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14/01/2013

Noticias en Familia - 14 de enero de 2013

 


Sumario

 

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La palabra del Padre general

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LA FORMACIÓN BETHARRAMITA

Este capítulo VII de la RdV. ha sido totalmente reelaborado. Desde 1969 se ha trabajado mucho para mejorar la formación en la Congregación. Tenemos una Ratio Formationis, un servicio de formación betharramita, desde 2005 el P. Laurent Bacho es el consejero general para la formación. Tenemos solamente tres noviciados, en Belo Horizonte un solo teologado para los tres vicariatos de Latinoamérica. Se está cuidando la formación de los formadores, se ha institucionalizado la Sesión para los jóvenes religiosos que van a hacer los votos perpetuos.  En 2007 se hizo en Adiapodoumé un encuentro de formadores de toda la Congregación…

Entendemos la formación betharramita como un proceso de conversión, «un itinerario de progresiva asimilación de los sentimientos del Hijo para con el Padre… para llegar… a la conformación con el Señor Jesús y con su total oblación» (VC. 65).  Este proceso dura toda la vida. Cada etapa de este proceso tiene su importancia y sus insistencias propias, pero hay que tener siempre presente el itinerario completo. La formación permanente es tan importante como la inicial. La formación permanente tiene que ser pensada y ejecutada con anterioridad a la inicial. Tiene que haber total coherencia entre la formación permanente y la formación inicial. A veces da la impresión de que las exigencias de la formación inicial son meros requisitos sólo para los que todavía no han llegado. Hasta tal punto que, el joven que está en formación inicial los cumple para llegar y el que ya llegó puede hacer ya lo que quiere.
El joven en formación se pone en situación de vivir ese itinerario. Cuando comienza en serio en su interioridad, su corazón, la búsqueda de Dios, que percibe que lo llama y a quien quiere responder, lo primero que descubre es que su deseo de responder al llamado de Dios se encuentra confundido con otras necesidades que lo llevan a cerrarse sobre sí mismo. Los padres del desierto las llamaban demonios. Estas necesidades lo orientan en dirección contraria al llamado de Dios, que lo abre a autotranscenderse en el amor.
 Se trata de un desafío para que el joven formando afronte con autenticidad el conocimiento de sí mismo, de su mundo interior, de sus ángeles y sus demonios, de sus cualidades y de sus defectos, de sus potencialidades y de sus heridas, etc… Este conocimiento de su mundo interior, de su corazón, le ayuda a hacer la verdad sobre sí mismo. Pero tiene que dar un paso más: aceptarse a si mismo con sus talentos y sus falencias, con sus luces y sus sombras para empezar a trabajarse con una dinámica ascética que le permita superarse a sí mismo,  cultivando lo que le hace crecer en el don de sí y rechazando lo que lo cierra sobre sí mismo como diría San Ignacio.
En medio de este trabajo de purificación de su corazón, de verdad sobre sí mismo, de sus potencialidades y de sus heridas, de sus dones y pecados, el joven hace la experiencia del conocimiento y del  encuentro con el Dios de Jesucristo que lo ama tal cual es, lo perdona, lo cura, confía en él, fortalece su fe, sé de quien me he fiado…(2Tim. 1, 12), y lo llama a colaborar con Él, descubriendo así la verdadera motivación de su vocación: “me amó y se entregó por mí” (Gal. 2, 20). Así el joven llega a hacer más auténtica su experiencia de fe. Si antes lo buscaba afuera, ahora lo ha encontrado adentro. Lo cual dará un nuevo fundamento y una nueva orientación a todo en su vida. Se trata de la experiencia de fe, que es un elemento clave en la formación y que tiene que tener para nosotros como modelo la experiencia carismática de San Miguel Garicoits.
Todo esto el joven no puede hacerlo solo, necesita del acompañamiento de maestros experimentados: Maestros de postulantes, de novicios y de escolásticos tienen una misión muy delicada: el acompañamiento de las personas en ese proceso de hacer la verdad sobre sí mismo y su relación con el Corazón de Jesús, el Verbo encarnado. Los formadores y las formadoras deben ser, por tanto, personas expertas en los caminos que llevan a Dios, para poder ser así capaces de acompañar a otros en este recorrido. Atentos a la acción de la gracia, deben indicar aquellos obstáculos que a veces no resultan con tanta evidencia, pero, sobre todo, mostrarán la belleza del seguimiento del Señor y el valor del carisma en que éste se concretiza. A las luces de la sabiduría espiritual añadirán también aquellas que provienen de los instrumentos humanos que pueden servir de ayuda, tanto en el discernimiento vocacional, como en la formación del hombre nuevo auténticamente libre. El principal instrumento de formación es el coloquio personal, que ha de tenerse con regularidad y cierta frecuencia, y que constituye una práctica de comprobada e insustituible eficacia (V.C. 66).
Otro recurso muy eficaz para acompañar en este proceso espiritual interior son los ejercicios espirituales (EE) ignacianos, que han tenido su lugar en la tradición de la formación betharramita y se están redescubriendo, aplicando y valorando mucho hoy. Los jóvenes que los han hecho con provecho, los valoran mucho y los consideran como un medio eficaz para el trabajo pastoral en el futuro. Los EE ayudan a conocerse interiormente, a conocer interiormente a Jesucristo para más amarlo y mejor seguirlo y a conocer interiormente los dones de Dios. Con los diferentes métodos de oración de los EE, el joven aprende a rezar y a hacer la “Lectio divina”, centrando su vida en la Palabra de Dios. Los EE enseñan a practicar también el discernimiento espiritual. Ayudan también a organizar la vida espiritual en el realismo de la encarnación y abierta a una misión que prioriza la opción por los pobres.
El Est. 3 relaciona la Regla de Vida con la Ratio formationis. En ésta podemos encontrar las seis dimensiones de la formación todas muy importantes a considerar, referidas siempre al eje humano-espiritual que acabo de describir: humana, espiritual, comunitaria, intelectual, misionera, cultural-social. A veces se pierde el tiempo añadiendo años a la formación, buscando los mejores centros de estudios eclesiásticos o pidiendo a los jóvenes experiencias genuinas; todo esto vale poco si el Maestro no acompaña de cerca al joven formando en el trabajo de interiorización al que me he referido anteriormente para que consiga purificar y clarificar las auténticas motivaciones de su vocación. La Ratio formationis describe muy bien la formación betharramita como una experiencia de fe, cuyo modelo es San Miguel Garicoits. Expone también con claridad los elementos de la pedagogía betharramita así como los objetivos y medios de cada etapa del proceso. Contiene también la Ratio formationis los anexos que son una ayuda preciosa para los formadores.

