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31/03/2009

Noticias en familia - 14 de abril de 2009

Noticias en familia - 14 de abril de 2009

Sumario

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La palabra del Padre General

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Obediente hasta la muerte de Cruz

La experiencia de la Pascua consiste en el encuentro de los discípulos con Jesús Resucitado. Fue la experiencia de María Magdalena, de la otras mujeres, de Pedro, Juan, Cleofás y el otro discípulo de Emaús, Tomás, los otros apóstoles, luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo… (1 Cor. 15, 6). Es la experiencia de Pablo en el camino de Damasco. Los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Sólo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender lo que sucedió: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él…. Este encuentro es una renovación real que cambió todos sus parámetros. Ahora puede decir que lo que para él antes era esencial y fundamental, ahora se ha convertido en "basura"; ya no es "ganancia" sino pérdida, porque ahora cuenta sólo la vida en Cristo. (Benedicto XVI, Audiencia, mierc. 3/9/2008)
Experiencias de encuentro de este tipo se dan a lo largo de toda la historia y en nuestro tiempo, y también entre nosotros. Muchos de nosotros podemos  también contar nuestro propio encuentro con Jesús Resucitado. Este encuentro nos da la certeza firme de que Jesús está vivo. No sólo en las apariciones de los Evangelios, sino en nuestra propia vida. Jesús es hoy para mí el “Dios con nosotros resucitado”
Con esta experiencia llegamos a la comprensión del verdadero significado de la muerte de Jesús, de su persona y de su misión. Sin el encuentro con el Resucitado, la muerte de Jesús era un fracaso. ¡Nosotros esperábamos…, pero hace ya tres días que sucedieron estas cosas… Pero a él no lo vieron! (Lc. 24, 21-24). Al encontrarnos con el Resucitado entendemos que la muerte de Jesús fue un “éxito”, una Buena Noticia,  para el Padre de Jesús y para todos los hombres. El Resucitado es el Crucificado. Miren mis manos…, mi costado.
En su muerte, Jesús hizo el don total de su vida. Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros…Esta es mi sangre derramada por vosotros y por todos (Lc. 22, 19-20). Así manifiesta con su vida que el amor más grande consiste en dar la vida por los amigos (Jn. 15, 13) y se hace acontecimiento lo que también había dicho Jesús: El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me quita la vida, sino que la doy por mi mismo (Jn. 10, 17-18).
En este acto supremo de la vida de Jesús que es su muerte, queda de manifiesto que el valor supremo en la vida de Dios y de los hombres es el amor. Cuando se vive amando se adquiere una fuerza tal contra la que no pueden la muerte , ni el pecado. Sólo el amor es capaz de vencer la muerte, porque el amor es más fuerte que la muerte.
Jesús vive su muerte como la plenitud de su relación de Verbo Encarnado con el amor del Padre: Jesús en el momento de morir en la cruz se sentía abandonado por el Padre. Pero a pesar de ese sentimiento de abandono confió en El. Seguro del amor del Padre bueno, que no puede dejar de ser fiel a sus promesas. ¡Certeza del amor del Padre a pesar de todas las apariencias!
Jesús vive su muerte como el anonadamiento total de su persona para que quede en evidencia sólo la del Padre. Acepta que fracasen sus proyectos personales para que quede sólo en evidencia el Proyecto salvador de la humanidad por parte del Padre. ¡El que se humilla será exaltado! (Lc. 18, 14)
En la muerte de Jesús, donde todo parece terminar, comienza algo nuevo: Dios está salvando a la humanidad. Y a partir de ahí y en relación con Jesús, muerto y resucitado, cada hombre y cada mujer pueden vivir una vida nueva.
Arriesgar la vida – dar la vida - en la muerte es la manera de vivir el amor entre los hombres y Jesús no escapa a ello. Se trata de mantenerse fieles, en obediencia y confianza en el amor del Padre, en medio de situaciones que siempre le crearon, siguen creando y crearán los hombres a los que viven en el verdadero amor. Así queda de manifiesto en la historia de Caín y Abel, en la de José el soñador, en la de Jeremías, en la de los hermanos Macabeos, en los salmos y en los testimonios de los mártires de todos los tiempos.
En la experiencia de este encuentro con el Resucitado se comprende que hay una relación íntima entre los acontecimientos vividos por Jesús esos días en Jerusalén, Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que sucedió estos días ( Lc. 24,18 – 21); lo que proclama la Palabra de Dios, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a El (Lc. 24, 25 – 27);  y lo que se celebra en la Eucaristía, Y estando a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio (Lc. 24, 30). La Palabra de Dios hace arder el corazón y cuando relacionamos las tres cosas, comprendemos que lo que pasó en la Cruz fue un acto de amor –entrega (pan partido) - con el que, tanto el Padre como su Hijo Jesús, estaban salvando a la humanidad.
Con esta experiencia se refuerzan nuestras convicciones de fe. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?... (Rm. 8, 35).   Se encuentra sentido a todas las contrariedades de la vida y se aprende a vivir en ellas como discípulos del Señor: a vivir en el amor como el Maestro. Y así se vive con alegría la cotidianeidad de la vida y la fidelidad a los deberes cotidianos y hasta los momentos de sufrimiento.  La certeza del amor del Padre, el sentido que da vivir entregando la vida en las relaciones sencillas y la alegría de saber que nuestra vida está bien orientada, nos hacen saborear una paz profunda con nosotros mismos, pero también con los hermanos. La alegría y la paz son los dones pascuales de Jesús muerto y resucitado para aquellos que, a ejemplo de Jesús, hemos decidido vivir en el amor.
El encuentro con el Resucitado nos impulsa además a encontrarnos con aquellos que también se encontraron con el Crucificado – Resucitado. Y se entra así en una nueva experiencia: la comunión eclesial.

