialmente a los hombres. La Providencia hace parte de nuestra fe en un Dios que es Padre bueno y busca siempre nuestro bien, que nos ha creado por amor y que con el mismo amor nos sigue cuidando para conservarnos en la vida. El Padre bueno conoce bien nuestros límites y debilidades y quiere que saquemos provecho de todas las situaciones, las favorables y las adversas, para nuestro crecimiento y maduración personal. El Padre bueno nos protege para facilitar el despliegue de todas las potencialidades que ha depositado desde el acto creador en nuestro ser para soltar en nosotros el secreto resorte del amor, del que hablaba nuestro Padre San Miguel Garicoits. El Padre bueno nos cuida hasta tal punto que si nos falta algo nos lo hace llegar por medio de la solidaridad de algún hermano o de otra manera.
Recuerdo también que hace pocos años, cuando la crisis de la Argentina, no había en la caja provincial ni un peso. Un desconocido se acercó a la comunidad de Montevideo y donó 30.000 dólares. El Superior de la comunidad envió la parte correspondiente a la caja provincial y se pudo hacer frente a los gastos urgentes de ese fin de mes.
El 11 de Octubre tuve la alegría de participar en la Basílica de San Pedro de la canonización de Jeanne Jugan, fundadora de la Hermanitas de los pobres. Las conocí en el Hogar Marín de La Plata porque cuidaron al P. Antonio Pérez  scj los últimos años de su vida.  Tuve la gracia de predicarles un retiro anual. Recuerdo haber visto a la entrada del Hogar una estatua de San José y los carteles de los pedidos PAÑALES, ARROZ, LECHE, ACEITE…Recuerdo que el P. Míner scj de nuestro Colegio de La Plata le llevaba el aceite todos los meses. La crisis también se nota en las donaciones. Hay puertas que se cierran, pero otras se abren, explica, hablando de este tema, la Hermana María del Monte. Hay muchos que, con pena, no pueden darnos como hasta ahora pero por otro lado aparecen otras personas, o de repente recibimos una herencia, o un almacén tiene algo que le sobra y nos lo da… El mundo ha vivido ya muchas crisis y la Congregación ha seguido siempre adelante. El Señor se encarga de hacer que llegue la ayuda. 
Se hace difícil confiar en la Providencia en nuestro tiempo  donde algunos piensan que pueden todo o que pueden llegar a poderlo. Donde hay que sacar ventaja de todo y donde se cultiva la ilusión de que se puede llegar a tenerlo todo. Esa mentalidad nos impide ver cómo nuestra vida y la de todos los hombres está llena de actuaciones discretas y cotidianas de Dios, “pequeños milagros”, que muchas veces los ignoran los mismos beneficiarios. San Miguel Garicoits se expresa así: Hay que abandonarse a la Providencia, estar dispuestos a que nos suceda cualquier cosa, por muy justo que uno sea, … Y después tenemos que mostrar, con toda nuestra actuación deliberada, que hemos tomado partido por ello y que nuestro corazón está lleno de ese sentimiento de total abandono, sin el que no hay ni siquiera auténtica conversión (D.S.67).
Por el voto de pobreza, los betharramitas somos hombres apegados a Jesús-pobre, que confían en la Providencia y desprendidos de toda atadura de posesión (RdeV. 47).Sin confiar en ese cuidado amoroso con el que Dios protege a cada persona es imposible vivir la fe. Es imposible realizar ciertos ministerios que hacen a veces arriesgada la misión; o por falta de recursos materiales  para trabajar con los pobres, de los que no podemos esperar nada; o por persecución o rechazo de la fe. Sin confiar en la Providencia nunca seremos capaces de comprometernos en ministerios que no signifiquen algún provecho económico. La fe en la Providencia amorosa de Dios nos ayuda a ser responsables, agradecidos y nos libera de la codicia, del pensar que podemos tener y disponer de todo y con ello conseguir prestigio, honores, amistades influyentes. La fe en la Providencia nos libera de todas esas ilusiones y nos ayuda a vivir en la verdad, siendo responsables en el fiel cumplimiento del deber y ganándonos el pan con un esfuerzo sostenido, con el sudor de la frente.
Ojalá seamos capaces de maravillarnos ante tanto amor, manifestado en tantos detalles de nuestra vida en los que sin saber cómo experimentamos el bien que va dando valor y sentido a nuestra vida. Porque Dios manifiesta su Providencia a través muchas buenas acciones, realizadas por personas anónimas y que contribuyen a que alguien sea mejor. Por ejemplo, las ayudas de nuestros benefactores para que podamos ser eficaces en la misión y en la promoción humana. ¡ Ojalá esas experiencias nos hagan más agradecidos! Bendice al Señor, alma mía y nunca olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura; él colma tu vida de bienes y tu juventud se renueva como el águila (Sal. 103, 2-5).
Y el gran motivo de nuestra fe en la Providencia es la persona de Jesús, que confiaba y se emocionaba cuando pensaba en el cuidado que tenía el Padre por El y por los pequeños. Te alabo, Padre;…sí, Padre (Lc.10,21). Y cómo no emocionarse al escuchar a Jesús decir esas palabras tan hermosas sobre la Providencia: Porque la vida vale más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! (Lc. 12, 23-24).