Gaspar Fernández Pérez, SCJ

 


 

smichel.jpgSan Miguel Garicoïts escribe... 

San Pablo. ¿Cuándo se cumplió el misterio de la encarnación en la Virgen María? Fue sólo después que reconoció que era superior a sus fuerzas: Ecce ancilla Domini, fiat secundum verbum tuum. ¿Cuándo fue que San Pablo llegó a ser tan grande y poderoso, capaz de cosas tan grandes? Cuando reconoció, confesó y amó sus debilidades (2 Cor 12,10) que prometen la ayuda divina… que predisponen a pedirlo y a aprovecharlo, por medio de las cuales estableció la Iglesia, derrotó la sabiduría humana y adquirió todo conocimiento bajo la obediencia de Jesucristo. ¿Por qué S. Pablo se considera fuerte en la debilidad? R. Conoce al Dios anonadado por amor a los hombres, a la Iglesia, obra de su debilidad; ve en eso, con admiración, su vocación, se ve elegido para ser cooperador de la gracia de Jesucristo para establecer la Iglesia que los gentiles, de los cuales es el apóstol, tienen que formar. ¿Cómo va a responder a su vocación? R. Considerándose un instrumento débil e inútil que sólo tiene fuerza por la mano que lo usa, y consagrando al Salvador una debilidad sumisa para ser el digno ministro de ese Dios que se volvió enfermo para nuestra salvación. (M 399)

 



HACIA EL 150°ANIVERSARIO

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Tercera etapa de un recorrido de reflexión personal y comunitaria propuesta por los PP. Gaston Hialé y Philippe Hourcade, scj.

TERZERA FICHA

A la escucha del misterio de Jesús, cargando la cruz

Primer momento del encuentro: la oración comunitaria

  • Oración comunitaria del salmo 41
  • La sed y el hambre de Cristo: “Santificado sea tu nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” … “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”
  • Momento de silencio (10 minutos)
  • Momento de oración compartida


Compartir sobre un texto del Carisma
  
 Se trata del texto tomado de la Doctrina Espiritual, p. 175.
Nos pareció que era suficiente una pista sola:
¡Realizarse, buscar los primeros lugares! ¿Qué sentido tiene hoy?