Gaspar Fernández Pérez,SCJ


nef-etchecopar.jpgEl Padre Augusto Etchécopar escribe... al P. Victor Bourdenne, desde Belén, el 26 de marzo de 1893

Por la muerte, debía triunfar de la muerte (…) Jesús soportó la muerte sólo para ahogarla en sus brazos…  ¡¡¡Y ahí está su tumba convertida en su trono, y la fuente de nuestra vida y de nuestra resurrección!!! Vita et resurrectio nostra. ¡¡¡ Son dignos de lástima quienes no conocen esta luz, esta vida!!! Son tinieblas, están en la muerte, en una tumba cuya infección recuerda el paganismo y llama al milagro operado en Lázaro.
“Señor Jesús, un momento cerrado en ese sepulcro aquí presente, y que saliste triunfante, nosotros que vivimos por tu resurrección y te damos gracias por ello, te decimos con la fe de la hermana de Lázaro: Mira, oh gran amigo de las almas, a esta humanidad de la que has tomado la naturaleza: lejos de ti, está muerta y presa de disolución. Di una palabra y vivirá… Pues tú eres la Resurrección y la Vida; y ninguna muerte, ninguna podredumbre puede resistir a la Vida que no tiene más que decir una palabra para hacer nacer todo de la nada y de la muerte…”


Betharramitas, hijos del Corazón de Jesús, familia de discípulos misioneros en nuevos caminos de comunión

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BETHARRAMITAS
Cuando proponemos un LEMA, frecuentemente empezamos por: “Betharram”: la institución… la Historia.... Pero, para muchos, “Betharram”, podría significar cosas muy distintas.
Una capilla. Un lugar de solidaridad, una Parroquia, la Casa Madre, con su santuario y el Calvario; un colegio, etc.
¡Qué diverso es el panorama!. Que difícil unificar emociones, sentimientos, favorables o adversos entorno a una palabra.
Sin embargo cuando decimos: “Betharramitas”. Nos encontraremos con el paso de la institución a las personas…
“Los betharramitas”. Hoy ya no son sólo religiosos, sino también laicos, llamados personalmente a beber de un mismo carisma en las fuentes que San Miguel nos dejó como herencia. Los betharramitas son personas concretas y no “paredes de concreto”. ¡Muchas veces hemos confundido  personas con muros! Como el ciego del evangelio que veía hombres como árboles.
Desde hace algunos años los religiosos betharramitas de la Región han optado por redescubrir su vocación consagrada. Dejar de ser guardianes de museos, para pasar a ser lo que el grito unánime de los últimos años les venía pidiendo: “queremos ser religiosos” (Capítulo General 93), “compartamos la misión con los laicos”, “formación, formación, formación” (Capítulo General 99)...
Alguno podrá decir, pero Betharram existe también como institución. Sí, existe y existirá siempre, en la medida en que no confundamos “la idea” que de ella tenemos, con “la real Betharram”, formada por personas.
Una anécdota ilustrativa: En Argentina, el Padre Ierullo nos decía en los años 90: - Betharram es una “madre anciana” a la que debemos servir; más tarde, el Gaspar nos decía, en el cambio de siglo: - Betharram es “un niño pequeño, frágil”, una esperanza… Últimamente, el P. Enrique nos recordaba: Betharram es “una Familia”, que quiere trabajar en comunión.
Ya sea “madre anciana”, “niño frágil” y/o “familia”, son tres rostros de una misma realidad congregacional animada por personas (religiosos y laicos) que quieren, como diría San Miguel, “Vivir y morir en ella”: Allí están, entonces, “los betharramitas”.