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nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchecopar escribe... a su hermano Maxime, el 21 de noviembre de 1873

Estamos privados de tus noticias desde hace un año. Dios quiera que no estés enfermo. En cuanto a los retrasos y a las pérdidas materiales y de dinero, paciencia. No te desanimes por esos contratiempos, esos accidentes, esos descontentos tan penosos de la naturaleza. El labrador contaba con su cosecha y construía todo un plan de lindo futuro. El granizo pasa. ¡Dios lo ha querido! Ánimo, pobre labrador; la prueba es ruda; pero cuando la cosecha falta a la tierra, que sepas recolectarla abundante para el cielo.
Sí, querido hijo, aprovechemos todo, hagamos de todo un tesoro eterno y sobre todo de los contratiempos… Y adelante siempre, bendiciendo a Dios siempre y diciendo: Padre, tu voluntad y no la mía.


A la intemperie y en itinerancia

 

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nef-091104b.jpgEste 14 de noviembre, en la Basílica del Sagrado Corazón de Barracas (Buenos Aires), el Hno. Sebastián García es ordenado sacerdote por Mons. Oscar Ojea. Recemos por el nuevo ordenado y leamos el texto que él firma. Que, en este día de fiesta, resuene tanto más en nuestros oídos y nuestros corazones betharramitas.