Relectura de nuestra vida religiosa, a la luz del Manifiesto
  
 Tomamos el 3º y 4º párrafo del Manifiesto
“emprendió su carrera con ese gran acto que no contradijo nunca. Desde ese momento permaneció siempre en estado de víctima, , anonadado delante de Dios, sin hacer nada por sí mismo, actuando siempre por el Espíritu de Dios, constantemente abandonado a las órdenes de Dios para sufrir y hacer todo lo que quisiera: Exinanivit semetipsum, factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis.
Es así que Dios nos ha amado; es así que Jesucristo, nuestro Señor y Creador se volvió un atractivo inefable para el corazón, un modelo perfecto y un auxilio poderoso. Sin embargo, los hombres son de hielo para Dios. E inclusive entre los mismos sacerdotes son tan pocos los que dicen, a ejemplo del divino Maestro : “¡Aquí estamos! Ita Pater!”.
    Más allá de palabras propias de la época, San Miguel nos invita, como lo había hecho Pablo, a hacer de nuestra vida una ofrenda espiritual (Rom 12,1): El Espíritu de Cristo hace que nos quedemos delante de nuestro Padre. Para vivir de esa forma, en fraternidad y en este mundo, ¿cuál es, para nosotros, el sentido del combate espiritual? ¿Cómo continuarlo o renovarlo en nuestra vida religiosa? El grano de trigo ya cayó en la tierra, ya dio vida. Como María a los pies de la Cruz, ¿cómo el fracaso pone a prueba de nuestra fidelidad?

Oración comunitaria con el Vía Crucis de Betharram
  
 Dentro de poco, este “alto lugar” de nuestra familia religiosa celebrará los 400 años del milagro que está al origen de su construcción (1616); uno de nuestros hermanos, el P. Gaston Hialé lo comentó con sencillez y profundidad y puede ayudarnos.


Decisiones del Superior General y Consejo

  • El 6 dicembre 2012 han sido admitidos en la profesión perpetua los Hnos Martin de Tour Thinakorn y Peter Nonthaphat Mayoe del Vicariato de Tailandia;
  • El 21 de diciembre han sido admitidos para el ministerio del diaconato los Hnos Marius Angui Huberson y Eliseo Sika Mambo del Vicariato de Costa de Marfil;
  • El 21 de diciembre ha sido aprobado el nombramiento de P. Francisco de Paula como superior de la comunidad de Passa Quatro (Vicariato de Brasil).

IN MEMORIAM

  • El viernes 21 de diciembre falleció en la ciudad de Três Pontas en Minas Gerais, Brasil, el Sr. José do Nascimento Pereira, hermano del Pe. Sebastiao do Nascimento. Nos unimos de corazón a nuestro querido padre y rezamos por el eterno descanso de su hermano.
  • El 26 de diciembre, tras una larga enfermedad, regresó a la casa del Padre el Sr. Eduardo Trivelli, hermano de nuestro H. Fiorenzo Trivelli, scj (Italia). Acompañamos al H. Fiorenzo y su familia con nuestras oraciones por el eterno descanso de su hermano.

 

ESPIRTUALIDAD 

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LAS VIRTUDES DEL SAGRADO CORAZÓN

El último 24 de noviembre, los Laicos Betharramitas de Adiapodoumé (Costa de Marfil) se encontraban con la comunidad de los Padres para profundizar en la espiritualidad de San Miguel garicoïts. El Padre Laurent Bacho scj les propuso una enseñanza sobre las virtudes del Sagrado Corazón, una enseñanza que les proponemos a todos, religiosos y laicos de Bétharram, a partir de este mes de enero.
como los magos, nos postramos ante la cuna del Niño que acaba de abrir sus ojos sobre este mundo y meditamos juntos sobre esta virtud que ya se insinúa en su cara: la mansuedumbre...