HIJOS DEL CORAZÓN DE JESÚS
Hace poco tiempo, contemplando un célebre cuadro de un Jesús con su Sagrado Corazón en la mano, sentí interiormente algo que pronto se volvió convicción en mí. Estando allí en silencio sentí que Jesús me decía:
“Este es mi Corazón puro. No rechaces los sufrimientos del Corazón y llegarás a ser un hijo como yo”.
Me quedé muy sorprendido con esta moción interior. No me dejó más que paz y consolación este pensamiento, y lo llevo conmigo desde entonces.
El Señor habla y dice: somos hijos del Corazón de Jesús. Pensé, el mismo San Miguel así lo decía: “Él nos ha engendrado, a Él se lo debemos todo” (SMG).
Tanto ayer como hoy, los betharramitas vivimos de ese “secreto resorte” que es el Amor del Sagrado Corazón. Y lo vivimos como un impulso generoso, nunca comparable a un dolorismo piadoso. El Corazón de Jesús es valiente, “Sale como el Esposo de su alcoba, contento como un héroe a recorrer su camino” (Sal 118). Camino no exento de cruces, tan arduas de llevar como victoriosas. ¡Cuánta Luz para una familia religiosa llamada a servir desde su genuina identidad!

UNA FAMILIA D DISCÍPULOS MISIONEROS
¿Existe hoy la “familia”?. Cuando tratamos de describir hoy cómo es su estilo de vida solemos tener más dudas que certezas…
Ahora bien, los Betharramitas, fuimos llamados a constituir verdaderamente una familia. El P. Mirande scj (Sup. General en los 60) decía proféticamente algo sobre el “auténtico betharramita”, que nos puede iluminar:
“El auténtico Betharramita, quiere a Betharram. Se siente ligado a él con todas las fibras de su ser. Ha hecho suyos los intereses de la Congregación: alegrías, penas, esperanzas de su vida. Hasta tal punto que no puede pensar lo que sería su vida fuera de Betharram. (…)
(…) El auténtico betharramita quiere al Betharram real, es decir, a todos los betharramitas, incluso a tal y tal… ¡Qué poco betharramitas seríamos si nuestro amor por la congregación no consiguiese hacernos superar esos rechazos, esos motivos (aunque sean justos) de resentimientos! Es de los nuestros. Eso basta”.
He aquí el espíritu de Familia, pero de familia que se acepta tal cual es. Sin idealizaciones, ni reproches. Sin utilitarismos de ocasión. Sin discriminación ascendente o descendente. Porque eso nada tiene que ver con el Amor que une a un betharramita con otro. Este sentimiento profundo hace que juntos creamos en que Betharram (los betharramitas, las personas) tenemos futuro. Una familia que mira hacia el futuro: rezaba un lema de hace algunos años.
Sin duda siempre estamos aprendiendo. Por eso somos familia de DISCÍPULOS-MISIONEROS.
Tenemos que hacer nuestro el mensaje que nos traen nuestros pastores que anhelan una Iglesia en estado de Misión.
En el núcleo de nuestro carisma está este texto que muestra la doble dimensión del llamado y la respuesta de todo buen betharramita discípulo-misionero:
“Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo a Dios: “No quisiste sacrificios ni ofrendas por el pecado, pero me diste un cuerpo (en hebreo: “me abriste el oído”). No te agradaron los holocaustos ni las ofrendas por el pecado. Entonces, dije –como está escrito de mí en el libro de la Ley- “Aquí estoy –vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad” (Heb 10, 5-7)
¡Qué importante es saber ponernos a la escucha de los signos de Dios en los tiempos que corren! Como cita el texto hebreo, “abrir el oído” (cf. Sal 40, 6 b). No aferrarnos al pasado, sino lanzarnos decididamente hacia delante.  Hijos dispuestos a “entregar la vida con inmenso Amor, dentro de los límites de nuestros oficios, de nuestra posición” (SMG).
El discípulo se vuelve misionero, porque la experiencia de Dios le quema dentro. Le arde el corazón con el fuego de un Cristo que lo ama, arrancándolo de su rutina, su sensación de fracaso, su sinsentido.
Así descubrimos que no hay que ir muy lejos para misionar. La misión está ahí frente a nuestros ojos. Detengámonos un momento a mirar, a oír, a dialogar: Dice el evangelio que Jesús pasaba y se detuvo, mandó que lo trajeran cerca y al verlo le dijo (al ciego): “¿qué quieres que haga por ti?” (cf. Lc 18, 41).