Hace unos días, rezando el Oficio de Lectura, me encontré con un texto que me resultó interesante. La cita correcta es 2 Sam 7, 6-7  y dice así: "Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Desde el día en que hice subir de Egipto a los israelitas hasta el día de hoy, nunca habité en una casa, sino que iba de un lado a otro, en una carpa que me servía de morada.” Inmediatamente me conectó con otro texto del Nuevo Testamento: “Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".” (Mt 8, 20). Es cierto que los dos textos me han hecho pensar. Y mucho. De esta manera nació en mí la idea, tan presente a lo largo y ancho de la Biblia, acerca de la itinerancia. Tengo la sensación de que en realidad todo el Texto Sagrado lo podemos entender en  clave de éxodo. Pienso fundamentalmente en Adán, Abraham, Isaac, Jacob, Samuel, David, la diáspora en Babilonia, Amós, Jeremías, Juan el Bautista, Jesús y los Doce. Itinerancia significa esencialmente eso: éxodo. La permanente salida de “lo propio”, lo “de uno”, para caminar, ponerse en marcha, hacer camino, ser un poco nómade. Es lo que nos dice Jesús en el texto de Mateo. No hay morada permanente. No hay patria definitiva que no sea el Reino. 
En la lectura del Evangelio el domingo XV del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos regala un fragmento del evangelio de Marcos (6, 8-9):  “Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.” El texto nos habla de lo rápido de la llegada del Reino y por tal motivo de la absoluta confianza en la Providencia, en que Dios se hace cargo de la vida del discípulo. Y me nació esta intuición: intemperie e itinerancia son dos caras de la misma moneda. Porque se vive a la intemperie, se vive en itinerancia. 
Vivir a la intemperie significa esencialmente el no tener un lugar propio en el cual uno se pueda sentir dueño de nada, salvo de la propia vida. Vivir en itinerancia significa hacer de la vida una gran peregrinación, un no tener un lugar fijo donde anquilosarse, venciendo la tentación del estancamiento y del aburguesamiento. En realidad las dos están íntimamente conectadas: intemperie e itinerancia son dos mismos rasgos del seguimiento radical de Jesús para todos los cristianos. Se pone la total seguridad en Dios que no abandona y se vive saliendo permanentemente de sí para procurar un bien a los demás, a los hermanos. 
Si todo esto lo pensamos desde nuestro carisma de Betharram, creo que la idea queda completa. Los betharramitas nos sentimos fascinados por el Corazón de Jesús, Anondado y Obediente, que dice a su Padre: Ecce Venio! ¡Aquí Estoy! y por Amor asume nuestra carne, es decir, se hace plenamente hombre.  Por lo tanto seguimos a un Jesús que no tiene en esta tierra morada permanente y vive su vida en pro-existencia, es decir, en la permanente salida desde sí para que otros tengan vida y la tengan en abundancia. Ser betharramitas es entonces hacer de la intemperie y de la ititnerancia de Jesús, nuestro propio proyecto de vida. En Jesús vemos el no tener lugar propio: sale del seno del Padre, para entrar en el seno de María y hacerse uno de los nuestros. Y este anonadamiento lo lleva a “estar saliendo” permanentemente de sí, obrando la salvación en los hombres. Este despojo es cada vez mayor, alcanzando su expresión máxima en el drama de la Cruz. No hay mayor intemperie que la de un Cristo clavado en una Cruz y escarnecido. No hay mayor itinerancia que la de un Jesús caminando los caminos polvorientos de la Judea para ser signo del amor de Dios, para encaminarse decididamente a Jerusalén y darle así a la fiesta de la Pascua un nuevo sentido, definitivamente salvador. Toda la vida de Jesús oscila entre la intemperie y la itinerancia. El lugar más propio de Jesús no es sino el Corazón del Padre y el corazón de los hombres sus hermanos. Toda la vida de Jesús es renuncia al confort, al estancamiento, al aburguesamiento, al acomodo de la propia vida para hacer del corazón de los hombres su morada más íntima y más propia. Vivir la vida en clave de intemperie e itinerancia es algo profundamente betharramita: somos el camp volant de San Miguel, dispuestos a ir donde se nos necesite, y poder así lograr para los demás la misma felicidad, retirándonos a tiempo, cuando ya no seamos necesarios.
Este ideal es el que intentamos vivir cuando a principios de año formamos la Comunidad Religiosa en Pastoral Educativa con sede en Barracas. Un grupo de religiosos, -seis sacerdotes y dos hermanos-, encargados de la atención pastoral de los 8 colegios del Vicariato de Argentina y Uruguay. Nos proponemos desde una única comunidad visitar periódicamente los colegios, asumiendo cada uno su compromiso y ministerio. Y siendo una nueva presencia, puesto que nos decidimos a ser primeramente religiosos. Ese es nuestro ser más íntimo. Entonces, queremos hacemos de la intemperie y de la itinerancia nuestra vida cotidiana. Permanentemente estamos recorriendo las comunidades educativas con una única misión: la de procurar para los demás una dicha semejante, estando en contacto con los alumnos, acompañando campamentos, viajes y retiros, trabajando junto a catequistas y directivos, teniendo encuentros con los padres, pensando y compartiendo junto a los laicos, de un modo activo la pastoral orgánica. En mi caso concreto trabajo en dos colegios de la Ciudad de Buenos Aires –San José y Sagrado Corazón de Barracas-y cada quince días viajo 350 km para sumarme a la vida del Colegio Sagrado Corazón de Rosario.
Esta es nuestra itinerancia. Lo que nos lleva a vivir a la intemperie. No tenemos muchas veces posiciones fijas. Quizás hasta tengamos más de una pieza, dependiendo de las comunidades en las que trabajemos. Pero lejos de enquistarnos en la comodidad y el confort, nos dan la suficiente libertad para poder encarnarnos en las diferentes realidades de Argentina y Uruguay. 
Esta misma itinerancia la viven también la Comunidad Religiosa en Pastoral Misionera, en el norte olvidado de Santiago del Estero, allá donde la patria duele. Tres religiosos encargados de una parroquia de 200 km de largo por 150 km de ancho, con más de 75 comunidades cristianas para visitar, atender, confesar, celebrar la misa y los sacramentos, hacer responsos… 
Definitivamente hemos decidido hacer de la itinerancia y la intemperie dos características fundamentales de nuestra “nueva” vida personal y comunitaria. Que es ciertamente “nueva” porque no tenemos registros de que se haya vivido alguna vez así en el Betharram del Río de la Plata. Pero que es “nueva” por querer expresar nuestro modo más íntimo y personal de ser religiosos: no tener lugar fijo, más que la propia experiencia de Dios, vivida en oración y compartida-celebrada con los hermanos principalmente en la reuniones de los lunes a la mañana, y viviendo en itinerancia, para nadie se quede sin la alegría de conocer, experimentar y celebrar el amor de Jesús. 
Quizás intemperie e itinerancia sean las dos caras renovadas de ese rostro Anonadado y Obediente de Jesús, que nos ha fascinado y que nos ha motivado a entregarle mediante nuestra profesión toda nuestra vida. 
Que Dios nos siga regalando este estar disponibles, para vivir como Jesús, sin otra Patria definitiva que el Corazón del Padre. 