Nuestro Fundador, San Miguel Garicoits, se convenció muy pronto que el nombre del Sagrado Corazón sería el sello particular de la Sociedad que el Señor le pedía fundar. Se consideraba un instrumento de Dios y proclamaba que el Sagrado Corazón era el autor primero del Instituto: “Dios mío, no mires mis pecados sino la Sociedad que tu Sagrado Corazón ha concebido y formado…”. Esta es la oración que pedía a sus hermanos que hicieran en un momento de crisis vivido por la Sociedad; tensiones debidas a que varios compañeros parecían adoptar el punto de vista del Obispo que quería reducir Betharram a una sociedad de sacerdotes diocesanos; San Miguel deja en las manos de Dios la solución de ese conflicto.
Cuando San Miguel explica el fundamento de la denominación “Sagrado Corazón”, explica los límites y sus consecuencias: “¿Por qué nuestra Sociedad lleva el nombre del Sagrado Corazón de Jesús? Porque hace profesión de imitar la vida de Nuestro Señor de una manera toda particular; porque forma a sus miembros para que vivan en espíritu de humildad y de caridad entre ellos, a ejemplo de los discípulos de Nuestro Señor, y para que se conformen con ese divino Salvador principalmente en su obediencia al Padre y en el celo para la salvación de las almas. Ese nombre recuerda tan bien los sentimientos de caridad, de humildad, de mansedumbre, de obediencia, de entrega, encerrados en ese primer acto del Sagrado Corazón de Jesús: “Aquí estoy”. (DS 275).
Su hijo espiritual, el P. Augusto Etchécopar, particularmente devoto del Sagrado Corazón, se sintió obligado agregar a las constituciones, cuando las presentó en Roma, lo que sigue: “Todos los miembros de la Congregación mirarán a ese divino Corazón como a su modelo particular, su tesoro y su herencia propia, el sello que tienen que imprimir a su vida entera”. Esas cuatro propiedades siguen caracterizando, en nuestra Regla de Vida, a aquel que sigue siendo nuestra primera devoción, el Sagrado Corazón de Jesús (nº 92). Al manifestar su intención de tomar como fundamento las virtudes del Corazón de Jesús, ustedes expresan el deseo de “beber de la misma fuente”, “en la misma familia betharramita”, “enriqueciéndonos mutuamente” y “viviendo mejor el dinamismo del carisma”.

MANSO y HUMILDE de CORAZÓN
Las declaraciones personales de Jesús sobre su persona son raras en el Evangelio, por eso son mucho más preciosas. Jesús dirige una invitación particular a todos los que están cansados y agobiados; no viene a liberar de toda obligación moral; sus exigencias son tan serias y hasta más radicales que las de la ley de Moisés, pero el Maestro que las propone es “manso y humilde” (Mt 11,29).  Todo el Evangelio nos muestra que él es el servidor “humilde”  del Padre y el hermano “manso” de la humanidad. Ya en el AT, la mansedumbre era anunciada como un calificativo particular del Mesías: “Ves que tu Rey viene a ti; él es justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén” (Za 9,9).
La mansedumbre tiene un buen lugar en las Bienaventuranzas, el 2º lugar: “Felices los mansos, ellos recibirán la tierra en herencia” (Mt 5,4). El humilde es fácilmente asociado al pobre de corazón en relación a Dios; la segunda bienaventuranza se refiere a las relaciones horizontales. Esta distinción la hace San francisco de Sales, apóstol de la mansedumbre evangélica: “Tener el corazón manso en la relación con el prójimo y humilde en la relación con Dios”. Estas recomendaciones, San Miguel las tiene bien asumidas; descubrimos en muchos pasajes la influencia de San Francisco de Sales en su doctrina espiritual: “¿Cuál es, entonces, el espíritu propio de nuestra Sociedad? Es el espíritu de profunda humildad hacia Dios, de una gran mansedumbre hacia el prójimo y de una completa entrega al uno y al otro. El espíritu de nuestro estado es el espíritu del Corazón de Jesús, que esas palabras, Ecce venio, revelan tan bien” (MS 352).
La mansedumbre no es una cualidad natural en San Miguel; no tenía nada de tierno en su infancia y en su juventud; era un muchacho turbulento, hasta violento. Ese carácter rudo, gracias a los consejos de su madre, pudo dominarlo: “Sin mi madre, siento que hubiera sido un delincuente. Si soy lo que soy, después de Dios, es a mi madre que se lo debo”. Fue necesaria una verdadera conversión para canalizar esa energía desbordante en él. ¿Qué fue lo que favoreció ese cambio en él? La adopción de una espiritualidad impregnada de la contemplación de Jesús en Belén y en Nazaret, que era lo opuesto de la insistencia del jansenismo en un Dios considerado juez poderoso y dueño alejado. “¡Qué fuerza y qué ternura en las enseñanzas del pesebre… Qué atractivos infinitos para conquistar a los más grandes pecadores!” (DS 109). Al referirse al pesebre y a la Eucaristía, el Fundador está invadido por el mismo éxtasis frente a la mansedumbre de Dios: “Más nuestro Dios se hace pequeño, más su atractivo es poderoso” (DS 262). “Esta condescendencia aparece sobre todo en el misterio del pesebre. Dios aparece como una madre que se rebaja al nivel de su hijo” (DS 221). Y nos comparte esa contemplación del Dios amor utilizando esa expresión que nos gusta tanto: “Un Dios derretido en caridad” (DS 110).
Nos maravillamos por encontrar páginas extraordinarias para la época, sobre la ternura: “¿Qué nos predica Nuestro Señor? LA ternura en todo; en la Encarnación, en la santa Infancia, en la Pasión, en el Sagrado Corazón, en toda su persona interior y exterior, en sus palabras, sus miradas… ¿Qué debe constituir el principal carácter de nuestra vida espiritual? La ternura cristiana. Sin esa ternura, no vamos a poseer nunca ese espíritu de generosidad con el que tenemos que servir a Dios. Ella es necesaria, también, a nuestra vida interior y a nuestras relaciones con Dios  tanto como a nuestra vida exterior y a nuestras relaciones con los hombres” (MS 200).
La ternura es el atributo propio de Dios ya en el AT (Is 49,15; Jr 31,20). Aun frente a la infidelidad de su pueblo, Dios se presenta como un tierno esposo, agraviado por su esposa, cierto, pero que trata, no obstante, de ganar el corazón de su esposa infiel con la ternura de su amor (OS 2,15). En el Evangelio, Jesús se presenta como el rostro de ternura del Padre lleno de cariño por todos los que son pobres y heridos (Lc 7,13; 19,41; Jn 11,35; Mc 8,2).