EN NUEVOS CAMINOS DE COMUNIÓN
Hoy vivimos aceptando y rechazando llamados telefónicos al celular; propuestas, ofertas de todo tipo, ventanas que se abren ante nosotros, sin siquiera haberlo solicitado… Corremos el riesgo de hacer lo mismo con Cristo, con su Buena Nueva. Él dulcemente nos dice: “Vengan a mí …”(cf. Mt 11, 25-ss). ¿Quién podrá sentirse indiferente ante tal propuesta…? El Señor nunca impone. Siempre propone. El dice: “El que quiera seguirme, que me siga…”
Aceptar de corazón a Cristo es el principio de una auténtica Comunión.
No nos sirve crear vínculos “virtuales” entre nosotros; por más eficaces que sean los medios con que hoy contamos. La caridad verdadera exige vínculos reales. Tiempos compartidos. Un sentirnos ‘lanzados con ímpetu y fascinación’ tras las huellas del único Maestro. Un proyecto común.
La “experiencia de Dios” es lo que nos amalgama. Nos fragua. Nos templa.
En una sociedad con vínculos débiles, efímeros, casi descartables, asumamos el desafío de transitar NUEVOS CAMINOS DE COMUNIÓN en Cristo que, ciertamente, nos conducirán al Padre. Esto significa hacia la felicidad-santidad, irrenunciable aspiración para cada hombre o mujer que haya sido alcanzado por el Amor de Cristo.
Entre nosotros, la Regionalización, no es otra cosa sino la consecuencia de habernos sentido interpelados por una misma experiencia del Carisma que San Miguel Garicoïts dejó como herencia. Sobre todo en el “Ut unum sint” (para que sean uno).
Es sólo el comienzo de un camino, que nos conduce hacia “el Camino”.
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”(Jn 14,6)

Gustavo Agin,SCJ


SOLIDARIDAD 2009 Un retrato para un proyecto (1)

 