Sebastian Garcia,SCJ

5 minutos con... Mons Vincent Landel

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Del 2 al 26 de octubre, Mons. Vincent Landel descargó sus valijas en la Casa General. En efecto, el arzobispo betharramita de Rabat (Marruecos) participaba en la asamblea especial del Sínodo para África, como presidente de la Conferencia regional del norte del continente. En ese 50º aniversario de presencia de Betharram al sur del Sahara (Costa de Marfil), y cerca de 70 años en África (Marruecos, Argelia), era importante recoger sus impresiones y convicciones.

Nef: ¿Puede decirnos lo que vive usted en Marruecos?
- Trato, en nombre del Señor, de cumplir el servicio de comunión que me fue confiado en esta diócesis atípica, más grande que Francia: 25.000 católicos, todos extranjeros, que viven en buena compañía con 35 millones de habitantes, todos musulmanes (la libertad religiosa existe para los extranjeros pero no para los nacionales). En primer lugar, servicio de comunión entre cristianos: somos de al menos 90 nacionalidades diferentes, por consiguiente, de culturas y lenguas muy diferentes. También servicio de comunión con el mundo musulmán con el cual trabajamos y que marca toda la vida social. Ahí tenemos que testimoniar de un Dios que se entrega, que es tan misericordioso. Esto supone despojarnos de nuestras certezas para llegar a hacer comunión alrededor de Jesucristo y de Marruecos.
 
¿Con qué estado de espíritu llegó a Roma y se va?
- Al llegar al Sínodo con mis hermanos obispos de la CERNA (Conferencia Episcopal de la  Región del Norte de África), había un poco de inquietud, pues durante la preparación, no teníamos la impresión de haber sido tenidos en cuenta (incluso el pequeño párrafo sobre el Islam sólo trataba del mundo subsahariano). Por eso hemos preparado nuestras intervenciones en Conferencia para que realzaran nuestra realidad. Lo que ha impactado a nuestros hermanos obispos, es que el Magreb acoge a más de 30.000 habitantes subsaharianos y numerosos emigrantes clandestinos. Hemos hablado a menudo, tanto en los lugares oficiales como durante las pausas-café; al final, varios obispos nos agradecieron el haberles hecho descubrir lo que no imaginaban. Nuestro testimonio, de alguna manera, los ha invitado a salir de un “gheto” en el que la Iglesia corría el riesgo de encerrarse. 

Para usted, este Sínodo era el primero, ¿qué mirada echa sobre su desarrollo?
- Desde el principio, no estaba perdido, pues me he encontrado con varios obispos en reuniones del Simposio de las Conferencias episcopales de África y Madagascar. Y luego, el Sínodo se ha desarrollado muy en serio, gracias a la competencia del Secretario general, Mons. Eterovic, y del instrumento de trabajo. La logística (sala, traducciones, sonido, video) era perfecta. Tomamos la palabra más de 220, durante 5 minutos… un tiempo de escucha a veces emocionante ante tal o cual situación que conocíamos a través de los medias; excepto que ahí teníamos testigos vivos.

