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23/09/2008

Historia de Bétharram

En la tierra de Nuestra Señora

Roberto Cornara

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El santuario mariano de Betharram

En el suroeste de Francia, al pie de los Pirineos, surge el santuario mariano de Betharram, lugar que se convirtió en el siglo pasado en el inicio de la Congregación fundada por san Miguel Garicoïts. La región es particularmente querida por la Virgen, si es verdad que a unos quince kilómetros de Lestelle, pueblo en donde se encuentra el santuario, surge Lourdes, hoy el más importante centro mariano mundial. Esto es suficiente para explicar la particular devoción que san Miguel tenía respecto a la Madre del Señor.

Según algunos autores, los orígenes del santuario de Betharram se remontan al   s. XI, cuando bajo el impulso de san Bernardo, surgieron por toda Europa cetros de devoción y de fe mariana. Los cruzados, que regresaron de la guerra contra los moros en España, se arrodillaban a los pies de la Virgen para agradecerle los éxitos tenidos y para homenajearla por el rico botín de guerra. Betharram se convirtió además en una de las etapas principales de las peregrinaciones que, desde Francia y Europa, iban al santuario de Santiago de Compostela en España. El nombre aparece en su forma de “Gatarram” por primera vez en 1493.
En torno a este lugar, la tradición popular testimonia la presencia de tres milagros distintos atribuidos a la Virgen María.

Un día, unos pastores que llevaban a pastar sus ovejas en las orillas del Gave, fueron atraídos por una luz que provenía de algunas rocas de la ribera del río. Llegados al lugar, se encontraron delante de una imagen de la Virgen María. Avisados los habitantes de Lestelle del descubrimiento, se decidió construir una pequeña capilla como recuerdo. Como pareció que el lugar del descubrimiento no era muy adaptado para construir, los pastores construyeron la capilla sobre la otra orilla del Gave. Pero no lo consiguieron. Cada vez que trataban de trasladar la estatua de la Virgen ésta, milagrosamente, volvía a la otra ribera del Gave. Entonces, los pastores comprendieron que María quería una capilla en el lugar exacto en donde se encontró la estatua. Así fue, según la tradición, como surgió la primera edificación mariana de Betharram.

El segundo milagro se remonta a 1616. Algunos lugareños del pueblo de Montaut (cerca de Lestelle), estaban descansando después de una larga jornada de trabajo en los campos, cuando improvistamente se produjo un viento impetuoso que invistió con violencia sobre la colina que está encima de Betharram, en cuya cima habían levantado los habitantes del lugar una gran cruz de madera. La violencia del viento era tal que la cruz fue abatida súbitamente. Pero los lugareños no tuvieron ni siquiera tiempo de acordarse de lo que estaba sucediendo, pues poco tiempo después de ser derribada al suelo, vieron la cruz enderezarse sola, rodeada por una aureola de luz. Difundida la noticia, en los días siguientes hubo una gran muchedumbre de cristianos que vinieron en procesión al santuario de Betharram para agradecer a Dios los milagros cumplidos en su favor.

Finalmente, el tercer milagro, que tiene su importancia porque ha dado nombre a Betharram. Una niña, atraída por una flor particularmente hermosa aparecida en la ribera del río Gave, para recogerla se inclinó y cayó en las aguas caudalosas. Estaba por ser sepultada cuando, desesperadamente, invocó a la Virgen que se veneraba en el santuario y, de inmediato, vio ante sí un ramo que era tendido para agarrarse a él. Así lo hizo y se salvó. Por eso, quiso ofrecer en donación a la Virgen como signo de gratitud un hermoso ramo de oro y desde entonces fue venerada como la “Virgen de Betharram”. En efecto, “Betharram”, significa, en el dialecto local, “Bello Ramo”.

Estos “milagros”, más allá de su autenticidad histórica, atestiguan verdaderamente una verdad de fondo: Betharram era un lugar considerado tradicionalmente sagrado, que ha visto aumentar la y la devoción mariana. Siempre eran muy numerosos los peregrinos que venían a Betharram para rezar e invocar la protección de la Virgen María. Fue idea de un sacerdote arquitecto, don Hubert Charpentier (1565-1650), crear una hospedería para peregrinos y una casa para los capellanes que prestaban su servicio en el santuario y desempeñaban obras misioneras en toda la región. La primitiva capilla fue de esta manera se agrandó, surgió un verdadero santuario y el monasterio, que alojaba a la Congregación de los Capellanes de Betharram; además, Charpentier tuvo la idea de realizar un Vía crucis monumental a lo largo de los flancos de la colina pegada al Santuario.

El conjunto de estas obras hizo del santuario de Betharram uno de los más visitados en toda Francia, tanto que los s. XVII-XVIII representan la época de oro de Betharram. San Vicente de Paúl, en 1659, llegaba a decir que Betharram si no era el segundo, ciertamente era el tercer santuario más frecuentado de todo el reino de Francia. Pero la ola de peregrinaciones sufrió un brusco descenso hacia fines del s. XVIII. En efecto, la Revolución francesa se desencadenará como una tempestad destruyendo las obras de bien y confiscando los bienes, escogiendo la Congregación de los capellanes. Sólo el santuario, gracias al buen sentido de algunos revolucionarios del pueblo, fue preservado de la destrucción.

Pasada la tormenta revolucionaria, el complejo de Betharram retoma poco a poco vida. En 1813, Mons. Loción, Obispo de Bayona, adquiere el santuario, el ex monasterio de los Capellanes y lo que queda del Vía crucis del Calvario, y transfiere el Seminario mayor de la diócesis. Y es aquí, en noviembre de 1825 que llega Don Miguel Garicoïts, fundador de la Congregación de los Padres del S. Corazón de Jesús; gracias a su acción y asu inmensa devoción a María, reemprenderán impulso y vigor las peregrinaciones al Santuario de Betharram. En 1840, un joven artista, Alexandre Renoir, inicia la restauración del Vía crucis; cuando, por motivos de salud, tiene que dejar Betharram en 1845, había completado siete estaciones, además de dotar al santuario con una estatua de mármol de la Virgen de Bello Ramo. El P. Garicoïts dio incluso inicio a los trabajos de restauración del Santuario, a los que contribuyó Napoleón III, que visitó el santuario en 1859 y donó el órgano. La restauración completa del Vía crucis terminó en 1873, y fue solemnemente bendecido el 14 de septiembre, en presencia de 25.000 peregrinos.

Hay que esperar a 1996 para que se realice una restauración de gran alcance. La última parte de los trabajo se terminó en 2005, restituyéndose todo su esplendor a este patrimonio arquitectónico y espiritual excepcional.

Roberto Cornara, archivista

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