 

VIVIR hoy la MANSEDUMBRE
Si Dios es ternura y misericordia para con nosotros, tenemos también que ser buenos y comprensivos frente a nuestras fragilidades, en vez de huir o de odiar nuestra miseria. Eso no es sinónimo de laxismo o de ilusión por falta de lucidez, pero hay una culpabilidad malsana donde hasta la misericordia de Dios no tiene espacio. Escuchemos ese mensaje de San francisco de Sales: “Como los reproches de un padre, hechos con ternura y de corazón tienen más efecto sobre un hijo para corregirlo que la cólera; así, aunque nuestro corazón haya cometido una falta, si lo reprendemos con reproches suaves y tranquilos, más con compasión por él que con pasión contra él, el animarlo a enmendarse, el arrepentimiento que él sentirá entrará más profundamente y penetrará mejor que un arrepentimiento lleno de ira”.
Tenemos un gran deseo, queremos avanzar en el camino de la perfección; eso no se hace inmediata y bruscamente; avancemos paciente, suave y regularmente: “En el Bautismo nos hemos revestidos de Cristo, sin embargo, en la tienda del Evangelio no hay vestidos hechos en serie. Tenemos que confeccionar con Cristo el traje que él nos ofrece… Hay que confeccionar nuestra perfección parte por parte, porque no la encontramos ya hecha” (Francisco de Sales). San Miguel no dice otra cosa, cuando nos pide que hagamos bien las cosas ordinarias: “Hagan bien sus acciones ordinarias, barrer, lavar los platos, las acciones más humildes que les fueron confiadas; Eso es lo que Dios les pide y cuyo cumplimiento tiene que santificarlos” (MS 278; DS 98).
Vivir la mansedumbre con los demás en este mundo duro en el que encontramos tantos conflictos, rivalidades, envidias. La mansedumbre exige que sepamos rever nuestros juicios, a menudo categóricos, sin matices, para adoptar la benevolencia para conocer mejor y apreciar, sin confiar demasiado en nuestra subjetividad o en lo que dicen a nuestro alrededor. La mansedumbre, no impide hacer reproches que nos parecen necesarios, cuando vemos que es para el bien. Invita, sugerir, proponer, convencer mostrando lo positivo de una opción que hay que tomar, eso es practicar la mansedumbre, siendo pacientes: “Lo que queremos, es que se tenga, para con todos, un respeto cordial y una cordialidad respetuosa” (DS 166). La delicadeza, la discreción, la sonrisa, son todas cualidades que hacen posible ejercer esa mansedumbre para con nuestro prójimo.