nef-090404.jpgSe llama Arsène. Tiene 16 años, pero se le dan tres menos. Su familia vive a 35 km., en Boniéré. Como no hay más que una institución para todo el departamento, hace su 5º en el Liceo moderno de Dabakala: 2139 alumnos para 10 profesores con título (contra 40 antes de la crisis del 2003).
Arsène tiene más suerte que sus compañeros que se amontonan en habitaciones de la ciudad. Se aloja en el “campus”, el hogar de estudiantes dirigido por los Betharramitas, detrás de la casa parroquial. Con 1500 CFA por mes  (un euro), 36 jóvenes tienen un techo, una cama, de qué hacer la cocina y el aseo, más una sala de estudios con electricidad – lo cual les evita estudiar en la calle, aprovechando la luz pública.
Cada mañana, Arsène se levanta al alba para buscar agua con la ayuda de una bomba, para lavarse, comer rápidamente el “arroz sobrante” de la víspera, y estar en clase – clases de 70 a 80 alumnos – a las 7h. Al mediodía, vuelve al campus, hace sus deberes, lava su ropa y prepara el fuego para la cena. Tiene también todos los días cursos de recuperación asegurados por los miembros de la comunidad y un parroquiano benévolo.
El miércoles, día de descanso, Arsène rinde servicios, hace las compras, barre la casa parroquial, y se une a sus compañeros para la gran limpieza del patio. Arsène tiene dos grandes placeres en su vida de internado: subirse al coche para acompañar a un Padre a un pueblo y ayudar a misa, el domingo, en la parroquia. Tiene sueños, sueños de adolescente que guarda para sí, y una amplia sonrisa que ofrece a la vida.
Mientras, se podría hacerla un poco más cómoda. El hogar ha sido construido hace 30 años. La refacción de los sanitarios se impone: demolición de la construcción central, ya vieja, que alberga los baños y las duchas (sin agua corriente); reconstrucción lejos de las habitaciones, dejando sólo en el medio del patio un tejadillo para la cocina. En el lugar, los betharramitas no tienen recursos propios: necesitan 5500 euros para llevar a cabo esos trabajos. Arsène y los demás nos necesitan.

Jean-Luc Morin,SCJ

 

POUR VERSER VOS DONS (déductibles des impôts): 
envoyer votre participation à Procure des Missions 64800 Lestelle-Bétharram
CCP 12880 P Toulouse (préciser "projet solidaire")

5 minutos con... el Hermano Angelo Sala

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Angelo Sala conoció nuestra Congregación cuando era cooperante en República Centroafricana. Entró en nuestra familia religiosa y pronunció sus votos perpetuos como religioso-hermano. Actualmente se encuentra en Monteporzio desde donde sigue un curso para formador en la Universidad salesiana de Roma. Tenemos algunas preguntas a plantearle.

Nef - Hermano Angelo, sigues un curso para formadores. Hermano y formador: ¿cómo articular las dos cosas?
- Estoy convencido que ese binomio no puede ser sino positivo para alguien que quiere ser religioso. Los dos roles están unidos, por el hecho que un religioso está siempre en formación. Sería absurdo pensar que la formación se limita a una duración precisa – en este sentido, san Miguel decía que el noviciado dura toda la vida. Ser a la vez formador y religioso significa pues estar siempre dispuesto a responder aquí estoy, sabiendo que cada día tiene su lote de dificultades pero también que se harán las experiencias que enriquecerán nuestra vida de religiosos.
Cumpliré esta tarea con mis compañeros en misión en Centro África. Hace años que siguen a jóvenes deseosos de entrar en Betharram Por otra parte, veremos los frutos de este trabajo con la ordenación de nuestro primer sacerdote centroafricano, el Hno. Narcisse Zaolo.
Mi regreso a África está previsto para octubre. Actualmente sigo un curso para formadores en los salesianos que me gusta mucho, pues me brinda los útiles necesarios para elaborar un proyecto de formación. Hay que decir que la experiencia del terreno es fundamental: ningún curso puede reemplazar el codo a codo cotidiano con los jóvenes.

Tienes una rica experiencia de agente sanitario en Centro África. ¿Qué desafíos tienes que detectar en tu misión, como religioso-hermano?
- La experiencia que he tenido la suerte de hacer en el campo de la salud, se la debo al P. Tiziano Pozi. Desde el momento en que nos encontramos en África, me ha implicado e incitado a comprometerme.
Mi mayor desafío, como religioso misionero, es saber inculturarme en el territorio en que debo cumplir mi misión. La inculturación es el encuentro entre el cristianismo y una cultura humana específica y cambiante; esto supone tener en claro lo que hay que inculturar, tener el sentido critico necesario para discernir valores que merecen ser asumidos e integrados. Otro gran desafío es la capacidad para colaborar con la iglesia local y las demás congregaciones presentes en el territorio, sobre todo en los campos de trabajo exigentes que son la formación y la salud. Finalmente, hay que sensibilizar a los jóvenes en formación para no separar la evangelización y la promoción de las personas, como contribución de la vida religiosa a la historia y a las problemáticas humanas. Evangelizar significa hacer entrar lo espiritual en lo temporal a través del encuentro de Cristo y de su Evangelio.