La Iglesia de África del norte tiene un lugar aparte sobre el continente, ¿fue reconocida y escuchada?
- Era nuestro gran temor al llegar: en las mentalidades, un africano sólo puede ser “negro”, y los árabes no quieren considerarse como “africanos”. Sin embargo, en el transcurso de los días, esta imagen se transformó, de tal modo que los últimos documentos, como en el mensaje enviado a los hombres de buena voluntad, y las “propuestas” para el Papa, se ha tenido en cuenta lo que habíamos dicho. Al final del encuentro, un obispo etíope vino incluso a pedirme si podía, eventualmente, enviar sacerdotes junto a nosotros y cómo prepararlos. Es la gracia del Sínodo…
 
¿Qué convicciones y líneas de acción han surgido de esas tres semanas de intercambios?
 - Después del tema central del Sínodo, se insistió en la justicia, la paz y la reconciliación; las intervenciones se centraron sobre la Doctrina social de la Iglesia, la educación, el lugar de la familia y de la mujer en particular, el acompañamiento de los hombres políticos. Bajo nuestro impulso, se puso de relieve el diálogo interreligioso y la importancia de “hacer cosas juntos”. Por supuesto, esos dos últimos puntos serán prioridades para mi ministerio. Muchos musulmanes, en las universidades o en las empresas, sólo conocen el cristianismo por el testimonio de los responsables o estudiantes. Hay que ayudar a esos cristianos a asumir esa responsabilidad eclesial: ¡una verdadera conversión!

¿En qué medida su identidad de religioso alimenta su vida personal y su misión de Pastor?
- Mi vida religiosa me invita, como a cada uno de ustedes, a manifestar el impulso del Verbo  incarnado diciendo a su Padre: “Aquí estoy”. Con ustedes estoy invitado a seguir viviéndolo; es lo que me hacer ir por los caminos al encuentro de unos y otros, para procurarles la misma felicidad. Es toda mi vida de pastor que se ilumina. Además, el mensaje dejado por San Miguel corresponde mucho al mensaje del Padre de Foucauld que encontró el Jesús de su infancia por los caminos de Marruecos, viendo rezar a los musulmanes. ¿No dice San Miguel también que el encuentro con el otro diferente nos enriquece, incluso en nuestra fe cristiana?

En sus diferentes funciones, ha seguido de cerca los desarrollos de Betharram en África; en septiembre, estaba en Adiapodoumé; ¿qué llamados ve para la Congregación?
- Agradezco a la Congregación el haberme invitado, para los 50 años de nuestra presencia en Costa de Marfil, para la ordenación de Emmanuel. África marcó siempre mi vida religiosa: empecé mi noviciado en 1959, en el momento de la fundación de Ferké, y estaba muy atento a lo que allí se vivía. He admirado ver a nuestros hermanos buscar en primer lugar encarnarse en el país y servir a la Iglesia totalmente gratis. Después de años de servicio gratuito, los obispos confiaron en nosotros. ¿No es eso ser totalmente betharramita? Veo en ello un llamado a seguir en ese sentido, no para ser “funcionarios del culto”, sino testigos de un Amor que nos absorbe y que nos hace vivir. Cada vez más creo que a la Iglesia le faltan verdaderos testigos; ¿no sería la vocación de Betharram para la Iglesia y para el mundo de hoy: ser esos testigos auténticos por la verdad de su vida?

Un punto de la espiritualidad de san Miguel Garicoïts que quisiera compartir…
- Lo que me interesa hoy es esa disponibilidad para cumplir la “misión de la Iglesia”, y no la “propia misión”. Es lo que hizo sufrir a san Miguel, y al mismo tiempo lo lanzó al servicio de la Iglesia universal. Este servicio en la disponibilidad hay que vivirlo en ese amor verdadero, enraizado en el Corazón de Dios. No podemos ser servidores si no somos contemplativos. “¿En dónde se aprende esa ley de amor, sino al pie de la Cruz” en donde nos dejamos irradiar por el Amor que surge de ese Corazón traspasado”?