? ”Benevolencia, comprensión, dulzura y ternura“ son aspiraciones que tenemos en nuestro interior pero cuya puesta en práctica es difícil.
  • ¿ Qué es lo que, en nosotros, provoca estas dificul-tades?
  • ¿ Qué es lo que, alrededor de nosotros, nos frena en la puesta en ejecución de estas cualidades?
  • ¿ A principios de este año, lleno de dones, qué propósitos para vivir en familia, con los vecinos y en el mundo profesional?
 
Laurent Bacho, SCJ
 
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5 minutos con...

... la comunidad de Roma

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De izquierda a derecha: p. Angelo Riva, p. Simone Panzeri, p. Cuong Le Van, Giuseppe Epifani e p. Mario Giussani

El santuario de N.S. de los Milagros, ubicado en el corazón de Roma, es una iglesia por la cual pasa mucha gente, contando siempre con la presencia de uno de los religiosos. Todos pueden aprovechar para una pausa de oración o de silencio, en el frenético bullicio cotidiano.
Desde setiembre de 2011, por decisión del Capítulo Regional de la Región San Miguel Garicoits, la residencia de los “Milagros” se constituyó como “comunidad de formación”. En ella se integran jóvenes en su formación inicial (filosofía y teología). Pero no sólo: la comunidad ofrece a los jóvenes que lo desean, la oportunidad de ser recibidos por un periodo de discernimiento vocacional, con un acompañamiento específico. Le pusimos a la comundiad algunas preguntas...

Nef: La presencia de los betharramitas en esta iglesia es una presencia histórica. ¿Cómo se articula la actividad de la comunidad, hoy?
- Esta iglesia fue confiada a los betharramitas en 1915. Desde entonces la atendieron ininterrumpidamente como rectoría o santuario, dirigiéndola y adaptándola a las exigencias de cada momento: durante la segunda guerra mundial, fue también sede del noviciado; aquí fueron acogidos sacerdotes que vinieron a Roma para estudiar; Más adelante hospedó el Consejo General (1969-1975). Hoy, esta iglesia, en continuidad con su tradición, se presenta como un santuario en el que los religiosos que allí residen, desenvuelven un ministerio de atención a las necesidades de las personas que vienen buscando confesores, o ser escuchados y, cada vez más, una ayuda económica, porque la crisis le hace la vida difícil a muchas familias. Muchos vienen del extranjero.

¿Hay grupos “estables” que frecuentan la iglesia? ¿Pueden presentarlos? ¿Cuándo se encuentran? 
-La Iglesia, que está en el centro de Roma, recibe a dos grupos estables: el primero, un grupo carismático integrado por muchas personas jóvenes, eligió Santa María de los Milagros como lugar de encuentro para sus momentos de oración, los martes a las 21 hs, y para las misas de intercesión para los enfermos, los primeros sábados de cada mes a las 19 hs.; el segundo grupo es la Asociación de las Familias Separadas Cristianas (FSC), y sus simpatizantes que vienen regularmente cada tercer sábado de mes para la celebración de la Eucaristía, siempre a las 19 hs.; la particularidad de la misa del tercer sábado de mes consiste en el hecho en el hecho de que la animación está confiada a la misma Asociación. Hay que agregar, además, que los dos grupos frecuentan la iglesia y la comunidad también en los momentos de catequesis.

Hace casi dos años que el Capítulko Regional decidió que fuera una Comunidad de formación. Actualmente ¿hay jóvenes en formación?
- La comunidad está integrada por tres sacerdotes betharramitas, el p. Angelo Riva, el p. Mario Giussani y el p. Simone Panzeri, a los cuales se agregan otros dos huéspedes: un joven sacerdote vietnamita, el p. Le Van Cuong (Francesco Saverio), de la Congregación del Sagrado Corazón de derecho diocesano, que está en Roma para estudiar Derecho Canónico en la Universidad de la Santa Cruz; Giuseppe Epifani, joven de las Puglias en discernimiento vocacional que está concluyendo sus estudios de teología en la Academia Alfonsiana.