¿Puedes trazarnos, a grandes rasgos, el proyecto de tratamiento a domicilio de los enfermos del Sida?
- El proyecto de T.A.D. nació en mi segundo año de noviciado en el Hogar para Sedosos de Villa del Pino, Después de pensarlo, el P. Mario y yo, se han pasado cuatro años, el tiempo de terminar yo mi formación religiosa, y también poner a punto un proyecto de ese tipo: no basta la buena voluntad, había que asegurar la colaboración y la experiencia de personas competentes que han consagrado su vida a la lucha contra el Sida y siguen creyendo que un día esta guerra será ganada. Para mí, es importante recordar que hay varias personas que desarrollan este proyecto de T.A.D._ el P. Mario, que trabaja en la organización y en la búsqueda de personas calificadas para formar los agentes en el lugar; el P. Piero que se ocupa de la información y de la logística (expedición de contenedores, etc.); el P. Beniamino que finalmente ha terminado la construcción de locales en Bouar.
El fin del proyecto es llevar asistencia a los sidosos que viven en la ciudad y en la periferia de Bouar. En líneas generales, los medios para conseguirlo son dos: la prevención, dicho de otra manera, contrarrestar la difusión de la infección de HIV en la población a través de campañas personalizadas de educación sanitaria y de consejo; el acompañamiento a domicilio: asegurar el seguimiento de los pacientes infectados por el HIV, en unión con las estructuras sociosanitarias concernidas; establecer una relación de ayuda con las personas infectadas, sus parejas y sus familias; establecer y favorecer con las demás estructuras socio-sanitarias lazos de colaboración, de información y de asistencia; realizar tests de detección del HIV. Y también: la formación del personal local; la educación sanitaria; el consejo antes y después del test; la prevención de la contaminación de la madre al hijo durante el embarazo, el parto, el estado puerperal; la administración de remedios contra la infección; la creación de un laboratorio bioquímico para controlar el tratamiento contra los retrovirus; el control de donantes de sangre; la prevención y el cuidado de las enfermedades ligadas al Sida (infecciones, enfermedades sexualmente transmisibles); el sostén alimentario de los sidosos, etc. La tarea es enorme, y sólo un trabajo en red permitirá alcanzar los objetivos que se ha dado la Congregación y así contribuir al encauzamiento de esta epidemia.

Después del tornado mediático concerniente a las palabras del Papa sobre el preservativo, un cardenal africano se dirigió a la televisión para pedir “a los occidentales para no imponernos su único punto de vista”. A la luz de tu experiencia, ¿qué piensas sobre esta declaración?
-  A mi parecer, el uso del reservativo, tal como se ha presentado hasta ahora, no es la solución para evitar la transmisión del Sida. Ante todo hace falta combatir otra plaga que golpea al África desde siempre: la pobreza. La falta del mínimo vital crea patologías sociales como las múltiples parejas sexuales: en las ciudades, muchas mujeres tratan tener hijos de varios hombres, de manera a recibir más dinero. A falta de otras soluciones para remediar las necesidades de sus familias, y a pesar de la conciencia del riesgo incurrido, otros elijen prostituirse. Muchos chicos y chicas marginados tienen relaciones sexuales anárquicas y por consiguiente con riesgo, del hecho del laxismo, de la falta de seguridad y de la exclusión social propia a su situación.
Sin embargo, África tiene que tomar seriamente en consideración la cultura de la fidelidad conyugal y de la integridad moral. La lucha contra esta epidemia debe inspirarse en una visión constructiva de la dignidad del ser humano, e investir en la juventud ayudándola a desarrollar una madurez afectiva responsable. Creo que la Iglesia puede hacer mucho para sensibilizar a los jóvenes en este sentido. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta los casos en donde el uso del preservativo parece razonable, sobre todo en las parejas en que uno de los cónyuges es seropositivo y el otro no. Se trata aquí, por el uso del preservativo, de preservar la vida de una persona.