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In memoriam: Vicariato de Brasil

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Monte Corrado (Italia), 8 de septiembre de 1911 - Brumadinho (Brasil), 6 de octubre de 2009

Necesitaría el toque de lápiz del P. Dante para dibujar su retrato de manera bastante sugestiva sin caer en la caricatura…, pero su talento se ha ido con él. Artista, lo era en varios dominios. Su sensibilidad muy desarrollada se expresaba tanto en el dibujo, la música, como en la literatura. Sus inclinaciones naturales se acentuaron todavía en la sana competición que encontró durante sus estudios superiores en Tierra Santa, con compañeros de los que guardará el recuerdo hasta el final. Una generación que tuvo que confrontarse con los horrores del segundo conflicto mundial, y más tarde al impulso primaveral del Concilio Vaticano II.
En la música, Dante aparecía más como letrista e intérprete. Creo que él mismo no ha compuesto casi ninguna melodía. Como intérprete, fue marcado por sus inicios como solista en la iglesia de los Milagros de Roma. Sus palabras y adaptaciones están marcadas por la excelente poesía y creatividad. Y era capaz de escribir simultáneamente un soneto en tres lenguas diferentes, respetando al mismo tiempo el genio propio de cada una.
Pero el P. Dante ha sido mucho más que eso. Se podría definirlo como un pionero: pionero para la obra del Brasil en donde fue el primer auxiliar del Padre Apetche; más tarde, pionero de la inserción en San Pablo, de la apertura de la comunidad de Nova Granada, al lado del P. Lasuén. Más tarde, acompaña al Padre Paulo Vital en la toma en mano de la parroquia de Brumadinho. Y ahí, en un rincón de campo un poco aislado, cuando se le pronosticaba una breve estadía porque se lo veía hecho para la gran ciudad, permanecerá unos cuarenta años, con dos o tres interrupciones no superiores a los 3 años.
En Brumadinho, su creatividad se expresará en la construcción de innumerables capillas en el corazón de las pequeñas comunidades. Desde su llegada al Brasil, había adquirido un diploma que le permitía ser constructor”. Ha dejado en todas partes su marca, pero sobre todo en Brumadinho: son numerosas por decenas sus capillas. La joya es el “santuario” del Bello Ramo en donde vivirá sus últimos años de vida y morirá bien cuidado por las Carmelitas de San José que él mismo había instalado. Si le ocurría repetir sus planos, no se puede negar que era un innovador, y que muy a menudo no sólo dirigía los trabajos, sino que además se encargaba de obtener los fondos necesarios…
Tenía, por supuesto, los defectos de sus cualidades: sus momentos de enfado; una cierta inconstancia, y a veces ha dado la impresión de hacer un poco lo que quería. Por otra parte, tratando de ser popular, tenía salidas exabruptas que eran como para desanimar a los que lo conocían mal. Más profundamente y más allá del lado humano positivo y negativo, se descubría en él a una persona totalmente guiada por la fe. En diversas circunstancias bien concretas, dio prueba de una obediencia absoluta y de un espíritu de niño totalmente evangélico. Era sincero y definitivo en amistad y sabía practicar la mansedumbre. Finalmente, un hombre lleno de contrastes.
De sus nombres de bautismo, usaba el de Dante, pero lo sospecho haber dado preferencia al tercero, Mariano. ¿Los signos? Primero, era el nombre relativo a su fecha de nacimiento, elegido por su mamá, a quien ha guardado un gran apego; y luego, su devoción inquebrantable a Nuestra Señora del Bello Ramo, a la que ha alabado por el canto, la imagen, la poesía y la arquitectura…
De su padre, sabía que era un hombre que trabajaba recto, y a quien los vecinos invitaban a trazarles el primer surco en la nueva estación: toda la plantación se encontraría más armoniosa… Dante, como él, supo hacer de su vida ese surco recto del que nunca se apartó. Su recuerdo no perecerá tan pronto: ya, en la comunidad de la Beata Miriam, un bebé por nacer estos días tiene un nombre Dante Ángel…
 
José Mirande,SCJ 

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1929-2009

BETHARRAM EN COSTA DE MARFIL 

Nuestra Congregación hizo sus primeros pasos en Costa de Marfil hará pronto 50 años. El relato de esta aventura nos acompaña a lo largo de todo este año jubilar. Se lo debemos al P. Laurent Bacho, consejero general y formador cerca de Abidjan.