Aunque la responsabilidad de la formación está confiada a un religioso en particular (el P. Simone Panzeri), toda la comunidad tiene un papel muy importante en la formación. ¿Qué significa para los religiosos de la comunidad estar encargados de una responsabilidad tan delicada?
- Los religiosos de la comunidad son conscientes de la responsabilidad que ese papel implica para la casa. Por eso somos conscientes de que lo primero en la animación vocacional es nuestro testimoniode vida y el encuentro personal que “interpela a las personas que encontramos en el santuario.

¿De qué manera los jóvenes participan de la vida de la comunidad y, particularmente de la animación en el Santuario?
- Los jóvenes huéspedes de nuestra comunidad participan activamente con los sacerdotes de la vida que se vive aquí, colaborando para que la casa sea siempre acogedora; ayudan mucho especialmente para la animación litúrgica cuando la comunidad está presente en la iglesia para los momentos de oración comunitaria y para los servicios que se les piden.

Animación del Santuario y formación: ¿es un equilibrio difícil para mantener? ¿Cuáles son los momentos que la comunidad se dio para ser un “lugar de formación”?
- Hasta hace dos años, la comunidad que recibía a los formandos italianos estaba integrada a la realidad parroquial de Bitonto. La constitución de la comunidad de formación aquí en Roma permitió separar la formación de una comunidad con un fuerte compromiso específico. El santuario, de hecho, permite mayor agilidad en “administrar” los espacios y los compromisos apostólicos de la comunidad y de los formandos. El P. Simone, encargado de la formación, aunque, por este año está terminando la licenciatura en espiritualidad en la Pontificia Universidad Gregoriana, permanece más “libre” para dedicarse a las personas que vienen a la comunidad para una búsqueda vocacional o para su formació a la vida religiosa. Además permite ese clima de “tranquilidad” que favorece los tiempos de reflexión, estudio y oración y también la libertad de poder desarrollar una actividad pastoral o participando de la animación de los grupos presentes en el santuario o en las parroquias vecinas. De hecho, tenemos consciencia de que la vida religiosa, antes que un “hacer” es un “ser” hombres y cristianos al estilo que nos ha dejado San Miguel. La comunidad adoptó espacios y tiempos que favorecen su carácter formador: tres momentos de oración comunitaria, por día, la reunión comunitaria semanal, un encuentro de formación de los cuales participan todos los formandos y los padres todos los jueves de tarde, la adoración eucarística semanal y la celebración eucarística comunitaria, todos los viernes, el espacio de compartir después de la cena, el retiro mensual en la residencia de “via Cassia” de las Hijas de la Cruz, una semana de ejercicios espirituales vespertinos propuestos a todos. 

La animación vocacional, tema en el que insistió mucho el último Capítulo General, ciertamente es una cuestión importante para una casa de formación. ¿Qué propuestas están haciendo en este sentido?
- Tratamos, antes que nada, de proponer nuestra espiritualidad a los jóvenes que encontramos en nuestra realidad y de ser una “lugar” en el que aquel que manifiesta un deseo de búsqueda de su vocación pueda entrar para un período de discernimiento (ya cinco personas, en distintos momentos y de diferentes maneras, pasaron por nuestra comunidad). Este año la cominudad fue punto de encuentro de las reuniones de los BetharrAmigos que son acompañados por todos los padres, aunque el P. Simone es el animador espiritual. Además, recibimos también un campo-escuela vocacional en colaboración con las Hijas de la Cruz, para adolescentes. La presencia del P. Le Van Cuong, por último, nos despierta para que estemos atentos a la nueva realidad de Betharram en Vietnam.

 

 

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1. LA PRIMERA REGLA 

 

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 P. Duvignau 1895-1995

El 22 de febrero de 2012, la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica, ha firmado el decreto de reconocimiento de nuestra nueva Regla de Vida. Fue fruto de una larga historia y marcó un renacimiento, un nuevo punto de partida de los religiosos de Betharram. A lo largo de los 177 años que nos separan de la fundación de la primera comunidad, la Regla de Vida conoció varias reelaboraciones, se enriqueció con nuevos vocablos, fue completada con capítulos inéditos para ser mejor entendida por los religiosos betharramitas de cada época. Sin embargo, no podía traicionar su fuente: el carisma de San Miguel Garicoits. ¿Cómo, entonces, pudo evolucionar aun permaneciendo fiel a la institución del fundador? Junto con el P. Duvignau (1895-1995) vamos a redescubrir las Reglas que se dieron sucesivamente los Padres y Hermanos de Betharram, para realizar su vocación.