¿Qué responderías a un joven que te dijera: “Quiero vivir algo en África”?
- Sólo podría animarlo a hacer esta experiencia: para un joven inmerso en nuestras sociedades de consumo y de relativismo moral, hacer una estadía en África no puede dejarlo indiferente. Pero para que sea positivo, daría dos consejos prácticos: primero, que la experiencia se apoye en una misión que ayude al joven a comprender las tradiciones culturales del ambiente; luego, que tenga algo de preciso a hacer. Ir a África, incluso para un corto período, permite tocar con el dedo la miseria y el sufrimiento de la gente, incluso sentir su impotencia, pero también compartir momentos de alegría, sobre todo con los niños. Otro punto positivo, es vivir con la comunidad, pasar el tiempo al lado de los misioneros, para llevar con ellos las fatigas y las satisfacciones de cada día.

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1929-2009

BETHARRAM EN COSTA DE MARFIL

Nuestra Congregación hizo sus primeros pasos en Costa de Marfil hará pronto 50 años. El relato de esta aventura nos acompaña a lo largo de todo este año jubilar. Se lo debemos al P. Laurent Bacho, consejero general y formador cerca de Abidjan.

4. EL CAMBIO

Octubre de 1966, es el principio de otra experiencia, la responsabilidad del seminario menor “San Juan”, creado cinco años antes por Mons. Durrheimer que ha convencido al superior provincial, el P. Amédée Brunot: “¡Qué hay de más importante y hermoso que formar sacerdotes! (…) Esto responde perfectamente, me parece, al ideal de S. Miguel Garicoïts. Sin sombra de duda confío a sus Padres nuestras vocaciones sacerdotales, es decir lo que tengo más a pecho y más precioso en mi diócesis.”
Las primeras semanas no son fáciles, pues el superior de la comunidad, el P. Gabriel Verley es retenido por los médicos en Francia hasta Navidad. Lo suple el P. Jean Suberbielle, bien respaldado por los Padres Monnot, Minaberry y Ségur, sin olvidar un laico misionero, John Houpert, y una joven pareja, Marie y Pierre Fouillassar; una mujer en un seminario menor, es un signo de apertura, en la línea del Vaticano II, concluido unos meses antes. Al servicio de 85 seminaristas menores, sus esfuerzos son recompensados por los excelentes resultados de los jóvenes en los exámenes y sus resultados deportivos. Hay que decir que el P. Ségur se preocupa de promocionar el básket; el seminario se hace con un terreno con las normas olímpicas; en cuanto al P. Verley, ¡cura los heridos!
En octubre de 1967, la comunidad se refuerza con la llegada de un joven, el Hno. Jean Claude Vignau, hasta entonces en el colegio de Betharram; gracias a él, varias obras son concluidas, el comedor y una cisterna. El período seco se extiende desde Todos los Santos hasta la fiesta de San José; de ahí la importancia de recoger la mayor cantidad de agua (no existe perforación del suelo). En espera del sacerdote africano prometido por el obispo, la comunidad pide a sacerdotes diocesanos predicar retiros y jornadas: en este 2º año escolar, será Don Bernard Agré, hoy cardenal, arzobispo emérito de Abidján, luego le tocará a Don Noël Tekry, futuro obispo de Gagnoa.
Como en Ferké, los religiosos se preocupan por construir una vida fraterna y de oración; los seminaristas están contentos viendo a los religiosos rezar el oficio y recitar el rosario caminando por la galería de su casa. La comunidad es particularmente acogedora para los misioneros que hacen un alto en el camino después de andar horas y horas bajo el sol y en el polvo de los caminos. Los laicos misioneros que residen en el seminario están invitados a integrar la vida comunitaria; con John, hay otro cooperante, Pierre Clivet. Los religiosos se ocupan también de la catequesis del CEG y del colegio Moderno; ayudan en las celebraciones eucarísticas en los pueblos; y son también capellanes diocesanos de varios movimientos de jóvenes. El sábado, es tarde recreativa en el seminario: una película prestada por el centro cultural francés de Bouaké y llevada por el ecónomo, el P. Minaberry, agrupa a cientos de jóvenes del barrio y de la parroquia; el P. Suberbielle hace una presentación con mucha pedagogía. ¡Los medios de comunicación se hacen ya entonces presentes!

Laurent Bacho,SCJ

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