10. El principio

En septiembre de 1990, la comunidad de formación “San Bernardo de Adiapodoumé” se inicia con el P. Beñat Oyhénart, responsable de la parroquia, siguiendo cursos en el Instituto católico de África del Oeste y, Anatole, en primer año del seminario mayor de Anyama. El P. Beñat Segur se une a ellos en noviembre, después del semáforo verde de los doctores; dicta cursos en el liceo católico de Dabou, del que es capellán. Luego, Feliciano se añadirá en diciembre para seguir cursos de contabilidad en Yopougon; son conscientes de vivir un principio, una apariencia de debilidad que rodea a una gran esperanza. Con su presencia en el ICAO, el P. Beñat se hace más sensible a las cuestiones de inculturación., La comunidad del sur tiene también lazos frecuentes con las Siervas de María de Toupah y de Adzopé.
En país djimini, la colaboración con las Hijas de la Cruz (Boniéré), las Hermanas de Peltre (Dabakala-Nyangourougbon) permite avances apostólicos. Religiosos y religiosas se encuentran una mañana por semana para evaluar el trabajo y dar orientaciones: Esta mirada masculino-femenina sobre estas realidades es de una extraña riqueza. El Hno. Jean-Claude se apresta a construir una represa. Nuevos horizontes se abren en las aldeas de grupos, aldeanos de Bassawa y Sokala-Sobarra que piden ser catequistas…
En la 2ª visita de enero de 1990, el P. Firmin Bourguinat lleva a reflexionar seriamente sobre un escolasticado y a establecer un informe, en conexión con el ecónomo general. El año siguiente es la vuelta del P. Laurent Bacho a Adiapodoumé; otros dos jóvenes se unen a Anatole y Félicien. Las tratativas para la compra de un terreno exigen un tiempo y energía; finalmente se sitúa ante la parroquia, y con mirada de la Providencia. El primer noviciado empiez el 14 de septiembre de 1992 para dos marfileños, bajo la dirección del P. Laurent Bacho, en las dependencias de la de la Provincia de Francia. Para la circunstancia, la Congregación envía como refuerzo al P. Élie Kurzum (joven sacerdote betharramita de Belén, que será vicario en S. Bernardo).
En diciembre de 1992, se lanza la construcción de cinco pabellones que favorecerán una vida más cómoda y más fraterna – con los aspirantes inscritos en el liceo de Dabou, la comunidad cuenta con hasta veinte miembros. Nada se hubiera podido hacer sin la ayuda de las Obras pontificias misioneras, cerca del 55% del presupuesto, lo demás siendo aportado por la Provincia de Francia. El 14 de septiembre de 1993, la casa de formación es bendecida por Mons. Mandjo; la 1ª profesión religiosa de 3 novicios se hizo en las manos del P. Firmin Bourguinat; el mismo día otros dos novicios marfileños y dos zaireños empiezan el noviciado.
En el mismo momento empezaba otra obra en Dabakala: la nueva iglesia la consagrará, el 11 de Abril de 1994, Mons. Kétéligui en medio de una gran fiesta popular con la presencia de las más altas autoridades de la República. El P. Paulo César, religioso sacerdote brasileño, recientemente llegado, aprecia el entusiasmo africano; sucede al P. Tarcisio Vera que ha vuelto al Paraguay después de 5 años de servicio.
En Adiapodoumé, en mayo, hay también traspaso de testigo: es el adiós al P. Beñat Segur y al P. Élie Kurzum, y el “akwaba” al P. Gabriel Verley, todo contento con su 2ª estadía. En visita sobre el terreno, el nuevo Superior general (arquitecto de profesión, el P. Francesco Radaelli) da ideas interesantes para la construcción de la futura capilla dedicada a la Beata María de Jesús Crucificado. Mientras, es la iglesia de Dabakala que recibe la profesión religiosas de nuestros 4 novicios el 14 de septiembre…

Laurent Bacho,SCJ

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