Después del Concilio Vaticano II, el Capítulo General de 1969 elaboró una nueva Regla de Vida. En esta ocasión, el P. Duvignau propuso una pequeña historia de las Constituciones de Betharram. Volvamos, con él al origen...

“En 1835 el P. Garicoits y sus compañeros se constituyen en comunidad. Eran seis, y uno de ellos, el P. Fondeville, nos ha dejado este relato de la ceremonia, simple como un “fioretto”: “En el mes de octubre de este año 1835, el personal de Betharram, compuesto por los padres Garicoits, Guimon, Perguilhem, Chirou, Larrouy y Fondeville, quisieron darse una Regla para santificarse con más edificación. Se adoptó el Reglamento de la casa de los Misioneros de Hasparrén, y sin otro preámbulo de noviciado que su buena voluntad de dar gloria a Dios, salvar sus almas y santificar a las muchedumbres, los miembros eligieron unánimemente al P. Garicoits como superior, le prometieron obediencia, pobreza, renovaron su voto de castidad y vaciaron entre sus manos sus pequeñas bolsas”.
La primera regla de Betharram fue entonces la de los Misioneros de Hasparren, quizás porque tres de ellos, los padres Guimón, Perguilhem y Fondeville, habían pertenecido a esta sociedad que fue disuelta en 1830”.

Pero ¿quiénes eran los Misioneros de Hasparren? 
Al comienzo del XIXº siglo, el anticlericalismo promovido en Francia por las élites revolucionarias de 1789, seguía muy presente. En toda Europa la Iglesia se veía politicamente debilitada y su poder espiritual era muy contestado. Es en este difícil conexto que la Iglesia de Francia lanza un amplio programa de misiones internas con el objetivo de restaurar su vida espiritual, sucitar nuevas vocaciones, reavivar la fe y la práctica religiosa.
En el País Vasco, Mons. d’Astros decidió en 1821 la creación de un “cuerpo de misioneros bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús”. Instalados definitivamente en Hasparren en 1826, los misioneros fueron a los pueblos más alejados para animar retiros religiosos y catequesis y acompañando al clero secular, en ocasión de las fiestas litúrgicas.
Su Regla estaba compuesta de 48 artículos divididos en tres capítulos: Constituciones de la Sociedad; Sobre el espíritu en el cual se deben hacer y observar los votos; Sobre algunos medios particulares para avanzar en la virtud.
En el artículo primero, la joven comunidad betharramita entera se definía así: ”Los misioneros establecidos en la diócesis de Bayona bajo el título de adoradores y contemplativos del Sagrado Corazón de Jesús, tienen como fin el de trabajar a su propia perfección y a la renovación de la fe y de la piedad entre los pueblos”.
En el primer capítulo, casi la mitad de los artículos estaban dedicados al voto de pobreza y sus implicaciones: “El voto de pobreza que hacen los Misioneros los obliga a no usar de nada como si le perteneciera personalmente...” (art. 10).
Pero es con la lectura de los artículos 30 y 31 que nos podemos conmovernos imaginando el eco que pudieron tener en el espíritu del Reverendo P. Miguel Garicoits, primer superior de la primera comunidad betharramita.
“El voto de obediencia es el más perfecto; con este voto sacrificamos a Dios nuestra voluntad, que es lo que tenemos de más íntimo y querido en el mundo. La obediencia encierra todas las otras virtudes y va directa a la perfección; porque la perfección no es otra cosa que la perfecta conformidad de nuestra voluntad a la de Dios”.
Finalmente, tal vez signo de los tiempos, la Regla de Hasparren reafirmaba discreta, pero decididamente, el valor de la humildad con una “Oración antes de subir al púlpito”:


Dios mío, sólo soy un niño que balbucea tu Santo Nombre. Soy menos capaz que otro de anunciar tu palabra; pero es con los instrumentos más débiles que tú haces grandes cosas. A ti, Señor, la gloria, a mí la confusión.

Bendice este discurso, Dios mío, no para que yo consiga alabanzas de los hombres, sino para que los pecadores vuelvan a ti. Te prometo, con tu santa gracia, no enorgullecerme por eso, no atribuirme el éxito de ninguna manera, sino reconocer que sólo tu gracia, y no mis palabras, actuaron en los corazones.
    Así sea.

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Nef es el boletín oficial de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram.
La redacción es responsabilidad del Consejo General.

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